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viernes, 05 de diciembre de 2014cermi.es semanal Nº 147

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Cuarto de invitados

Carlos Hipólito, actor

“Estamos en una sociedad de la tendencia”

Por Esther Peñas

05/12/2014

Imágenes: Jorge Villa

Es un tipo versátil. Lo mismo te arranca una carcajada, que un llanto silencioso que te transporta, cantando, a otro espacio distinto. Su voz. Sus formas. Sus gestos. La sombra que lo acompaña, una sombra que se ensancha o se hace angosta, según lo que pida el texto. Carlos Hipólito (Madrid, 1956) tiene labia fácil y sonrisa presta. No hay mejor credencial que su trayectoria profesional. Ahora se sube a las tablas del Teatro Maravillas junto a Luis Merlo para interpretar ‘El crédito’.

Carlos Hipólito, actor¿De qué depende que una situación cotidiana, como pedir crédito a un banco, pueda devenir en algo tan desproporcionado, tan trágico, incluso, y a la vez tan cómico?
 
Lo que tiene que ocurrir es que esa situación la describa Jordi Galcerán. Es un autor que tiene la habilidad inmensa de conseguir partir de una situación muy cotidiana, muy cercana al espectador, y empezar a distorsionarla hasta llegar a límites inverosímiles; mejor dicho, hasta límites muy exagerados pero dentro siempre de lo verosímil. Esa es su gran habilidad. El espectador piensa que eso que está viendo es un disparate pero podría pasar y, por otro lado, él consigue verlo desde el prisma del humor. La situación de pedir un crédito, generalmente para el que lo pide suele ser una situación bastante complicada, porque va asociado a una situación de necesidad, pedir dinero es desagradable, y si encima es un banco, la usura legalizada… conseguir que eso se convierta en algo que haga reír al espectador es la astucia del que lo mira. Él es consciente de que la situación es creíble y verosímil; además, cuanto más sufre el personaje, si el punto de vista al contarlo es a través de un humor inteligente, nunca un humor barato, provoca mucha risa en el espectador
 
Es decir, somos crueles como espectadores...
 
Mucho, muchísimo, igual que nos reímos con una caída, y es una cosa automática, aunque luego dices: “¡caray, me estoy riendo, pobre hombre!”, cuando una situación está agarrada a la tierra, si a los personajes les pasan cosas malas y el público tiene información que los personajes no tienen suele producir comicidad , asistimos regocijados a cómo alguien lo pasa mal; sobre todo si, como en este caso, es un empleado de banca se produce una catarsis con la obra y el público se siente un poco vengado de tantas veces que a lo mejor le han tratado mal en un sucursal bancaria. 
Carlos Hipólito, actor
En síntesis, la obra habla de la soledad humana. ¿Estamos tan solos porque no sabemos contarnos, porque no engaños, porque estamos abocados a ello?
 
Nos sentimos solos porque nacemos y morimos solos, aunque tengamos gente alrededor. En nuestro interior estamos solos. Necesitamos acompañarnos, rodearnos de cosas, de personas, de historias para sentirnos arropados, pero no nos engañemos, cuando pasa algo realmente importante para una  persona, aunque te pase con otro, a la hora  de vivirlo, reflexionarlo,  pensarlo y sentirlo, lo vives tú  solo; lo puedes compartir con alguien a quien quieres, pero tu dolor es tu dolor, no es el del otro, como la alegría. Nos rodeamos de gente y cosas para sentirnos más seguros, y qué ocurre, que muchas veces eso pende de un hilo, porque no podemos tener seguridad absoluta en la gente que nos rodea, ni en su fidelidad, ni en su lealtad, ni en su cariño. De hecho, muchas veces nos inventamos el cariño que nos tienen y resulta  que nos creemos que la gente nos quiere mucho más de lo que en verdad lo hace. Porque necesitamos que nos quieran, no te hablo solo de pareja, también de amistad, nos sentimos solos porque  más de una vez nos ha fallado la gente que teníamos al lado, un amigo, un familiar, tu pareja, y eso nos da una sensación de inseguridad tremenda. Este personaje que hago en esta obra está convencido de que tiene una vida plena, y durante la obra descubre que no, y entonces la soledad a la que se enfrenta es tan enorme... porque ni siquiera se la había planteado. En definitiva, solos estamos, la cuestión es cómo nos llevamos.
 
¿Y usted qué tal lo lleva?
 
Tengo una familia maravillosa, adoro a mi mujer, a mi hija, tengo muy buenos amigos, pero en el fondo soy un gran solitario.
 
También habla la obra del margen de improvisación que uno debe dejar a la vida, porque si se trata de calcular, de planear, disponer...
 
Desde luego, la obra habla de lo poco dueños que somos de nosotros mismos, de nuestras vidas, de cómo nos creemos que teneos todo controlado y de repente levantan una esquinita de la alfombra y no es que haya polvo, sino pelusas enormes. Luis (Merlo) dice con frecuencia que hacemos muchos planes en la vida pero se nos olvida que la vida tiene planes para nosotros. 
 
¿Por qué nos cuesta tanto abrir a la sorpresa?
 
Nos da seguridad tener una rutina, que todo está más o menos controlado, básicamente pensamos que tenemos todo atado… pero en la obra se ve que las cuerdas con las que atas las distintas cosas no es que se aflojen,  es que se les pegan un hachazo y las rompen, y tú te quedas como ¡ay, se me ha caído la tienda..! ‘El crédito’ habla del tragedia del hombre contemporáneo, porque estamos en una sociedad de la tendencia, en la que, a través de internet acabaremos como los únicos habitantes de islas desiertas, cada uno en su pantalla, comunicándose con los demás, de una manera aleatoria... me da mucho miedo esta sociedad y, sin embargo, también tengo esperanza de que mucha gente joven actúa al contrario de lo que estoy diciendo, compartiendo tiempo en bares, paseando... Carlos Hipólito, actor
 
¿Cómo escuchar al lugar del otro y encontrarnos, pase lo que pase?
 
Si no lo haces voluntariamente, la vida te pone un freno, te de una bofetada y no te queda otra.
 
Y aun así, tratamos de esquivarla, a la vida, digo...
 
A veces, como le sucede a mi personaje, la realidad es de tal volumen, lo que se impone, que no puedes ignorarlo aunque quieras, que no te deja salida alguna mas que enfrentarte a ti.
 
Cuando uno se enfunda en tantos papeles tan marcado como los que usted ha interpretado, ¿no hay riesgo de convertirse en una crisol de todos ellos, de perder parte de uno mismo?
 
Para nada; leo entrevistas de actores que dicen: “Me quedé con mi personaje dentro”, y yo pienso: “qué poco interesante soy yo, que nunca me ha pasado”. Supongo que es cuestión de higiene mental, de salud mental. Cuando termino un personaje se queda en el camerino, nuca he sentido que  los personajes invadieran mi vida privada ni que me afectasen en absoluto; trabajo una manera muy orgánica, aportando al personaje dosis de realidad suficiente para que la gente  no tenga la impresión de que está viendo a un actor actuando sino ha abierto la cortina y está viendo algo que realmente sucede. Eso intento, pero eso no quiere decir que utilice vivencias mías ni que me meta en situación. El que está en esa situación es ese señor, ese personaje, no yo, desde luego. 
Carlos Hipólito, actor
Usted es usted en todo momento, dirigiendo al personaje...
 
Es cierto que, supongo que nos pasa a todos, hay momentos raros, en los que, por ejemplo, estoy haciendo un monólogo de teléfono, muy cómico, y en un momento determinado le pego un giro radical, un quiebro, y entro en una zona muy dramática; la gente está muerta de risa y de repente hago una cosa, que no puedo detallar, y se hace un silencio. En ese momento, en el que se me están cayendo las lágrimas, por dentro estoy diciendo: ¡Bua! ¡Bien! ¡Lo conseguí! Está en mi cabeza. 
 
¿Qué crédito es más difícil de conceder, el crematístico, el monetario, o el crédito de confianza en el otro?
 
Yo qué sé, yo qué sé... es una buena pregunta porque los créditos crematísticos nunca te los devuelven pero, por otro lado, los créditos anímicos, a medida que uno cumple años, cuestan más, a mí me cuesta más, confiar, por lo palos que me he ido llevando. No obstante, los avales que pido son muy pequeñitos. 
 
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