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CERMI.ES semanal el periódico de la discapacidad.

viernes, 14 de septiembre de 2018cermi.es semanal Nº 314

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"3,8 millones de personas con discapacidad,
más de 8.000 asociaciones luchando por sus derechos"

Activistas

Felipe Orviz, abogado

La batalla por la vida plena sin heroísmos

14/09/2018

Blanca Abella

Felipe Orviz relata una vida feliz, con buenas y malas experiencias, como todos, pero asegura que le queda mucho por hacer, tiene grandes planes y una necesidad imperiosa de lograr la igualdad de oportunidades y acabar, sobre todo, con la discriminación y la ofensa que soportan las personas como él, con acondroplasia u otras displasias óseas. La accesibilidad es una de sus batallas, aunque al mismo tiempo rechaza las guerras, no quiere que la discapacidad se asocie con le heroicidad, quiere vidas normales, ciudadanía plena. Para lograrlo, llama al activismo a todas las personas con discapacidad y apela a la fuerza de los movimientos sociales.

Felipe Orviz, abogado, practicando ciclismo“En Pola de Laviana todo fue normalidad”, asegura Felipe. “Allí todos nos conocemos y tuve la suerte de que en el colegio y en el pueblo, hasta los 18 años que viví allí, todo fue normal”. Eso sí, en aquellos años 80 todavía quedaban resquicios de la escuela antigua y así ocurrió que una profesora, delante de todos sus compañeros, cuanto contaban 4 años, cogió a Felipe por los pies asegurando que así quizás lograba que creciera más.  
 
Es una anécdota que no enturbia el recuerdo de una infancia feliz para Felipe, que sin embargo relata cómo en su pueblo de la cuenca minera asturiana fue donde sufrió sus primeros “choques” por ser una persona con acondroplasia. Y como suele ocurrir, tuvieron lugar en esa complicada etapa de la adolescencia: “En la escuela fui uno más, con mi grupo de amigos de siempre, pero empiezas a ser consciente de lo que conlleva tu discapacidad a los 12-14 años, cuando se empieza el ligoteo, hay aspectos en los que te das cuenta de que no eres como los demás, todos los amigos tienen parejas o ligues y yo no, podía ser un amigo pero no un ligue”.
 
También fue entonces cuando tuvo que abandonar su equipo de fútbol, el que compartía con los amigos de toda la vida. Aunque parezca increíble, existía (cree que aún existe) una normativa que no permite jugar a quienes miden menos de un metro cuarenta centímetros en la categoría que le correspondía ese año… no dejó el deporte, de hecho hoy en día practica ciclismo y participa incluso en algunas competiciones. 
 

Universidad y activismo

 
Eligió Salamanca para cursar sus estudios superiores y recuerda su paso por la ciudad como “una experiencia inolvidable”. Allí estudió dos carreras (Ciencias Políticas y de la Administración y Derecho) en tan solo seis años y fue feliz, pues el estudio es una de sus grandes pasiones: “Soy incapaz de vivir en sociedad sin conocer el porqué de las cosas”. Además, en Salamanca participó de manera activa en la vida universitaria, tanto en el claustro como en las distintas actividades que impulsaban los estudiantes. 
 
Felipe Orviz, abogado, con su mujer, SoniaSu idea era estudiar Políticas, pero “intuía que la política por sí sola no tiene mucho futuro profesional e hice derecho, que es a lo que me dedico”. Allí entró en contacto con la Fundación Alpe Acondroplasia y comenzó su activismo, pero no solo participaba en cuestiones de discapacidad, su inquietud era constante y diversa, el mundo es tan amplio…
 
Recibió una oferta de trabajo pero decidió volver a su tierra, donde se instaló en 2006 y aún permanece, trabajando como abogado en Edp-HCEnergia, en Oviedo. También entonces conoce a Sonia y se casan en 2008. Y así transcurre su vida, con normalidad, pero luchando, superando constantes barreras.
 
En cuestiones de salud, la altura es lo que menos le condiciona, ya que tiene muchos otros problemas médicos asociados a la acondroplasia. Sin embargo en aspectos tan vitales como la accesibilidad universal, los problemas se multiplican y su autonomía es una utopía en casi todas las horas de sus días, todos los días de su vida. Son constantes las barreras y la lucha por superarlas. Y están cansados. “Cansados de luchar cada día saltando barreras y derribando muros, de ser héroes”. 
 
La mayoría de las personas con acondroplasia y otras displasias óseas no tienen reconocida la movilidad reducida, sin embargo las barreras en el transporte público a menudo son insalvables, no pueden acceder a los sistemas de pago de estacionamiento regulado, por ejemplo, tampoco a las máquinas que dispensan tickets de aparcamiento en garajes ni las que venden billetes de tren… y tampoco pueden echar gasolina en prácticamente ninguna estación. Muchas puertas, la mayoría, no se abren para ellos. Puertas físicas, pero tampoco las que no lo son, las puertas que deben abrirse para dar paso a sus derechos fundamentales. 
 

Discriminación y ofensa

 
Para empezar, reclama Felipe, es necesario “saber cuántos somos”. No existen registros ni estudios, ni siquiera un protocolo de actuación ante nuevos casos. Se sabe que suelen presentar displasias óseas uno de cada mil nacimientos, pero eso no es suficiente. 
 
Pero quizás lo que más le pesa a Felipe es la continua ofensa y el trato denigrante que reciben muchas personas con displasias óseas. “Es la única discapacidad que causa risa, hay un cliché histórico que pesa sobre nosotros, nuestra imagen está ligada a un trabajo burlesco y todavía hay espectáculos cómico-taurinos y espectáculos pornográficos que utilizan a personas con acondroplasia buscando la risa, eso es denigrante”. De hecho, una de sus actuales batallas es la reforma de la Ley de seguridad ciudadana para que se prohíban los actos que sean denigrantes y atenten a la dignidad de las personas con discapacidad. 
 
Felipe Orviz, abogadoEntonces recuerda una serie de televisión y sonríe. ‘Juego de tronos’ ha hecho una gran labor social, asegura que “el papel de Peter Dinklage ha ayudado mucho a normalizar, necesitamos más personas como nosotros que estén en puestos visibles, en la empresa, la política, el deporte … falta romper con esa visión”.
 
Pero no solo sienten una mirada burlesca, también sufren las consecuencias de otras miradas ignorantes y discriminatorias que les rechazan por su condición física. De hecho, Felipe conoce muchos casos de personas con displasia ósea que superan con la mejor nota un proceso selectivo para un empleo, pero llegado el día de la entrevista personal son rechazados sin contemplaciones. Y cuenta también casos como el de aquel joven que vivió encerrado en su casa durante largos meses porque la comunidad de propietarios no quiso cambiar el sistema de apertura de su portal para que él pudiera usarlo. Fue Felipe, desde su responsabilidad como Asesor jurídico en la Fundación Alpe, quien actuó en su defensa y logró terminar con una situación tan terriblemente discriminatoria, ¡tan intolerable!
 

Los movimientos sociales y la política

 
Todas estas historias son las que le llevan a un nuevo planteamiento vital, quiere involucrarse cada vez más activamente en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad: “Estoy bastante preocupado porque llevamos 40 años de exclusión, porque si te fijas todos los colectivos que han estado excluidos, han avanzado, pero nosotros no lo hemos hecho en la misma medida”.
 
Cree que hacen falta muchos cambios. Primero, lograr que las personas con discapacidad se asocien y “crean en la defensa jurídica de sus derechos”. Segundo: “El movimiento de la discapacidad tiene que impulsar a la juventud con discapacidad, desde la escuela, concienciarlos para que sepan que solo con el compromiso y movilización se logra la igualdad de oportunidades”. Tercero: “Tenemos que pasar de ser un colectivo de personas con discapacidad héroes, a ser tan solo ciudadanos de pleno derecho”. Y cuarto (aunque aspira a mucho más), anima a que se haga un mayor y mejor uso del ordenamiento jurídico: “Reclamar nuestros derechos, que sí están regulados pero no se cumplen, no queda otra ya que empezar a reclamar por lo jurisdiccional y los juzgados”.
 
Felipe Orviz, abogado y ciclista aficionadoA pesar de ser un hombre tranquilo, aparentemente, Felipe se muestra a ratos tajante: “Tengo muchas ganas de involucrarme más activamente y ahora además hace falta un discurso rompedor; ya está bien de quedar bien con los poderes y de premiar y homenajear a los mismos que incumplen la normativa día tras día. Somos 3,5 millones de personas con discapacidad, más las familias, 10 millones, con toda esa gente, quitas un gobierno”.
 
Y para continuar en esa lucha, se sigue preparando, le resulta imposible dejar de saber y conocer. Ya cuenta con dos carreras, un Master en Aspectos Jurídicos de la Discapacidad por la Universidad de Castilla La Mancha y otro Master en RSC por la UNED. Ahora está interesado en hacer un doctorado en la Universidad Carlos III con Rafael de Asís y en seguir leyendo, otra de sus pasiones.
 
Aunque asegura que siempre ha estado comprometido con las ideas de izquierda, reconoce que no ha quedado muy contento con su participación en política y sigue siendo militante del PSOE, pero ya no participa de forma activa. “Antes pensaba que el instrumento transformador era la política pero me estoy dando cuenta de que realmente ese poder transformador lo tienen los movimientos sociales. La política es muy cortoplacista y creo que el movimiento social sí tiene un discurso más transformador y es más coherente”.
 
Felipe no tiene hijos, afirma que nunca ha sentido esa necesidad, no tiene instinto paternal, pero sí una necesidad de luchar por todos, un instinto casi mayor, “luchar por la igualdad de oportunidades, para que cualquier persona, independientemente de su condición, pueda decidir en libertad su proyecto vital”.
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