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CERMI.ES semanal el periódico de la discapacidad.

viernes, 26 de octubre de 2012cermi.es semanal Nº 52

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"3,8 millones de personas con discapacidad,
más de 8.000 asociaciones luchando por sus derechos"

Activistas

Miguel Ángel Cabra de Luna, director de los Servicios Jurídicos del CERMI

“Todos los días hay que pedalear porque si no, la bicicleta se va a un lado o a otro”

El CERMI le homenajea por su trayectoria en el sector de la discapacidad

25/10/2012

Mario García

Miguel Ángel Cabra de Luna, director de los Servicios Jurídicos del CERMIEs un torbellino acostumbrado a nadar entre mil y una ideas, indistintamente de la temperatura del agua. El CERMI homenajea al doctor Miguel Ángel Cabra de Luna, jurista de formación y vinculado a las relaciones sociales e internacionales y a ingeniar estrategias, por sus casi 20 años de trayectoria profesional vinculada al sector de la discapacidad.

El homenaje tendrá lugar este viernes 26 de octubre en el Ayuntamiento de Málaga, su localidad natal. Allí se presentará “2003-2012: 10 años de legislación sobre no discriminación de personas con discapacidad en España. Estudios en homenaje a Miguel Ángel Cabra de Luna”, una monografía que examina la producción normativa española en materia de discapacidad en la última década.

“Es una sorpresa muy grata e inmerecida. Hago las cosas porque creo que debo de hacerlas, así me lo enseñaron. Si me lo hacen mis amigos y mis compañeros, pues encantado de la vida”, señala.
 
Cabra de Luna, actualmente director de los Servicios Jurídicos del CERMI y director de Relaciones Sociales e Internacionales y Planes Estratégicos de la Fundación ONCE, nació en Málaga en mayo de 1954 y fue el quinto de seis hermanos. Su padre, originario de Cómpeta, trabajaba como secretario judicial y siempre estuvo ligado a los asuntos jurídicos, con el mérito añadido de que inició la enseñanza primaria a los 14 años y acabó la carrera de Derecho a la par que sus compañeros por edad. Su madre, de Antequera, estudió peritaje mercantil y era entonces una ‘rara avis’ porque en la rama de los Luna querían que todos tuvieran una carrera universitaria, no sólo los varones.
 
Además, a su madre, una persona muy activa, le encantaban los temas internacionales, era bilingüe (español e inglés) y puso a sus hijos profesores particulares para que estudiaran idiomas. En una familia numerosa, que viajaba en el típico Seat 850 de la época, “no puedes pensar en ti”, como afirma Cabra de Luna.
 

Formación jurídica

 
Con estos mimbres, Cabra de Luna, quizá sin saberlo, empezó a fabricar su propia vida. Aparcó sus pensamientos infantiles de ser bombero, guardia civil, médico o profesional del arte y se licenció en Derecho con calificación de sobresaliente en la Universidad de Granada en 1977, y más tarde se doctoró cum laude en este mismo centro. 
 
En sus tiempos universitarios, añadió otra varilla en un amplio abanico vital: un día, uno de sus compañeros en la facultad, Pepe Martínez, algo mayor que él, con poliomielitis y más disciplinado con los menesteres cotidianos, se cayó. Cuando los demás acudieron raudos a ayudarle, comentó: “No, dejadme, que yo me levanto solo”. Aquella escena marcó a Cabra de Luna para siempre.
 
“Si no hubiera sido por mi amigo Pepe, no estaría ahora en el sector de la discapacidad. Lo digo con toda la sinceridad. Fue la persona que me hizo ver la discapacidad como algo normalizado y con lo que se podía disfrutar de la vida”, apunta.
 
Y el abanico se completa con su devoción por la producción de ideas y la formación. Fue profesor universitario y su nombre figura en 41 libros y 104 artículos, la inmensa mayoría de ellos relacionados con legislación sobre discapacidad, las fundaciones y el Tercer Sector.
 
“Soy un activista porque siempre he sido una persona muy dinámica. Eso de hacer muchas cosas todos los días con cabeza y si puedes ayudar a la gente, mucho mejor, me viene de mi madre, de la rama de los Luna”, apunta.
 
Después de licenciarse en Derecho y participar en actividades culturales y políticas en la universidad, Cabra de Luna volvió a Málaga para ejercer de abogado, pero al poco tiempo viajó a Madrid en 1977 y aprobó unas oposiciones, para empezar a trabajar dos años después en Instituto Nacional de Asistencia Social, perteneciente al Ministerio de Sanidad y Seguridad Social, luego llamado Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
 
Su paso por la administración pública perduró hasta 1987 y llegó a trabajar en el corazón de la Seguridad Social en España, con un presupuesto de hasta 14 billones de pesetas (unos 84.000 millones de euros). En ese tiempo llegó a ser subdirector general de Estudios y Normativa, con apenas 29 años, y subdirector general de Pensiones y Prestaciones Asistenciales.
 
Cada pocos años cambiaba de responsabilidad, hasta que le llegó un punto en que prefirió abandonar la cosa pública. En un viaje al corazón de la Cruz Roja Internacional, en Ginebra (Suiza) en 1987, conoció al presidente de la Cruz Roja Española, Leocadio Marín, que poco después le propuso como secretario general de esta entidad humanitaria en España, cargo que aceptó.
 

Entrada en el sector de la discapacidad

 
En 1991 regresó al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, como director del Gabinete Técnico de la Secretaría General para la Seguridad Social, hasta que en 1993 se despidió para siempre de las labores públicas para introducirse de lleno en el sector de la discapacidad, en el seno de Fundosa y la Fundación ONCE, un movimiento que no le era ajeno, puesto que fue secretario del Consejo de Protectorado de la ONCE mientras asumía responsabilidades ministeriales, y que siempre le ha atraído vitalmente.
 
De consejero delegado de Desarrollo de Proyectos Sociales (1993-97), del Grupo Fundosa, pasó a director técnico de la Fundación ONCE (1997-2000) y después al área que ahora ocupa, en el que lleva unos 12 años y se siente muy orgulloso.
 
En sus casi 20 años ligado al sector de la discapacidad, Cabra de Luna ha sido partícipe de su evolución, aunque apunta que “queda mucho por hacer, como siempre se dice”. Inicialmente, según explica, “sólo existía” la LISMI (Ley de Integración Social de los Minusválidos) como armazón jurídico, el Servicio de Recuperación y Rehabilitación de Minusválidos (SEREM) y el movimiento asociativo, salvando alguna excepción, estaba “muy atomizado”.
 
“En estos 20 años las organizaciones se han ido estructurando, ha ido creciendo el fortalecimiento institucional y se notó el trabajo de la Fundación ONCE, que se creó en 1988, por financiación, músculo organizativo, capacidad de relación, conexión con los poderes públicos, etc. Las asociaciones dieron un paso y ayudé técnicamente en el nacimiento del CERMI, cuyo valor de la unidad es fundamental”, subraya.
 
Miguel Ángel Cabra de Luna, director de los Servicios Jurídicos del CERMISeñala que el ciclo de la LISMI como bandera se superó con la aprobación de la Ley de Igualdad de Oportunidades, No Discriminación y Accesibilidad Universal de las Personas con Discapacidad (2003), en la que participó activamente.
 
“Había que superar el modelo de la LISMI, sin dejar lo importante que suponía esta ley en el sentido de la protección social, hacia otra nueva concepción de que la persona con discapacidad puede vivir una vida autónoma e independiente y superarse, como todos y sin discriminación”, apostilla.
 

Los derechos humanos

 
El tercer peldaño en la historia del sector de la discapacidad lo ocupa la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2006.
 
“La Convención es el siguiente salto porque una vez que está ratificada por España (en 2008), forma parte de nuestro Derecho interno, por lo que provoca otro movimiento de modificación de la legislación española. De hecho, tiene aplicación inmediata, es decir, una ley no existe si es contraria a la Convención, pero hay que hacer un trabajo pedagógico para que el Boletín Oficial del Estado (BOE) publique lo que se ha derogado”, recalca.
 
Para Cabra de Luna, el futuro en el sector de la discapacidad, consciente de que corren tiempos con “circunstancias económicas muy complejas”, pasa por “la aplicación de los derechos”. “Ahora estoy trabajando en hacer una estrategia de aplicación del derecho, es decir, de no volver atrás y que, al mismo tiempo, la sociedad, y no sólo los poderes públicos, apliquemos los avances que se han logrado. Hemos conseguido avances en el BOE y queremos ahora que eso se aplique y a permear a toda la sociedad para que se cumplan las normas de la discapacidad”, comenta.
 
Cabra de Luna compara esta situación con las multas de tráfico: “Antes, las multas no se pagaban. Luego se pagaban sólo las de la Guardia Civil y ahora se pagan hasta las de las otras ciudades. Eso ha permitido que haya más prevención en los accidentes de tráfico y menos fallecidos y heridos”.
 
Desea que la normativa referente a la discapacidad no sea ‘soft law’, esto es, de “derecho suave”, como si fuera de segunda categoría. “Tiene más sentido que el 10% de la población (el porcentaje estimado de personas con discapacidad) participe en la corriente económica general, trabaje, consuma, produzca y pague sus impuestos que tenerlo a un lado y que sea un elemento de gasto, sin vida autónoma y los padres pensando: ‘Y después de nosotros, ¿qué?’. La persona con discapacidad no es un objeto de prestaciones, de conmiseración o de protección; es un sujeto de derechos”.
 
Optimista por naturaleza, Cabra de Luna asegura que “el futuro está en la resiliencia”. Esta filosofía de vida está plasmada en su despacho de la Fundación ONCE, donde, sobre un corcho, ha pegado dos papeles con dos citas escritas por él y que le encantan: “No podemos convertirnos en lo que debemos ser si continuamos siendo lo que somos” (Max Depree) y “Todas las cosas son imposibles mientras lo parecen” (Concepción Arenal).
 
“Adversidades vamos a tener siempre. Problemas, seguro. Pero eso lo vamos a administrar y vamos a salir victoriosos, unas veces dejándote pelos en la gatera, como se decía antes, y otras veces más felizmente, pero si trabajamos en equipo y tenemos las ideas claras, conseguiremos las metas. Todos los días hay que pedalear porque si no, la bicicleta se va a un lado o a otro, sabiendo siempre dónde está la meta”, concluye.
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