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viernes, 12 de enero de 2013cermi.es semanal Nº 62

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Cuarto de invitados

Jesús Urceloy, poeta

“Los del 27 son los culpables de que la poesía española sea tan seria”

Por Esther Peñas

08/01/2013

Imágenes: Jorge Villa

Es como el Coloso de Rodas. Y, aparte de su tamaño, destaca en él el elegante sombrero de fieltro verde con cinta de cuero (tiene una pintoresca y selecta colección porque, en cierto modo, es un hombre a la antigua usanza de las buenas maneras).

Por último, prevalece esa retranca inocente -se disculpe el oxímoron- que gasta. Finalista del Premio Nacional de la Crítica en 2000,  finalista del Premio Nacional de Poesía en 2006 y Premio Internacional Margarita Hierro, Jesús Urceloy (Madrid, 1964) dirige la colección de poesía ‘Avena loca’, de la editorial Amargord, fue cofundador de la emblemática revista digital de creación ‘Ariadna-RC’, es profesor de diversos talleres de literatura, entre otros en Fuentetaja, y presta su recia voz en cuantos coros le requieren. Acaba de publicar su primer libro de cuentos, socarrones, deliciosos. ‘Matar en casa y otros cuentos formidables’ (Tres rosas amarillas/La casa de cartón).

“Yo no quería ser pingüino, pero hacía un frío del carajo”, arranca el primer relato. ¿Qué pesa más lo que realmente somos, lo que los otros creen que somos o lo que uno aparenta ser?

Lo que uno aparenta ser, has dado en el clavo. Porque todos aparentamos algo. Tuve un profesor en la facultad que nos decía que el ser humano maneja del orden de unas veinte máscaras diarias, dependiendo de con quién estemos. De ellas, siempre hay dos o tres que nos gustan muchísimo, y otras que detestamos pero que nos son necesarias.

De las máscaras que gasta y que menos le seducen, ¿cuál?
Me pones… no lo sé… cuando me acuerdo de mis amigos muertos, porque últimamente las bombas están cayendo cerca… eso me duele, me joroba, hace mucha pupa… esa máscara, la del dolor, la del dolor de verdad, es muy jodida.

Si hasta para matar hay que tener cierto virtuosismo, como se explica en uno de sus cuentos, ¿hasta qué punto uno puede aprender a escribir?
Buena pregunta. Creo que todos los seres humanos están dotados para hacer todo tipo de actividades, no les está negado nada, todo es ponerse y aprender. A unos les cuesta más y a otros menos. En uno de los coros en los que cantaba, tuve un compañero que por oído tenía una zapatilla, pero el tipo después de cuatro o cinco años llegó a entonar. Quiero decir que si pones esfuerzo y tienes ganas, todo se alcanza. Lo que ocurre es que todo el mundo piensa en Rimbaud, un chico que con catorce años ya era un genio, o en Miguel Hernández, que nació en un lugar equivocado pero se convirtió en inmortal… De acuerdo. Una cosa es tener talento y estar dotado, y otra que cualquier persona con un proceso de educación y enseñanza llegue al mismo nivel; lo que sí alcanza es un cierto oficio.

Es decir, que cuando nos ponemos a algo queremos ser los mejores…
Cuando se piensa en lo artístico, sí. Hay quien diseña zapatos que compran las estrellas de Hollywood y otros que son zapateros de barrio, que hacen su trabajo bien. Siempre hay categorías, que no son malas, aunque tengan mala fama. No hace falta que pensemos tanto en el diez. Hay gente que hace poemas de cinco y son estupendos.

¿Qué porcentaje de intuición y de técnica ha de darse en un escritor más próximo al diez que al cinco?
Cela decía –no sé si era suyo o citaba, pero a él se lo escuché- aquello de que la inspiración ha de pillarte trabajando. Recuerdo haber estado inspirado totalmente una única vez, a causa de un gin-tonic, y eso que no bebo casi nunca. En una ocasión, en vez de darme un agua con gas me pusieron no sé por qué, un ginc-tonic. Hacía tanto calor que me lo bebí de un trago, y me sentó muy bien, de maravilla, tanto que tenía que hacer una presentación y la gente se quedó asombrada, todo el mundo me dijo que había estado estupendo. La inspiración sí, está bien, pero prefiero el trabajo.

¿Y nunca le tentó regresar al gin-tonic?
No. En cierto modo somos fotógrafos, pero no somos conscientes de ello. Hacemos fotos mentales continuamente y luego las revelamos de manera no voluntaria, quizás ahí está la inspiración, pero no creo mucho en ella hasta que no me pongo delante de una máquina, todos los días, siguiendo un horario.

¿No escribe en papel?
Mucho, y a mis alumnos recomiendo lo que se llama un cuaderno para vomitar, un cuaderno y un bolígrafo, particulares, tuyos, con los que te sientas a gusto, y con los que escribas tus ideas, tus versos. Pero cada vez escribo menos, así que guardo mejor en la cabeza la idea. Juan Madrid me contó que él soñaba todo lo que escribía, y sólo si funcionaba lo pasaba a limpio.

¿Por qué escribe ahora menos?
No lo sé, cuando eres más joven te bullen todo tipo de cosas en la cabeza, estás en muchos más frentes, subes al Everest cinco veces al día, pero después miras con un mayor equilibrio. Y la escritura se ralentiza. 

“Al parecer el más allá se parece mucho más a esas habitaciones grandotas de los colegios electorales cuando vas a votar”. ¿Lo macabro siempre tiene un punto de humor?
Pues… no lo sé, el caso es que voto poco, y voto mal, no me enseñaron a votar, y la última vez que fui a votar me encontré con una habitación vacía, gris, con cuatro señores al fondo, me recordó un poco a ‘Amarcord’… me senté por decidir si votaba o no y de pronto pensé que aquello era como el limbo. En mis cuentos pongo mucha tristeza y a la vez ternura, que está próxima al humor.

¿Cómo uno puede votar mal?
No lo sé, no me enseñaron, soy de la generación del palo, de los que íbamos a la calle, cogíamos un palo y ya teníamos espada, varita mágica, de todo; fabricábamos nuestros propios juguetes… quizás por eso mi generación tenga tanta imaginación… Y entre que no sé votar y que resulta que  cuando votas en blanco te dicen que si tu voto ha beneficiado a no sé qué partido, pues ya me dirás…

¿Que tal se vive siendo escritor, un buen escritor pero no un escritor de masas?
Mal, Cervantes ya decía aquello de que escribir en España es llorar, y la cosa sigue igual, salvo unas cuantas excepciones, el resto vivimos de otra cosa, de dar clases, en mi caso. Pasas hambre, se vive mal, pero la mayoría de los escritores tenemos la conciencia de lo que somos y de lo que nunca llegaremos a ser.

¿Qué no será nunca Urceloy?
Norteamericano y rico. Si fuera norteamericano, la editorial me compraría mis libros, no como aquí, que firmas un contrato y al cabo del año te dan derechos. Allí te lo compran, se lo quedan ellos y te pagan un buen pellizco. Por supuesto, el libro sigue siendo del autor; si se hace una película, por ejemplo, te nombran y te promocionan. A Paul Auster le dieron doscientos mil dólares por su primera novela. Por eso me hubiera gustado ser norteamericano. O alemán, que les sucede algo similar. Incluso poeta italiano, porque a los poetas italianos, sus editoriales les promocionan muchísimo, y les llevan a recitar a universidades y a otros lugares interesantes. Verás, el libro con más éxito de cuantos he escrito ha sido una edición de todo Sherlock Holmes, con un estudio introductorio. El editor (Cátedra) me dijo que sería un libro difícil de vender. Además, cuesta unos cuarenta euros. Yo me lo creí. Me dieron dos mil quinientos euros. Bien. Hace un par de años, un amigo pasa por El Corte Inglés, lo coge, le echa un vistazo y me dice que lleva doce ediciones. ¡Doce! La editorial no llamó nunca, no me pagaron nada, así que tuve que reclamar, y, claro, me pagaron, pero estuvieron seis años callados. ¿Tú crees que es normal? Que el autor tenga que estar pendiente de esas cosas... Me debían nueve mil euros. En la letra pequeña del contrato dice que si yo no reclamo, ellos no están obligados a informarme de nada. Es una vergüenza. También lo es que la SGAE no proteja a los escritores, eso es una vergüenza absoluta. Porque Cedro mira por el tema de las fotocopias y la AEAE, en Leganitos 5, no sé si has estado…

Sí…
Da la sensación de que te vas a encontrar a Larra en cualquier momento. Se ha quedado un poquito desfasada en el espacio y el tiempo.

Sin que quede pretencioso: cuando los que más venden son malos de solemnidad, ¿produce coraje, mala leche, envidia?
Al principio de todo. Después te acostumbras, aunque no, nunca te acostumbras del todo. Por ejemplo, con el Premio Planeta. ¿No es vergonzoso que un buen escritor participe en esa estafa? Por no hablar del último escándalo poético…

Hablemos, hablemos de él…
El Ciudad de Burgos, que ha sido impugnado, aunque no ha pasado nada porque aquí nunca pasa nada, porque resulta que había habido once finalista y curiosamente el que gana no estaba entre ellos, sino que era una amigo de García Montero, al que se le llena de boca al hablar de ética y esas cosas.  Lo normal. ¿Para qué nos presentamos a los premios? En fin… mi amigo Jaime Alejandre también te podría contar cosas parecidas… Lo que sí se acepta es que hay dos divisiones, la primera, a la que sabemos que, salvo casos excepcionales, nunca llegaremos, y la segunda, en la que estamos muy a gusto, donde nos llevamos bien y en la que reina el principio de Anaximandro o de Anaxímenes, uno de estos sinvergüenzas que iban con toga, que decía que si te querías hacer rico no hacía falta aumentar tus riquezas sino disminuir tus necesidades. En fin, que en esta segunda división muchos a veces no llegamos a mil doscientos euros al mes, pero tenemos unos márgenes de vida más o menos elegantes y cuando se sobrepasan hacemos una fiesta, nos hacen fotos y tiran nuestra reputación por los suelos…

Casi todos sus cuentos tienen un inicio rotundo: “Cuando echamos de casa a papá me dio mucha pena porque era un tipo muy simpático”. Por ejemplo. El principio ¿es lo más importante del cuento?
Soy de la escuela de Ángel Zapata, y él dice que si en los dos primeros minutos de cualquier actividad artística no atrapas al lector, después se hace imposible. El principio es tan importante que el resto hasta puede carecer de importancia. Sobre todo en poesía. Cuando Pavesse escribe “Vendrá la muerte pero tendrá tus ojos”, ¿qué vas a escribir debajo de eso? Todo será fútil. Él se atreve, pero da igual. O aquello de “Umbrío por la pena, casi bruno”. El primer verso suele ser espectacular, o no. Por lo general, el poeta lo afea. Si coges de un poema el primer y el último verso y borras lo demás y funciona, el poema se ha cerrado. Claro que el tiempo de la poesía es cíclico, el poeta parte de A para llegar a A. En la narrativa, el autor parte de A para llegar a Z.

¿Se corrige poco, en general?
Poquísimo, y es un error. A mi me cabrea muchísimo. Porque lees poemas que si se hubieran pulido serían estupendos. En cuento también cuesta, porque tienes que ir dando cargas de profundidad, ciertas elevaciones, momentos valle… y todo para que al final del cuento esté lo mismo que al principio pero de otro modo. Por eso tiendo al cuento de dos tres páginas, porque no me gusta meter paja y porque corrijo muchísimo. Me lo paso bien corrigiendo. Un cuento puede estar escrito en cuatro horas, pero listo para publicar a mi me cuesta meses. Así que hay que descubrir la gracia de la corrección. Pulir es colocar un adjetivo donde antes no había, o cambiarlo por otro. Si no pules estás en la masa, en los cinco mil autores que no se diferencian unos de otros. Pero como empieces a pulir descubrirás tu voz y tu estilo, y es tuyo, nada más que tuyo. Ningún artista se contenta con la primera versión.

Salvo en su caso, ¿por qué se conjuga tan poco la poesía con el humor?
Es una de las lacras que tenemos en este país desde la mitad del XIX y que el 27 potenció, los del 27 son los culpables de que la poesía española sea tan seria, esos chicos del 27, tan estirados ellos, con bombín y corbata, entre ellos muy cachondos y divertidos, pero tan graves y formales en lo público. Escogieron a Góngora, que también era un cachondo,  pero se quedan sólo con su parte más seria. Es una pena, porque desde Marcial, que tiene unos epigramas divertidísimos, y muy arriesgados, mucho más de lo que hoy en día se lee, en España ha habido una veta humorística fantástica. Pero en Manuel Machado, que tiene unas coplas divertidísimas, chistosas, que buscan sólo la sonrisa, se termina esa corriente. Gracias a los del 27, que según cuenta Neruda en sus memorias mearon al pobre Miguel Hernández, ellos, tan pulcros, tan serios, tan estiraos… Ángel Zapata dice que en España los poetas o son bohemios y locos o hijos de burgueses, no hay termino medios, por eso no hay un Walt Whitman español, no se prodigan los Miguel Hernández; hasta Celaya era hijo de terrateniente.
 
Haciendo un juego de palabras con uno de sus libros recientemente editados, ¿cuál es la profesión de Judas, a parte de soplón?
Tengo a Judas en buena estima, es un sujeto que históricamente ha sido denostado, pero yo creo que era el mejor amigo de Jesús, y lo que ocurrió fue que por querer hacer un bien, hizo un mal, como tantas veces sucede. Él seguramente pensó que si el maestro seguía diciendo y haciendo esas cosas, acabarían todos en la cárcel, así que tal vez pensó que si lo delataba, le encarcelarían un tiempo, durante el cual él iría a diario a verlo, y se acabaría allí la cosa. Pero se le fue de las manos. Como al tipo del Titanic. Él hizo lo que creyó mejor, pero por lo visto fue lo peor que pudo haber hecho. Todos somos Judas, todos metemos la pata hasta el fondo sin querer. Y de todas las profesiones artísticas probablemente la de poeta sea la que menos se casa con el poder. De hecho, cada vez que ha habido una revolución o una guerra mataban al poeta. A Lorca, sí. También a Muñoz Seca.

¿Qué provoca más placer, escribir un buen poema o entonar en el Real el Tannhauser?
Me picas… No lo sé. Ahora mismo, escribir un poema, porque hace mucho que no canto, la última vez fue un madrigal en la boda de un amigo y me equivoqué en un par de tonos. Lo del Real lo recuerdo con cierta angustia, estaba muy nervioso, y no lo disfruté. Hacía de peregrino ciego, y me quitaron las gafas, sin las que no veo nada, así que estaba muy inseguro, a pesar del cayado que llevaba. Sí recuerdo una Semana Santa de Cuenca en la que canté una pieza del maestro Victoria, y al tiempo que cantaba se me iba poniendo la piel de gallina porque la obra es magnífica, el maestro Victoria es magnífico. Aquí lo tenemos olvidado, pero los ingleses lo aman. Cantar al maestro Victoria y hacerlo bien es algo emocionante. También lo fue cantar en  Bassau, Alemania, la misa en Re menor de Liszt con el órgano más grande entonces del mundo. Oyes las voces de tus amigos, tu propia voz, sigues al director… es sobrecogedor. Te sientes gregario, felizmente gregario.

Una última. Con Twitter ¿uno se ejercita en el microrrelato?
No, me parece que tanto Facebook como Twitter son una especie de elementos masturbatorios. Y tampoco me termino de creer lo del microrrelato. Te diré algo que quizás sea una barbaridad, pero a mí aquello de que cuando el otro se despertó, el dinosaurio estuviese allí… me parece una sandez. De acuerdo, tiene todos los elementos, espacio, tiempo, personaje, profundidad, el motor, todo. Pero si le hubiera echado Monterroso tres paginitas más, perfecto. Me acuerdo de ‘El tonel amontillado’, de Poe, escrito en 1839, y sé que no hay quien le haya superado. Y Monterroso y su dinosaurio, menos que nadie. Twitter permite publicitar frases ingeniosas, que está muy bien, hay microrrelatos buenos, los hay, pero son los menos; la mayoría son –que no es poco- ideas fulgurantes destinadas al olvido.

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