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viernes, 04 de abril de 2014cermi.es semanal Nº 118

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Cuarto de invitados

Álvaro del Amo, guionista y escritor

“Si hay algo que detesto es el lujo como aspiración”

Por Esther Peñas

01/04/2014

Conoce a la perfección al ser humano. O lo contempla desde un prisma que resulta interesante. O lo disecciona en el punto por el que sangra. O todo ello a la vez y hace posible que sus historias cautiven, entretengan, deleiten. Ha dirigido bajo una mirada sepia películas como ‘El ciclo Dreyer’, firmado guiones como ‘Amantes’, escrito novelas (‘Los melómanos’), e hilvanado críticas literarias o crónicas operísticas. Ahora presenta cuatro historias recogidas bajo el título ‘Crímenes ilustrados’ (menoscuarto Ediciones). Álvaro del Amo (Madrid, 1942), hermano de la autora infantil Montserrat del Amo y sobrino del humorista Álvaro de la Iglesia.

Álvaro del Amo, guionista y escritorDinero, hastío, cobardía y venganza son los motivos de estos cuatro asesinatos. ¿Con cuál de ellos se muestra usted más indulgente?
 
Con todos… quizás con los que, por decirlo de alguna manera, son responsables de su fracaso. Los jóvenes de ‘Un tigre al acecho’, que entran en una mecánica de búsqueda de éxito social, que produce el deterioro de la relación entre ellos, y son más responsables que los demás asesinos. 
 
¿El infierno está más cómodo en los extrarradios o se asienta más a gusto en los barrios pudientes?
 
Más que el lugar, que no es determinante, condiciona la búsqueda del tránsito en función de una necesidad de mejora; ese joven matrimonio del que hablábamos ahora hubiera sido feliz de haberse quedado en Moratalaz, disfrutando de su vida. Pero su mujer, sin mala intención, le impulsa a algo mejor. En ese acicate, en esa búsqueda del éxito social está la raíz del fracaso. Y, particularmente, si hay algo que detesto es el lujo como aspiración.
 
Cuando dos personas son tan distintas como esta pareja, aunque las diferencias queden anegadas en el noviazgo, ¿están abocadas al fracaso, al desastre?
 
No, al revés, es lo que posibilita la riqueza de la relación; creo que nadie busca un igual. Si a veces le cuesta a uno buscar su propio yo ¡como para buscar otro enfrente!
 
Tomas de Quincey casi nos convence del asesinato como una de las bellas artes, pero ¿podríamos decir que hay crímenes justificados?
 
Sí, podría haber crímenes justificados en el sentido de que hay tantas razones, hay tanta carga de pasión, de drama, detrás de algunos crímenes que probablemente los pueden explicar hasta un punto que los justifique. Aparte de la dimensión moral que, por supuesto, nos recuerda que todo crimen es perverso. Pero la carga de fondo sí puede justificar determinada violencia… de hecho, la doctrina católica incluso justificaba el magnicidio, como algo moralmente permisible... Beltor Brecht escribió que la violencia reina allí donde sólo reina la violencia… pero el pacifismo a ultranza me parece una utopía, cuando no un tanto sospecho…
 
¿El pacifismo como artificio?
 
Álvaro del Amo, guionista y escritorNo sé hasta qué punto es artificio o impostura, dependerá de cada persona o institución que lo promueva… suele haber buena voluntad, pero en ese empeño tan obcecado por la paz hay algo de limitación y obsesión que no me gusta.
 
¿En cada uno de nosotros duerme un asesino? Bajo ciertas circunstancias uno podría cometer un crimen?
 
No, a lo mejor todos hemos deseado en algún momento matar a alguien, cosa que también dudo, pero desde luego no todos estamos en condiciones de cometer un asesinato Hay quienes somos incapaces de todo punto. Aunque quisiéramos. Cuestión de carácter. Yo, por ejemplo, por muy extrema que sea la situación en sí.
 
¿Qué justicia es más radical, la humana o la poética?
 
No sé, la justicia humana tiene algo de poética, la poética es más abstracta, tiene que ver con la capacidad y calidad de la ficción; el último personaje de estos crímenes ilustrados estaba destruido antes de convertirse en asesino; y lo es a medida que deja de ser persona, poco a poco, mientras se va desprendiendo de su capacidad moral. En este relato, la justicia poética está en la propia narración, más que la conducta concreta de cada personaje. 
 
Hay un asesino que, técnicamente, al menos, no lo es, aunque él así se siente, ¿por un exceso de culpa, de escrúpulo o egocentrismo?
 
Tiene una gran lucidez a la hora de analizar lo que le ha hecho a la mujer, pero en el último término está sepultada por el egoísmo; hay crímenes que se cometen sin intervenir físicamente. La crueldad es una vertiente criminal, abandonar a alguien en un momento crítico también es una manera de violencia, e incluso de matar..
 
La situación actual de la cultura ¿se parece al poleo que toman las hermanas Fuensanta del primer relato, ‘Fraternidad’, en tanto que es algo más digestivo que creativo?
 
Es creativo pero dramático; existe un inmenso logro: el impulso por salir adelante, muy dinámico y muy vivo, que dice mucho de la capacidad de reacción de nuestros artistas. Para ninguna de las disciplinas artísticas este es un buen momento, pero ninguna de ellas admite una rendición en absoluto. Saldremos de esta.
Álvaro del Amo, guionista y escritor
¿El IVA es una manera sofisticada de asesinar?
 
Sí, totalmente, la de este gobierno es una política que no potencia la cultura, y con esto no quiero decir únicamente que no conceda subvenciones; se puede, por ejemplo, facilitar la contratación, reducir las trabas administrativas, reactivar el mecenazgo… Pero hay determinadas políticas que parece que no sólo las justifica un desinterés sino ganas de acabar o de que esto acabe. Sólo por desinterés no se entienden estas medidas, tiene que haber algo más. 
 
¿Coinciden los escritores y guionistas, y usted transita en ambos oficios, con el primero de sus asesinos cuando afirma que parte importante de su trabajo es saber escuchar?
 
Sí, totalmente, saber mirar, escuchar y observar es la parte primera de la literatura y todo arte en general.
 
¿Cuánto tiene la vida de opereta?
 
Mucho, de ópera, opereta y de zarzuela. Pasa el tiempo y cada vez lo veo más claro. De ahí el tercer relato, en el que se comprueba cómo un drama decimonónico como la ‘Traviata’ puede tener una perfecta correlación con el mundo actual.
 
Y el que la vida tenga mucho de ópera, opereta o zarzuela ¿es necesario, trivial, salobre?
 
Nos complica más la situación vital, la verdad; hay a quien le gustaría que todo en la vida estuviera más asentado, fuera más seguro, pero para otros es la gracia de la vida, lo inesperado, un poco de melodrama; de todos modos, por lo general se distribuyen los momentos apacibles con los convulsos. Para resistir bien unos y otros hace falta cierto humor y distancia, y para contarlos, un respeto por la historia, una cierta inteligencia y elegancia para ver las cosas en toda su complejidad y no sólo en la negrura, lo más fácil de ver.
 
Del personaje del padre Aspiazu, el narrador aseguro que uno, en el fondo, no cambia, que cuando nos convertimos en otro, somos más nosotros mismos que nunca…
 
Se puede cambiar, pero a veces uno ve que la gente no cambia, y que, a determina edad, lo que sucede es que se acentúa o emerge lo peor de cada cual; después hay momento en los que alguien comete un crimen, un acto abominable, y se comprueba, haciendo un flashback, que lo que uno es en un momento dado ya estaba más o menos el esquema. 
 
Pienso en algunos de los personajes del último cuento, ¿se repone uno del todo de las decepciones?
 
Del todo no, siempre quedan heridas, llagas, cicatrices, pero hay que avanzar de entre ellas, no cabe otra. 
 
De los personajes que deambulan por estos crímenes ilustrados, ¿por quién siente una especial querencia?
Álvaro del Amo, guionista y escritor
Uno no lo piensa cuando lo escribe pero… supongo que siento una particular simpatía por la Violeta rubia, la soprano que ensaya la Traviata y que la vive. No obstante, creo que a los personajes no hay propiamente que quererlos, sino entenderlos, respetarlos… el amor se presupone… de otro modo puede colarse una cierta dimensión sentimental, y el sentimentalismo, ya se sabe y está demostrado, va en contra de la buena literatura, la hace más blanda y más superficial.
 
Parece que el relato vive una época generosa (de autores, de buenas críticas, de lectores, hasta de editoriales…)
 
Eso parecía, eso dicen… pero no, la verdad es que no. La gente lo que quiere es leer novelas enormes. Y eso que el último Premio Nobel, Alice Munro, es una autora de relato. Pero a la gente, en general, le cuesta más leer relatos.
 
Quizás porque se tiene el prejuicio de que el cuento es un guiso literario a medio hacer…
 
Creo que requiere un mayor interés y concentración; un buen relato tiene que estar cuajado siempre. Pero los lectores prefieren un cocido, es decir algo intenso, a un entrante exquisito. 
 
Ahora ha convertido el guión de ‘Amantes’ en texto dramático. De película a obra de teatro. ¿Cómo ha sido el reencuentro con estos personajes tan carismáticos?
 
Lo que ha ocurrido, en la medida del tránsito del cine al teatro, es que se han completado de alguna manera al pasar a otro formato, sin que quiera decir esto que antes estuviesen faltos de algo. Es otro punto de vista, otra complejidad psicológica; han crecido, se han enriquecido, sin que estuvieran, insisto, pobres en la anterior versión. Al fin y al cabo, los personajes son palabras en un papel, figuras vivientes en la imaginación del lector y el autor, en cada momento, puede enriquecerlos. 
 
La cartelera de teatro se asemeja al hastío de Peter Ustinov en ‘Quo Vadis’ cuando decía aquello de. “siempre igual, las mismas caras, las mismas narices…”
 
Hay de todo… El teatro se está convirtiendo en un fenómeno de repertorio, y eso no es bueno, todas las temporadas ‘Hamlet’, ‘La casa de Bernarda Alba’ con montajes nada arriesgados. También hay cierta pereza del público ante autores jóvenes que están asomando en las llamadas salas alternativas, y cierta ceguera o pobreza cultura de los programadores en general, más interesados en la fama de los actores que en su destreza. 
 
¿Molesta mucho escribir un guión y que lo altere y modifique a su antojo el director?
 
Todo guionista debe aprender que el guión es una pieza sólida pero lábil y móvil a la vez. Cuando se termina de montar una película, a veces el resultado final tiene bastante en común con lo que habíamos escrito y, en ocasiones, poquísimo que ver. 
 
La situación actual de España, ¿tiene más que ver con una tragicomedia, un thriller, un absurdo?
 
Un thriller no, es más consolador una tragicomedia; en la media en la que hay mucha oscuridad y tragedia, se está viendo el absurdo y lo cómico de todo esto. Tiene mucho de esperpento, sin duda. No se libra nadie, ni el rey, ni el último de los pequeños funcionarios… no queda títere con cabeza… ¿qué tal una farsa?
 
¿Cuál es su película fetiche?
 
‘Hiroshima mon amour’. Me sigue impresionando como lo hizo la primera vez. Es un hito.
 
¿Y un hito literario?
 
‘Mientras agonizo’, de Faulkner.
 
¿Y Woody Allen está sobrevalorado?
 
Sí. Sin duda, lo que ocurre es que en algo hay que apoyarse, si ya no podemos ni fiarnos de Woody Allen, imagínese… hay muchos artistas que hicieron grandes cosas pero no han evolucionado, Paul Aster, Murakami, Scorsese… han perdido la altura.
 
Quizás encontraron una fórmula de empatía o éxito, y no salen de ella… 
 
Exactamente eso, se llega a una fórmula y se aplica. A veces, claro, es que el artista no da más de sí. Quizás por eso ‘Hiroshima mon amour’ sea, hoy en día, una obra maestra sin alumnos.
 
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