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CERMI.ES semanal el periódico de la discapacidad.

viernes, 03 de octubre de 2014cermi.es semanal Nº 138

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"3,8 millones de personas con discapacidad,
más de 8.000 asociaciones luchando por sus derechos"

Activistas

Ignacio Rodríguez, secretario general de Cogami

"No me imagino otro trabajo mejor"

01/10/2014

Blanca Abella

Cuando Ignacio quiso comprarse un coche descubrió su discapacidad. La polio se presentó muy pronto, siendo bebé, pero no pudo parar su carrera, de niño corría y jugaba como cualquier otro. Ignacio Rodríguez llegó al mundo de la discapacidad siendo adulto, sin embargo su ilusión primera era casi la de un niño, "recuperé la inocencia", afirma. No entiende otro trabajo en su vida, le apasiona este mundo, tanto sus grandezas como sus debilidades, y por ellas lucha cada día en su tierra gallega, en Madrid y donde haga falta, de la mano de Cogami.

Ignacio Rodríguez, secretario general de Cogami"Tengo la sensación de haber tenido una infancia completamente normal", asegura Ignacio con un leve gesto de esfuerzo, como si intentara traer a la memoria aquellos años y los problemas que pudo acarrearle una discapacidad que no le pareció tal en mucho tiempo. Relata en breves frases que tuvo polio a los siete meses y pasó muchos años de operación en operación. Entre los siete años y los 23 se sucedieron unas 15 operaciones, al mismo tiempo que pasaba por una infancia y una adolescencia como la de cualquier otro. 
 
Así lo cuenta este gallego, ya de adulto, y apunta que que en alguna ocasión, tras la operación, tuvo que reposar en cama tres largos meses, pero no lo recuerda como una tortura ni como algo que le hiciera diferente. Esa es la clave, él se veía como cualquier niño, juagaba y saltaba como los demás, también corría, mas lento, pero corría. Y explica: "no tuve la sensación de tener grandes dificultades, algunas veces cojeaba algo más o algo menos, pero como otros niños que están más o menos gorditos y al tener los amigos y la familia desde pequeño, el mismo entorno, a nadie le sorprendía mi situación... y si alguien me molestaba pues peleábamos y punto". "Estudié como todos y luego hice mi carrera", asegura con naturalidad. 
 
Estudió la carrera de Derecho en Santiago de Compostela, y entonces salió de su pueblo por primera vez, pero arropado de nuevo por un numeroso grupo de amigos que hacía un recorrido similar. Su vida seguía siendo como la de cualquier otro. Tras finalizar sus estudios intentó opositar sin éxito (no se convocaron las oposiciones) y con algo de impaciencia buscó otra salida. Junto con una compañera montaron un despacho de abogados, pero la experiencia no le satisfizo en absoluto y decidió emprender otro camino, esta vez el acertado.
 

Del coche a la discapacidad

 
Los recursos humanos son la elección de Ignacio, esta vez en el País Vasco, donde permanece en torno a cuatro años y medio como asesor de dos empresas del metal. Es en esa época cuando decide comprarse su primer coche, el que le llevaría de alguna manera hasta el mundo de la discapacidad. "De una manera muy elegante el vendedor me dijo que podía tener un descuento en la compra del coche por tener discapacidad. Yo no tenía ni idea y fui a informarme y entonces conseguí el certificado de discapacidad".
 
Pasado un tiempo quiso volver a su tierra y fue entonces cuando entró contacto con Cogami, era el año 2001. Buscaban un asesor laboral para unos meses y preferían que tuviera discapacidad. Ignacio llegó con la idea de pasar tres meses y cerrar esa etapa, pues no parecía que fuera necesario más tiempo. Sin embargo, algunas circunstancias favorecieron que se ampliara el plazo, entre otras un profundo enfado y malestar al conocer un caso concreto de una usuaria de la entidad. "Creo que me ficharon en Cogami porque me encontraron un día cabreadísimo". Ante la injusticia de esa caso, se revolvió: "la situación de la familia era muy difícil, me parecía que eso era imposible, a alguien se le tuvo que ir la olla y lo estaban interpretando mal, pero me dijeron que era así, y me revolví, me sentó muy mal. Ahí vi que había muchas cosas que hacer".
 
"Fui haciendo cada vez más cosas con Cogami y recuperé un poco la inocencia", asegura. "La gente que estaba conociendo trabajaban sin interés personal y el mundo de la discapacidad me atrajo mucho". La razón es sencilla, o lo parece: "Me gusta mucho la gente y la solución de problemas individuales. Cuando una persona necesitaba un apoyo y consigues solucionarlo, tienes una sensación muy buena".
 

Un mundo distinto y a la vez igual

 
En pocos meses saltó de ser asesor laboral de Cogami a trabajar directamente con el presidente y de ahí, a la secretaría general de la entidad, hasta la fecha. Y también en poco tiempo empezó a viajar a Madrid y concoer otras entidades y responsables y activistas de las mismas. "En seguida me di cuenta de que era un mundo enorme y al principio, cuando empecé a trabajar pensaba que no había grandes avances, sin embargo había legislación, jurisprudencia, y de todo... También conocí la gran red de entidades que agrupa al mundo de la discapacidad".
 
"Y de nuevo empecé a perder la inocencia", asegura, esta vez con resignación. "Descubrí que era como todos los ámbitos, como cualquier otro ámbito. Aun así apreciaba el compromiso de la gente y conocí a muchas personas que me han gustado mucho, ya sea por su carácter o por su formación o su trabajo".
 
Y aún así trabajaba sin parar, y lo sigue haciendo. Y también mantiene la ilusión, aunque pierda la inocencia: "No me imagino otro trabajo mejor que el que tengo. Hay problemas, disgustos, frustraciones... pero en estos 12 años de Cogami me gusta tanto lo que hago, ¡estoy encantado!", sonríe ampliamente.
 
Está tan implicado que le preocupa profundamente cualquier problema que conoce, ya sea de un particular, o usuario, o de una entidad, incluso del colectivo de la discapacidad: "Somos tantos y tan distintos, que es muy complicado hacer las cosas juntos, pero me ilusiona a pesar de todo, aunque vamos a tener que cambiar la visión sobre la forma de actuar. Creo que se está produciendo una profesionalización del sector necesaria y a gran velocidad y hay que compaginarlo con la importancia de las bases de estas organizaciones, la fuerza de los padres y madres que las crearon. Al final nos hemos convertido en grandes prestadores de servicios para personas con discapacidad y tenemos una responsabilidad muy grande porque podemos ser reivindicativos, pero al mismo tiempo tenemos que mantener una relación equilibrada con los poderes públicos".
 
Y en el trabajo diario en su tierra,  Galicia, y en Madrid o otras comunidades, Ignacio sigue descubriendo este nuevo mundo, que se parece mucho al resto de los mundos. "Lo que percibo es que por mucho que pensemos que somos un colectivo conocido, la realidad es que no somos tan conocidos. Me hace gracia porque a veces tenemos una visión demasiado centrada en nosotros mismo y muchas veces en conversaciones con otros sectores no se creen las horas de trabajo y esfuerzo del personal de las entidades de la discapacidad por los salarios que reciben, se piensan que hay algo más detrás. Hay cierto poso de desconfianza, por eso cuando surge algún escándalo relacionado con una entidad, eso hace mucho daño, por aquello que se dice “si el golfo es un cura, es peor”, en este caso se dice, "han robado a los pobre minusválidos" por eso tenemos que tener un código ético que abarque el salario, las competencias, la imagen que das, el compromiso individual y el colectivo, y creo que no podemos tener una posición política, aunque la tengamos".
 
Los trabajos de Ignacio le llevan a estas reflexiones y a muchas otras, sobre las entidades, los usuarios, los responsables de las mismas, los poderes públicos... se muestra apasionado, una veces sorprendido por su ingenuidad y a menudo feliz por su ilusión. La crisis tampoco le hace flojear, en todo caso le motiva para seguir luchando, y asegura con seriedad y preocupación: "hay una tendencia a volver a la caridad que no me gusta nada, no me gustan los comedores sociales. Prefiero un cheque. Y eso se puede trasladar a otras áreas". 
 
Y esa es otra lucha en la que debe pensar. Y trabajar.
 
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