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viernes, 05 de febrero de 2021cermi.es semanal Nº 423

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"3,8 millones de personas con discapacidad,
más de 8.000 asociaciones luchando por sus derechos"

Activista

Mayte Gallego

Una sonrisa comprometida

05/02/2021

Blanca Abella

Si algo no le falta a Mayte es la sonrisa y el sentido del humor, quizás por eso tardaron tanto en descubrir el origen de unos dolores con los que todavía convive, y si dieron con la causa fue porque un buen día un médico le aconsejó acudir a un especialista con otra cara, “tienes que ir llorando”. En su talante está el secreto de su activismo, es seguramente la razón por la que todos desean contar con ella, y también lo es su compromiso, desde siempre, pero más ahora, asegura que tiene la fuerza necesaria para dar su tiempo en pro de la sociedad, poner su granito de arena.

Mayte GallegoTranscurría su vida con total normalidad, en un barrio de Madrid, rodeada de su familia y amigos de toda la vida, esos amigos que todavía recuerdan a Mayte, sentada en las terrazas mientras tomaban algo, masajeando su propia espalda para calmar el dolor.  “Empiezo a tener dolores en la espalda con 17 años, me ven muchísimo médicos, incluso me mandan a psiquiatría pensando que es algo psicosomático, con medicación fuerte... yo me lo creí porque no mejoraba con todo lo que me daban”.
 
Acabas aprendiendo a vivir con el dolor intenso, aunque te condiciona la vida, asegura Mayte, sobre todo a partir de los 28 años, “era un dolor un poco insoportable” y había dejado de tomar las pastillas y tampoco iba ya al psiquiatra porque “me sentía un poco incomprendida”. Recuerda cuánta gente dudaba de su padecimiento mientras le decían aquello de “si no te encuentran nada…”. 
 

564 días

 
…Entonces cogió una curva, quiso frenar y los pies no respondían bien, parecían de corcho. Pudo llegar a su casa en el coche y luego se acercó a urgencias, preocupada. De nuevo no encuentran la razón y vuelve a casa sin un diagnóstico certero ni remedio adecuado. Poco después, un buen médico que sí creyó que le ocurría algo, le envió a otro traumatólogo. "Ese fue el día que acudí llorando". Y se encuentra con una especialista muy escéptica que la reciba diciendo: “Te voy a enviar a la Unidad del Dolor, a ver si realmente tienes tanto dolor como dices”.
 
Mayte Gallego con representantes de la Fundación CERMI MujeresMes y medio después Mayte estaba operada. Tenía un tumor en la médula que estaba a punto de cortarle la propia médula. Tras la operación salió con algún nervio lesionado y tuvo que utilizar muletas. Entonces, por fin, pudo escuchar cómo le decían: “Tienes que tener unos dolores horribles…” Llevaba más de 13 años con ese dolor.
 
Pasó cuatro años con muletas, pero hubo que operar de nuevo y tras la intervención Mayte sale en silla de ruedas: “Pensé que saldría mejor, no en silla de ruedas, pero bueno, ¡tocó y ya está!” Siempre tirando para adelante, porque asegura que es resiliente, e incluso que ha tenido fácil lo de romper barreras. Su gran preocupación en aquel momento de su vida eran las barreras físicas, porque ella quería seguir siendo autónoma y entrar y salir de casa con facilidad: “Me quedo en una vivienda con barreras y dependiendo mucho de mi marido, que viajaba y cuando no lo hacía, llegaba muy tarde del trabajo”. No podía salir de casa sola y pasaba los días esperando a que alguien le hiciera compañía, y bromea: “Bajaba de vez en cuando al buzón a ver si me encontraba con alguien en el portal y podía hablar un rato (jajaja)”.
 
“Cambiamos de vivienda tras 564 días sin poder salir de casa sola, tenía los días contados...”, explica Mayte recordando su desesperación de entonces. Ese aislamiento estaba empezando a afectar a la convivencia con su pareja y a su propia cabeza. Una vez tomada la decisión, empieza una nueva vida, en una casa accesible y con un coche adaptado. 
 

Mi chica y la sororidad

 
A pesar de los dolores y de las barreras que ha tenido que superar, Mayte confiesa que lo peor que le ha ocurrido en la vida fue el segundo aborto que tuvo que afrontar estando ya de seis meses. Sin embargo, la idea de la adopción siempre estuvo en los planes de la pareja y entonces decidieron intentarlo en algún país. “Nos decidimos por China, que es el país de origen de mi hija, por ser un país donde las niñas tenían un valor menor por el simple hecho de ser niñas” relata Mayte reafirmándose en su discurso feminista, muy presente en esta charla.  
 
Mayte Gallego en la manifestación del 8 de marzoFueron tres años de embarazo burocrático en los que se multiplicaron las barreras porque además fue la primera mujer en silla de ruedas que adoptaba en Madrid: “Me valoraron mucho más que a cualquier otra mujer sin discapacidad y que a mi pareja”. Explica que tuvo que soportar comentarios discriminatorios y otros, por el contrario, que la calificaban como una heroína, y en ninguno se sentía identificada: “Se creen que eres héroe, pero eres una persona como cualquier otra, sí es cierto que con unas barreras que te pone la sociedad, pero no somos heroínas, soy como cualquier madre y sé cómo solucionar las dificultades que puedan surgir con mi hija, en el día a día”. 
 
Y ahí están, 16 años después, tan felices. “Es mi chica”, dice Mayte, “mi tesoro, mi motor”. También es feminista, como su madre, luchadora, con unos valores de los que Mayte se siente orgullosa. “Siempre me he sentido socialmente comprometida, en todos los aspectos de la vida, no solo en discapacidad y feminismo”, asegura esta mujer, que ya de joven acudía a las convocatorias de Greenpeace o Amnistía internacional para pedir firmas para cualquier causa en la que creía. 
 
Y desde que dejó su trabajo tras la segunda intervención de espalda, ha colaborado como voluntaria allí donde la pretendían, porque es una mujer activa y luchadora, comprometida y feliz con lo que hace, y eso siempre es una ayuda. Posiblemente su sonrisa permanente y su talante y disposición hacían de ella la candidata perfecta para muchas causas. Pero se define sobre todo como “activista social y feminista nata” y afirma que cada vez que habla con más mujeres, más sororidad siente, y sobre todo en tiempos de pandemia, preocupándose por el aislamiento, la pobreza, los ERTE, la conciliación familiar… “La desigualdad se multiplica, pero es exponencial cuando se unen varios factores, como en el caso de la mujer con discapacidad”, asevera con preocupación. 
 
Mayte con su hija y con otra madre con la que trabajó de voluntaria en un programa de mentoradoLos frentes se le acumulan porque, como ella dice, "no sé decir que no, solo a la adolescente (refiriéndose a su hija entre risas)", pero no pierde la sonrisa ni la fuerza, aunque asegura que la edad ya se va notando… Porque lo dice ella, quizás. De hecho, su aspecto es juvenil, sus amigas dicen que solo se le notan las arrugas cuando se ríe. En la actualidad, tras muchos años de activismo, sigue colaborando con el sector de la discapacidad como vicepresidenta de CERMI Comunidad de Madrid y coordinadora de su Comisión de Mujer; presidenta de la Federación Madrileña de Enfermedades Neurológicas (Femaden); vicepresidenta de la Asociación de Lesionados/as Medulares de la Comunidad de Madrid (Aspaym Madrid); vocal de mujer en Predif y Aspaym Nacional; vocal del Consejo Asesor de Personas con Discapacidad de la Comunidad de Madrid; vocal del Consejo Municipal de la Discapacidad en el Ayuntamiento de Madrid; forma parte del Consejo de Mujer de la Comunidad de Madrid y es miembro del Patronato de la Fundación CERMI Mujeres.
 
Todo esto y mucho más es la vida de Mayte, que también cuenta desde hace tiempo con el apoyo de una asistente personal, un recurso fundamental en su vida que le permite seguir luchando con autonomía personal y dignidad y “que me permite hacer tareas que yo sola no puedo realizar”. Y lo cuenta porque quiere que sirva de ejemplo, al igual que en otras ocasiones ella ha sido mentora y ha ayudado a otras mujeres con discapacidad que querían ser madres. Así pues, tras una hora larga de charla nos despedimos desde nuestras pantallas de ordenador, deseando que esto de la pandemia acabe cuanto antes, “porque necesito dar un arrechucho de vez en cuando a mi gente, echo de menos el contacto físico”, dice Mayte.
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