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viernes, 31 de mayo de 2013cermi.es semanal Nº 81

"3,8 millones de personas con discapacidad, más de 7.000 asociaciones luchando por sus derechos"

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Reportaje

Los aniversarios de ilusión de la ONCE y su Fundación

30/05/2013

Mario García

Ambas entidades cumplen 75 años de historia singular y 25 años de solidaridad en acción, respectivamente

Hace 75 años, el 13 de diciembre de 1938 y con la Guerra Civil española dando sus últimos coletazos, un grupo de personas ciegas, adelantadas a su época y con la unidad como valor supremo, hicieron posible el nacimiento de la Organización Nacional de Ciegos (ONCE). Medio siglo después, en 1988, esta entidad da el mayor paso de solidaridad de su historia al crear la Fundación ONCE para la Cooperación e Inclusión Social de Personas con Discapacidad. Actualmente, conforman dos modelos de gestión únicos y reconocidos internacionalmente.

La venta de rifas y sorteos caracterizó el origen de la ONCELas raíces de la ONCE hay que encontrarlas en los albores del siglo XX, concretamente en 1903, cuando dos personas ciegas de Alicante, que vivían en la calle, crearon la sociedad “La Caridad”, con la autorización de las autoridades alicantinas, para que personas con esta discapacidad impedidas para el trabajo comenzaran a vender una rifa diaria, con premios para los vencedores.

Este sorteo, bien acogido por los alicantinos, se extendió después a otras capitales levantinas, como Murcia, Cartagena, Almería, Alcoy y Valencia, así como a otras zonas de España, como Andalucía, Cataluña y Madrid, donde nacieron pequeñas agrupaciones basadas en la puesta en marcha de rifas para generar modestas ganancias económicas para que las personas ciegas se liberaran del yugo histórico de mendicidad ligado a la discapacidad, lo cual, no obstante, se mantiene hoy en día en muchos países del mundo.

El 25 de agosto de 1938, en plena contienda bélica española, una de las personas ciegas más activas de España, Javier Gutiérrez de Tovar, siembra la semilla definitiva del nacimiento de la ONC (Organización Nacional de Ciegos), que incorporó el término “Españoles” en 1952 para ser la actual ONCE.

Ese día, Gutiérrez de Tovar se dirige a los asistentes al XXV Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, en Santander, para defender la Tiflología como ciencia social en tanto que modo de integración social de los invidentes, ante lo cual creía necesaria la creación de un Servicio Nacional de Ciegos.

Las reflexiones de Gutiérrez de Tovar fueron remitidas al Gobierno nacional para acomodarlas en un decreto que diera origen a la ONC. Serrano Súñer, hombre de la máxima confianza de Francisco Franco, presentó el proyecto de creación de la organización en el Consejo de Ministros del 11 de diciembre de 1938, que fue aprobado. Dos días después, festividad de Santa Lucía, Franco firmó el decreto que bautizó la puesta en marcha de la Organización Nacional de Ciegos, respaldada así por el Estado. Gutiérrez de Tovar fue su primer jefe nacional, con apenas 27 años.

El equipo directivo convenció a las autoridades de que querían vivir al lado del resto de los ciudadanos y ganarse su propio futuro, rechazaron el ofrecimiento de recibir una pensión y pidieron la concesión de una licencia para vender juego, que se convertiría en su medio de vida. Así nació la venta del cupón, cuyo primer sorteo se celebró el 8 de mayo de 1939, la primera ventana de las personas ciegas para subsistir como cualquier ciudadano. Paralelamente, la multitud de rifas existentes en las ciudades españolas fueron desapareciendo, a medida que se fue negociando la integración de sus organizaciones en la ONC.

Una joven ciega trabaja de telefonistaTras las dificultades de control político e institucional en los años posteriores a la Guerra Civil, la década de los años 50, la del Plan Marshall y del ‘seiscientos’, fue decisiva para el desarrollo y el despegue económico y social de la ONCE, bajo la Presidencia de José Ezquerra. Entonces, el sorteo del cupón consiguió calar profundamente en la sociedad española y la organización se reivindica como entidad social que se afianza día a día, a pie de calle.

El cupón creció en precio y en volumen de premios y sus vendedores percibían ya un jornal más digno, nacieron los primeros colegios y servicios sociales, y se pusieron las bases de una organización que iba a convertirse en modelo de inclusión en España y en el mundo, con iniciativas encaminadas a crear empleo para personas ciegas, como fábricas de cepillos, de dulces o de artículos de limpieza...

La década de los 60 fue la de la integración laboral, ya que la ONCE consiguió emplear a casi la totalidad de las personas ciegas y abordó el complejo objetivo de diversificar sus salidas profesionales. De hecho, junto a los colegios, se crearon el Centro de Formación Profesional y las escuelas de Telefonía y Fisioterapia, y crecieron servicios como los de rehabilitación o las bibliotecas braille y sonora. Se trató de un proceso paralelo al ‘milagro español’, con el que turismo, emigración e inversión extranjera incorporaron al país a la modernización de los ‘felices 60’ y la ONCE no fue ajena a ello.

Modernización y elecciones

Posteriormente, la ONCE, como todo el país, se sumió en una aguda crisis que aceleró su democratización interna. La muerte de Franco en 1975 alimentó esta necesidad de cambio y en enero de 1982 se celebraron las primeras elecciones internas, que ganó Antonio Vicente Mosquete, con tan sólo 27 años. Más personas ciegas se incorporaron a la venta del cupón, que mejoró sus premios pero perdió peso ante la competencia de nuevos juegos recién legalizados.

La ONCE cuenta con centros educativos para niños con discapacidad visualDesde el año del Mundial de Fútbol en España y su inseparable mascota ‘Naranjito’, las personas ciegas acuden a las urnas cada cuatro años para elegir a sus representantes. A Vicente Mosquete le sucedió José Antonio Reyes, en 1987. José María Arroyo llegó a la Presidencia en 1989 y Miguel Carballeda se mantiene en este cargo desde 2003.

En los años 80, unas atrevidas y rompedoras campañas publicitarias situaron a los juegos de la ONCE como un referente, se aprobó el primer convenio colectivo para los trabajadores, nació “El Cuponazo”, llegó “la ilusión de todos los días” y se produce el mayor paso de solidaridad en la historia de la organización, al crear la Fundación ONCE para la Cooperación e Inclusión Social de Personas con Discapacidad en 1988.

El nacimiento de Fundosa (1989), la Fundación ONCE del Perro-Guía (1990), la corporación empresarial CEOSA (1993) y la Fundación ONCE para la Solidaridad con las Personas Ciegas de América Latina (1998), así como la participación activa de la ONCE y su Fundación en los memorables Juegos Paralímpicos de Barcelona’92 fueron los siguientes hitos.

Con el cambio de siglo, la ONCE y su Fundación avanzan en su consolidación, impulsando el empleo y la economía social y proyectándose en América Latina y en la Unión Europea, donde se valora su modelo económico y social solvente, sostenible y generador de riqueza para todos, sobre todo para millones de personas con discapacidad.

La eliminación de barreras para las personas con discapacidad y la formación e intermediación laboral de la Fundación ONCE, que creó más de 4.100 empleos en 2012, se convierten ya en un complemento perfecto a la labor de una Organización decidida a subir a sus afiliados al tren de las nuevas tecnologías.

Carballeda: “Somos un modelo único en el mundo”

Miguel Carballeda (derecha), actual presidente de la ONCE y su Fundación, recibe un premio de manos del Príncipe de AsturiasEl presidente de la ONCE y de su Fundación, Miguel Carballeda, expone a ‘cermi.es semanal’ algunas de sus impresiones sobre el valor de la organización y recuerda sus comienzos: “La etapa a la que tengo más cariño fueron mis nueve años de vendedor en Palma de Mallorca. Aquello sí que fue un máster acelerado, para un joven de 18 años que trataba de ganarse la vida”.

Para Carballeda, el cupón representa, “por sí mismo, la imagen de la ONCE. Es nuestro icono, eso sí, siempre de la mano de nuestros queridos vendedores”. “Simboliza el esfuerzo y la capacidad de muchas generaciones de compañeros de la Organización que, desde 1938, apostaron por salir la calle a vender precisamente esos cupones y, con ellos, ganarse la vida día a día, compartiendo la suerte con la ciudadanía”, explica.

Señala que la ONCE y su Fundación se han convertido en “un modelo único en el mundo. Hemos creado un modelo de cobertura de las personas ciegas y con otro tipo de discapacidad basado en la solidaridad. La solidaridad de parte de la ciudadanía, que todos los días nos otorga su confianza, para que luego nosotros los devolvamos en prestación de servicios a las personas con discapacidad. Ésa es nuestra labor y nuestra misión. Hemos creado en España un modelo de atención que ha merecido recientemente, por ejemplo, el Premio Roosevelt, algo así como el ‘Nobel’ de lo social, lo que sería impensable sin la existencia de la ONCE y su Fundación”.

La clave del éxito de la ONCE para alcanzar la estabilidad, según Carballeda, se fundamenta en “un trabajo largo y muy duro, pelado día a día a pie de calle, con nuestros vendedores, todos con discapacidad, y con todo el resto de compañeros que componen la gran familia de la ONCE”.

En este sentido, señala que “desde el esfuerzo y la unidad tratamos de superarnos cada día”, incluso en los actuales momentos de turbulencias económicas. “Estamos en tiempos difíciles y, sin embargo, tenemos que seguir mirando hacia delante, como hemos hecho siempre. Seguro que cuando nació la ONCE, en 1938, no hablaban de crisis porque la situación era infinitamente peor. Y, sin embargo, salieron adelante con esfuerzo y trabajo. Por eso, en estos momentos, creemos que la energía de las personas es lo que puede ayudarnos a seguir adelante y, en la ONCE y su Fundación, a esa energía la llamamos ilusión, que es lo que nos mueve”.

Vendedores del cupón

Una de las señas de identidad de la ONCE son sus vendedores del cupón. María Isabel Laserna Escolar, de 56 años y que ejerce en la planta inferior de la estación de metro de Atocha Renfe, en Madrid, realiza este trabajo desde 2000.

Laserna relata que su incorporación a la ONCE supuso para ella una “tabla de salvación” después de que dar a luz a su segundo hijo, en 1989, le ocasionara el desprendimiento de las retinas de sus ojos, una subida “brutal” de la miopía y una consecuente depresión “muy grande”.

Los médicos la aconsejaron no tener más hijos y pronosticaron que perdería la visión. Actualmente, distingue algunos colores y ve la luz en uno de sus ojos, y ve parcialmente en el otro después de que le colocaran un implante de silicona para sujetar el nervio óptico.

El perro guía es fundamental para las personas ciegas“Me encontraba con dos niños, uno de 8 y otro de 11 años, y sin trabajo. La depresión fue tan grande que estuve un año sin salir de casa, hasta que un familiar me cogió de la mano, me llegó a la ONCE y ahí descubrí otro mundo. Por eso, estaré agradecida toda mi vida a la ONCE”, explica.

Después de acudir a sesiones de terapia y otras actividades, en 2000 comenzó a vender el cupón. Casi 13 años después, afirma que su trabajo es “un aprendizaje total”. “Soy una persona abierta y me gusta estar de cara al público. He descubierto un mundo que no conocía estando continuamente con gente que la mayoría de las veces no tiene nada que ver conmigo. Es una terapia para mí y para otras personas, ya que comprar un cupón por 1’5 euros no es sólo el hecho de que te toque, sino, además, te cuentan sus problemas. Hay un intercambio de problemas, sufrimientos y alegrías, y muchas veces se consiguen amistades que no pensaba tener”, comenta.

Laserna piensa dedicarse a este empleo “todo el tiempo que pueda”. “De hecho, he superado un cáncer hace tres años, he perdido un oído y no he pasado un tribunal para pedir una incapacidad, he querido continuar trabajando. Es duro porque me levanto a las cinco de la mañana, pero aquí estoy”, apostilla.

Para ella, hay motivos para celebrar el 75º aniversario de la ONCE y el 25º cumpleaños de su Fundación: “Somos muy fuertes, más de lo que pensamos. No hay otra fundación ni organización semejante. Hemos pasado por la guerra Civil, la dictadura y la democracia y aquí estamos, por algo será”, concluye.

Por su parte, José Antonio Mediero San Martín, de 37 años y con discapacidad física por un accidente laboral, vende cupones de la ONCE desde 2001 haciendo ruta en Alcalá de Henares (Madrid).

Mediero, natural de Valladolid, viajó a Madrid cuando tenía 15 años para ganarse la vida. Fue camarero y en 1998, cayó a varios metros de altura en una obra, lo que le ha provocado secuelas en un codo, una pierna y la espalda, después de tres años de someterse a operaciones.

Un primo suyo le habló de la ONCE y mandó su currículum a la bolsa de trabajo de la organización, hasta que logró el empleo. “Tal y como está ahora el país, soy un privilegiado. En principio, no era el trabajo más satisfactorio para mí. Tenía otros planes de futuro, pero verme a los 22 años de esta manera... Han pasado 12 años y ahora estoy muy contento”, relata.

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