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viernes, 29 de mayo de 2020cermi.es semanal Nº 393

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"3,8 millones de personas con discapacidad,
más de 8.000 asociaciones luchando por sus derechos"

Reportaje

Doble confinamiento, la pandemia en el medio rural

29/05/2020

Rafael Olea

Aunque el Covid-19 ha tenido menor incidencia en las áreas rurales con respecto a las ciudades, las personas con discapacidad o situación de dependencia que viven en el campo se han visto abocadas a un doble confinamiento: por el Estado de Alarma y por el aislamiento inherente a la falta de servicios y prestaciones inherente en gran parte al medio rural. En este contexto, la solidaridad se ha convertido en la herramienta primordial para ayudar a las personas que lo precisaban en la España Vaciada.

Una asistente y una mujer en silla de ruedas observan el campo.Cada día, el padre de Ana se levanta en un lugar de La Mancha de cuyo nombre sí es fácil acordarse: Madrigueras. En este tranquilo pueblo de la infinita llanura albaceteña, como en tantos de la ahora denominada España Vaciada, la vida, alejada del estrés y el bullicio de la ciudad, adquiere ventajas, gracias sobre todo a la tranquilidad y el bienestar que permite el aislamiento, pero también desventajas, a consecuencia precisa y paradójicamente de ese mismo aislamiento. 
 
Todas estas ventajas y desventajas se multiplicaron exponencialmente con la irrupción del Covid-19. El aislamiento favoreció mejores tasas de infección, mucho más bajas que en las grandes ciudades, pero también conllevó mayores problemas a las personas y familias en contacto con el coronavirus. Esta situación motivó que los más vulnerables (mayores, personas con discapacidad…) vivieran un doble confinamiento: al aislamiento causado por la pandemia y el Estado de Alarma, se sumó la falta de servicios y prestaciones inherentes al medio rural. 
 
“El medio rural y los pueblos han respondido mejor al contagio”, explica el presidente del Grupo de Trabajo de Desarrollo Rural Inclusivo del CERMI Estatal y gerente de Asprodes, Juan Antonio Recio. “El motivo”, añade, “es porque las áreas rurales tienen una población pequeña en la cual las distancias se mantienen por la propia configuración de los pueblos”.
 
Recio no solo precisa que “el contagio en los pueblos fue mucho menor”, sino que también señala como fuentes de contagio y transmisión a algunos hospitales y centros de salud de áreas rurales, puesto que algunos de sus trabajadores, a veces carentes de suficientes equipos de protección individual (EPI), se contagiaron, lo cual contribuyó a la transmisión de la enfermedad.
Vista de Pastrana. Foto R. Olea.
Ya sea por esta u otras causas, cuando el Covid-19 o el temor a su contagio llegó no solo a Madrigueras, sino a todos los rincones de la España rural, se produjo un fuerte impacto debido al doble confinamiento antes mencionado. 
 
La vida de Ana García, la joven manchega antes mencionada, cambió cuando su padre empezó a sentir una especie de catarro o gripe. Ante su empeoramiento, tuvo que abandonar su pueblo y desplazarse a la ciudad. Fue derivado al hospital de Albacete, donde fue ingresado. La joven dejó su trabajo e ingresó con él. Puso en riesgo su vida, y cree que se contagió y pasó la enfermedad, pero estuvo ayudándole y cuidándole, tanto a él como a sus compañeros de habitación, salvo cuando estuvo en la UCI. “Los sanitarios tenían los equipos justos, y solo entraban a la habitación para lo necesario”, recuerda.
 
En esa habitación también estaba ingresado el marido de Maite Muro. Una zamorana de Villabrázaro cuyo cónyuge trabaja desplazándose por los pueblos de Albacete. Con patología respiratoria previa, el Covid-19 le afectó con dureza. “El aislamiento ha sido horrible. Apenas teníamos noticias de cómo estaba, porque el personal sanitario, que se desvivía, apenas tenía tiempo para avisarnos; y no podíamos desplazarnos al hospital a verlo”, añade.
 
Con un sarcástico malestar, esta zamorana critica “el sinsentido de que en las primeas fases del Estado de Alarma no dejaran cambiar de municipio, pese a que en muchos pueblos no haya servicios básicos o tiendas de alimentación. Incluso, no permitían o te ponían problemas si ibas a atender tu propio huerto; pero, en cambio, sí estaba permitido ir al estanco a comprar tabaco, un vicio”.Atardecer en tierras de secano. Foto Marta Romero.
 

Solidaridad

 
“Durante la pandemia, en las zonas rurales el apoyo a domicilio y la asistencia personal se han desasistido, aunque no al 100%, por motivos diversos, como que la gente que presta estos servicios estuviera de baja, por miedo al contagio o, incluso, por problemas de transporte”, añade el presidente del Grupo de Trabajo de Desarrollo Rural Inclusivo del CERMI Estatal y gerente de Asprodes.
 
Ante este doble aislamiento, Recio señala “la importancia de una de las características de los pueblos, como son las buenas relaciones entre vecinos, las cuales ha provocado solidaridad y que la gente ayudara a quienes lo precisaran en sus poblaciones”.
 
En esta apreciación coincide el secretario de Organización de COCEMFE y presidente de la Federación Empresarial Española de Asociaciones de Centros Especiales de Empleo (FEACEM), Daniel Aníbal García. “Efectivamente, el ámbito rural ha dependido mucho de redes vecinales para combatir el aislamiento y la pandemia”.
 
Aparte de la ayuda y solidaridad vecinal, las organizaciones de la discapacidad, numerosas administraciones y organismos públicos también se han volcado solidariamente para tratar de paliar ese doble confinamiento de las personas con discapacidad en las áreas rurales.
 
Por ejemplo, Correos desplegó la campaña «Ayudar en todo lo que podamos» #ParaEsoEstamos, gracias a la cual muchas personas, aparte del correo, recibieron productos básicos gracias a esta iniciativa de esta compañía pública que afirma haberse “puesto al servicio de la sociedad para hacer llegar todo lo necesario a ciudadanos, colectivos vulnerables y todos aquellos profesionales que están realizando labores esenciales”.
Un cartero entrega material a una persona en un pueblo.
Durante la pandemia, Correos ha apoyado iniciativas solidarias por toda España, con la participación de más de 2.300 voluntarios en colaboración con empresas, ONG y administraciones para contribuir a frenar la pandemia del Covid-19. En total, se han gestionado más de 450 iniciativas en las que se han realizado más de 530.000 entregas que han llegado a cerca de 225.000 personas. 
 
Pero no solo la compra y medicinas, Correos también ha llevado tablets y material escolar a alumnos con discapacidad, así como equipos de protección a sanitarios y personas con discapacidad. Para hacerlo posible, la empresa pública cerró acuerdos con algunas asociaciones de mayores o de la discapacidad.
 
"Lo cierto es que no solo han sido los carteros, puesto que las fuerzas del orden público, como las policías municipales y, especialmente, la Guardia Civil, han tenido un comportamiento muy destacado durante la pandemia, ayudando incondicionalmente a las personas dependientes que viven en los pueblos, cuidándolos y llevándolos medicinas si era preciso", precisa Muro.
 

Respuesta de la discapacidad

 
Las organizaciones de la discapacidad también han reaccionado ante este doble aislamiento. Una iniciativa pionera fue la desarrollada en Castilla-La Mancha, gracias al acuerdo entre el CERMI autonómico y la Consejería de Desarrollo Sostenible, que hizo posible que los agentes de Medioambiente contribuyeran a llevar productos básicos, como alimentos y medicinas, a las personas en mayor situación de vulnerabilidad de zonas rurales. 
 
“La situación era que muchas personas no les estaban llegando suministros, porque no en todas las poblaciones hay tiendas, por la desaparición de la venta ambulante o porque directamente no les llevan productos a sus domicilios en pequeñas poblaciones”, afirma la presidenta del CERMI CLM, Cristina Gómez Palomo.
 
Daníen Aníbal García lamenta la existencia de "un confinamiento estructural de las personas con discapacidad, especialmente en las áreas rurales”. “En COCEMFE", añade, "hicimos un estudio que demostraba que el 4% -del total de las personas con discapacidad- nunca salen de sus domicilios. Muchas necesitan ayuda para salir de casa, y al no haberla tenido durante la pandemia, no han tenido posibilidad de salir de sus casas. Además, hay que tener en cuenta que algunas de ellas, como puede ser el caso de algunos grupos de riesgo, como personas inmunodeprimidas, probablemente mantengan por precaución el aislamiento durante un mayor tiempo”.
 

Crear empleos en áreas rurales

 
Para combatir esta situación de doble confinamiento en el futuro, el secretario de Organización de COCEMFE y presidente de FEACEM destaca la necesidad de “mejorar los servicios y ayudar a fijar la población en las áreas rurales, a través de ofrecer servicios y crear empleos. Si no lo hacemos, muchas personas con discapacidad pueden verse obligadas a irse a la ciudad”. 
 
En este sentido, Daniel Aníbal subraya la importancia de los Centros Especiales de Empleo de Iniciativa Social (CEEIS), que brindan oportunidades laborales a personas con discapacidad. “Tenemos entidades muy relevantes en el ámbito rural. Es importante destacar que nos ubicamos en áreas donde otras empresas no se establecen. El motivo es que somos empresas de Economía Social en las que priman las personas, no nos basamos en la rentabilidad económica, sino en la social, y contribuimos a fijar población en el territorio”.
Casa de labranza en ruinas. Foto Marta Romero.
 
El presidente del Grupo de Trabajo de Desarrollo Rural Inclusivo del CERMI Estatal y gerente de Asprodes precisa que “en un futuro, sería importante fomentar el apoyo a domicilio y que puedan formarse profesionales que, a través de las asociaciones, encuentren un empleo y la oportunidad de ayudar a personas mayores y con discapacidad en el área rural, lo cual también contribuiría a evitar el despoblamiento en las áreas rurales".

Desatención durante la pandemia

 
Recio también destaca que “en las zonas rurales, con motivo de la pandemia, se ha producido desateción en el apoyo a domicilio y la asistencia personal, aunque no al 100%, por motivos como que la gente que presta estos servicios se pusiera de baja, por miedo al contagio o por problemas de transporte. Lo cierto es que no se ha podido prestar la asistencia personal y los recursos para personas mayores o con discapacidad se han mostrado insuficientes”.
 
Los problemas se han trasladado también al teletrabajo y la teleformación que implementaron, con motivo del Covid-19, las asociaciones, empresas y entidades educativas, puesto que no han podido implantarse siempre con éxito. Recio denuncia que “el medio rural tiene un problema de conexión. Hay zonas donde no hay Internet o es muy complicado conectarse. No es que no tengan equipos las personas, sino que directamente no tienen o apenas tienen conexión. Esto plantea una situación de discriminación de primer orden en el medio rural”. 
Puesta de Sol en tierras de secano. Foto Marta Romero.
 
Por ello, Recio plantea que en la desescalada hay que considerar la falta de teleasistencia, que no pueden recibir algunas personas en áreas rurales, como una forma de discriminación. Como solución, plantea repensar por qué no hay cobertura al 100% de la población de nuestro país, otorgar un papel más adecuado al apoyo a domicilio (ya instaurado pero volcado a limitaciones de hora); y potenciar la asistencia personal. Estas medidas, aparte de mejorar las condiciones de vida de las personas mayores o con discapacidad en áreas rurales, también contribuirían a generar oportunidades laborales y contribuirían a fijar tejido económico, social y población en las áreas rurales. 
 
“Muy posiblemente, si hubiera funcionado correctamente la teleasistencia y la asistencia personal, tanto para personas con discapacidad como mayores, se habrían evitado la existencia de esas personas que se han encontrado muertas solas en sus domicilios. Esto no puede volver a suceder, y por ello es necesario reclamar a la Administración que la teleasistencia llegue a todo el territorio y a todas las personas que la precisen”, denuncia el geriatra y presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma), Juan Manuel Martínez.  
 

Futuro sin superhéroes

 
Con el objetivo de combatir este doble aislamiento, el presidente del Grupo de Trabajo de Desarrollo Rural Inclusivo del CERMI Estatal y gerente de Asprodes considera necesario solucionar la falta de “recursos humanos, profesionales, cada vez menos numerosos en los pueblos, y dignificar el trabajo en el ámbito rural, especialmente ahora que se incrementa el paro, con lo cual surge una nueva y buena ocasión para generar oportunidades laborales en el ámbito rural”.
Una familia con una persona en silla de ruedas, dan un paseo por el campo.
Por su parte, el secretario de Organización de Cocemfe y presidente de FEACEM advierte que “no podemos hacer un modelo a base de superhéroes, sino de personas normales. En el ámbito rural hay gente que ha hecho un gran esfuerzo durante la pandemia, y debemos aprender”.
 
Maite, la zamorana de Villafrázaro antes mencionada, se muestra de acuerdo en estas apreciaciones y precisa que “tenemos que aprender de la situación de doble confinamiento que se ha vivido, y todavía se vive, en las áreas rurales; y tomar conciencia de que es posible un futuro en los pueblos donde haya oportunidades para todos, sin aislamiento y sin discriminación. Solo hay que tomar medidas y desearlo, puesto que cada vez más gente quiere dejar la ciudad y disfrutar de las ventajas de la vida en los pueblos, lejos de la contaminación, los atascos, el megaestrés y la masificación".
 
Finalmente, tras la angustia del Covid-19, la historia de Maite y Ana tuvo final feliz y pueden pasear por sus pueblos junto a sus seres queridos, después de que estos consiguieran salir por su propio pie de aquella habitación de hospital. 
 
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