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viernes, 12 de enero de 2013cermi.es semanal Nº 62

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"3,8 millones de personas con discapacidad,
más de 8.000 asociaciones luchando por sus derechos"

Activistas

“El estigma de la enfermedad mental está en el ambiente por desinformación”

Basilio García, representante del Comité de Usuarios de FEAFES

09/01/2013

Mario García

Es un nítido exponente de los vaivenes de la vida. Basilio García disfrutó de una infancia feliz, se sumió en una espiral de desencanto al dejar su Ceuta natal que le originó su diagnóstico de esquizofrenia por caminar sin vocación definida, volvió a casa con frustración y resurgió hasta sentirse ahora, a sus 42 años, plenamente realizado repartiendo gran parte de su tiempo en el tenis de mesa, su trabajo, la Asociación Ceutí de Familiares de Personas con Enfermedad Mental (ACEFEP) y la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES).

Basilio García, durante la lectura del Manifiesto del Día de la Salud Mental de 2012García vivió sus primeros años con absoluta normalidad, sacando buenas notas en clase y destacando en su gran pasión, el deporte, concretamente el fútbol y el tenis de mesa. Patear el balón era su ilusión entonces, aunque las palas, sin saberlo entonces, le marcarían su vida al aficionarse en la sala recreativa de su barrio de Ceuta.

Sin embargo, no alcanzó la nota necesaria para estudiar Educación Física y se decantó por el Periodismo, con lo que emigró para estudiar esta carrera en la Universidad Complutense de Madrid, sin una inclinación clara.
 
“No cumplí con los estudios y al cabo de cinco años, la película que se puede llamar ‘Periodista en Madrid’ la di por fracasada y me volví a Ceuta en busca de mi futuro. La sensación de haber fallado a los míos desencadenó un episodio que terminó con el diagnóstico de esquizofrenia”, comenta.
 
García dejó inconclusa la carrera universitaria, con 10 asignaturas por aprobar. “Como consideré que era el origen de mi inestabilidad, me volví a Ceuta a buscar nuevos horizontes. La falta de visión de futuro, el ver que no encontraba mi camino, me sumió en una espiral de sufrimiento y de mentiras, por lo que decidí dar por terminada traumáticamente mi aventura de cinco años en Madrid”, explica.
 
Corría el año 1994 y Basilio García empezó de cero con una nueva cualidad en su tarjeta de identidad, la de tener una enfermedad mental, que, como bien apunta, “si bien no es el final de todo, condiciona tu camino”.
 
“Cuando volví a Ceuta, pensé que con cualquier cosilla que me saliera, estupendo. Pero transcurrieron unos cuantos años de mi vida donde no encuentro mi camino. Con el diagnóstico y la medicación, incluirse en la sociedad se puso un poco complicado, sobre todo en el ámbito laboral”, señala.
 

Tenis de mesa

 
Basilio GarcíaSin embargo, después de cuatro o cinco años de vacío, decidió ocupar su tiempo en algo que le entusiasmara y es cuando retomó su afición por el deporte. Entonces, en 1999 comenzó a colaborar con la Federación de Tenis de Mesa de Ceuta con la única recompensa de ganar en autoestima. “Quería tener una actividad día a día, ocupar mi tiempo con algo que si no está remunerado, por lo menos que fuera productivo”, apostilla.
 
El tenis de mesa se fue apoderando de tal manera que ahora no podría vivir sin él. Después de aparecer en escena, el presidente de la federación confió en él para ayudar en los entrenamientos, acudir a colegios y aprender la técnica oficial con un maestro chino durante cuatro años. En dos años aprobó un curso de entrenador, la parte teórica en Ceuta y el examen práctico en Ciudad Real, y empezó a impartir clases a niños, con algunas gratificaciones económicas. “Me puse muy contento porque soy poco menos que educador de niños y me vino fenomenal para mi autoestima. Ahora tengo tres salas en tres colegios y en la ciudad soy conocido como el monitor de tenis de mesa”, subraya.
 
Además, se vistió de corto para jugar en su club ceutí y competir en la Segunda División española, si bien actualmente es palista suplente con el equipo en la máxima categoría nacional.
 

Trabajo y movimiento asociativo

 
Otro pilar de su vida lo ocupa el trabajo, ya que desde hace tres años es auxiliar administrativo en el Gobierno de Ceuta, lo que le mantiene atareado durante las mañanas. Después, se marcha a su casa e imparte clases de tenis de mesa por las tardes.
 
Pero hay más. Aficionado a la escritura, hizo acto de presencia en ACEFEP en 2007, donde le propusieron organizar un taller de narrativa, a lo que accedió “encantado”. “Ahí empecé con el movimiento asociativo de las personas con discapacidad. Empecé a tomar conciencia de la enfermedad mental dentro de la sociedad y de que hay un movimiento que trabaja por la gente y que tiene una proyección social”, agrega.
 
Basilio García y algunos de los niños a los que enseña tenis de mesaAhora es el secretario de ACEFEP, asociación con la que colabora con el taller de narrativa, una revista trimestral y un espacio radiofónico en Onda Cero. Y como la vida se asemeja a un tobogán y soñaba con ser periodista, escribe una columna semanal en El Faro de Ceuta.
 
La guinda de su pastel vital está en FEAFES, confederación de la cual es representante de su Comité de Usuarios, a sugerencia de la presidenta de ACEFEP, María del Carmen Barranco, también miembro de la Junta Directiva de la confederación nacional.
 
“La presidenta supo que FEAFES quería crear un Comité de Usuarios para que sean las propias personas con enfermedad mental las que tengan voz propia, no solamente los familiares, que tradicionalmente han llevado la lucha por nuestros derechos. Entonces, me dijo que iba a surgir este comité en Madrid y si quería presentarme, y yo encantado”, afirma.
 
En su calidad de representante del Comité de Usuarios de FEAFES, Basilio García leyó el pasado 8 de octubre el Manifiesto del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora cada 10 de octubre en más de 100 países. Ese acto dio paso a una serie de conferencias organizadas por FEAFES y en las que se abordó la situación de este colectivo en la actualidad.
 

“Plus de energía”

 
Conquistada la normalidad en su vida, García reconoce que cuenta con “un plus de energía”. “Veo a compañeros de camino que todavía están en vías de alcanzar esa normalización que he alcanzado yo. Me gustaría que la gente que esté en mi situación tenga la misma oportunidad que he tenido yo, por supuesto”, comenta.
 
Respecto de la situación cotidiana de la enfermedad mental, Basilio García hace la siguiente reflexión: “Hay mucho margen de mejora, sobre todo en la sensibilización social. El principal condicionante de la enfermedad mental es el estigma, que está en el ambiente por desinformación. Ese prejuicio negativo está en el ambiente y, aunque en el desarrollo de la sensibilización se va avanzando mucho, hacen falta más recursos para que se acabe con este estigma, que es lo que dificulta nuestra integración en la sociedad”.
 
Basilio García, en una reunión en ACEFEPSin embargo, reconoce que la crisis económica repercute directamente en este avance. “La palabra maldita es recurso porque las políticas están creadas, pero es complicado desarrollarlas si no las dotas de recursos. Aunque se puede cambiar el modelo sin necesidad de grandes cambios económicos. Nosotros apostamos por un modelo comunitario con el que la sociedad se acerque al enfermo mental y haya así una continuidad y un seguimiento individualizado de cada persona, que evitaría el gran coste que supone tener a una persona ingresada”, propone.
 
A este respecto, precisa que, “actualmente, acudes a tu unidad de salud mental, el médico te atiende, te da la medicación y se interesa todo lo que puede por ti, pero hay mucha gente que no está atendida a un nivel integral y me gustaría que las personas tuvieran más posibilidades de integrarse en la sociedad”.
 
Este modelo comunitario, añade, se basaría en los centros de día, donde las personas con enfermedad mental tengan una formación, desarrollen habilidades sociales, reciban tratamientos de psicoterapia y sean atendidos de forma más personalizada.
 
“La palabra clave es normalización. Tenemos que ser personas normales, en el sentido de tener una autonomía que haga posible nuestro crecimiento personal, una sociedad que se preocupe por potenciar las habilidades de los que tienen más dificultades y una proyección más positiva de la enfermedad mental porque somos, ante todo, personas con muchas ganas de participar y superarnos. El camino está abierto. Existe una Convención de la ONU para fomentar nuestros derechos. Lo único que pedimos es incrementar los recursos para que tengamos oportunidades”, concluye.
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