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viernes, 06 de noviembre de 2015cermi.es semanal Nº 188

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Cuarto de invitados

Jordi Savall, músico

“Los pueblos que olvidan sus músicas pierden el alma”

Por Esther Peñas

06/11/2015

Un concierto de cualquiera de sus conjuntos musicales (Hespèrion, La Capella Reial de Catalunya, El Concert des Nations) se convierten en acontecimientos. No sólo por la música que interpretan, sino por el modo de presentarla, de ofrecerla. Jordi Savall (Igualada, Barcelona, 1941), violagambista mayor del reino, se empeñó es rescatar reliquias de los siglos XV, XVI y XVII y en vindicar el patrimonio musical español, que es mucho más rico e importante de lo que pensamos. Su actividad como pedagogo, concertista, investigador y músico lo han convertido en una figura canónica internacional. Recibió un César por la banda sonora compuesta para la película ‘Todas las mañanas del mundo’, de Corneau, y tantos otros galardones que sería imposible, casi, siquiera resumir. En 2014, renunció al Premio Nacional de la Música, porque, a su juicio, el gobierno de Rajoy “menosprecia a la inmensa mayoría de músicos que con grandes sacrificios dedican sus vidas a mantener vivo el patrimonio musical hispánico”. Quienes lo acompañan sentencian: “Con Jordi no se trabaja, se vive”.

Jordi Savall, músicoSu último espectáculo está formado por un ramillete de músicas sefardíes, griegas, turcas y armenias. Con todos los años de oficio, con todos los conocimientos acumulados, ¿le resulta fácil escoger el repertorio de cada una de sus interpretaciones?
 
Es una de las cosas en las que paso más tiempo, preparando el repertorio… en reflexionar y pensarlo. Trabajo mucho en él, es más fácil tocar que seleccionar, cuando seleccionas tienes que construir un programa, buscarle un sentido, pensar en los instrumentos que te acompañan, dotar de significado a la idea del proyecto, encontrar un título que lo sintetice… cuando lo tenemos, y lleva años de trabajo, lo experimentamos, lo tocamos, lo mostramos y, finalmente, lo grabamos. En concreto, este repertorio con el que estoy ahora mismo lleva conmigo cinco años, y funciona bien.
 
¿Qué coincidencias y contrastes encontramos en estos cuatro géneros, los repertorios armenios, los turcos los griegos y sefardíes? 
 
Es interesante porque hablamos de culturas extremadamente diferentes que vivieron en el mismo lugar. Por fortuna, cuando el imperio otomano conquistaba una zona le daba total libertad, cultural, religiosa, lingüística, etc., no imponía sus normas, solo controlaban que siguieran las órdenes de la capital del imperio; por eso fue refugio de los sefardíes españoles, por la tolerancia que recibían, porque no tenía que pagar tasas… así convivieron esas culturas diferentes en todos los Balcanes, entre 1453, desde la conquista de Constantinopla, hasta 1850, cuando Grecia se configura como estado moderno. Estamos hablando de cuatrocientos años sin guerras en los que tampoco hubo una evolución, no hubo Renacimiento, Barroco, Ilustración… se paró el reloj, lo que permitió que se conservaran tradiciones que en nuestros países hacía siglos que se habían olvidado y perdido. Los músicos que son de esa zona no han tenido que aprender ciertas cosas en la escuela, lo han vivido desde niños en sus propias familias.
 
Precisamente un músico de origen armenio, el violinista Ara Malikian, me decía hace poco que no podía entender cómo era posible que la música clásica no fuera capaz de llenar estadios de fútbol como hace la música rock o pop. ¿Usted tiene esa misma sensación con la música antigua?
 
Jordi Savall, músicoCon la música antigua ha habido una progresión importante en los últimos años; lo que era una música para círculos pequeños ahora ya tiene un alcance que atañe también a la gente joven. Por otro lado, es cierto que, incluso en el mundo de la cultura, lo que tiene un cierto nivel cultural, una cierta especificación que no cabe en  la proyección de los grandes medios públicos como la televisión, los periódicos, etc., está reducido a un espacio mucho más pequeño. La música clásica la emiten a las dos de la madrugada. Está claro que así la estamos condenando a un público pequeño, pero el que vaya menos gente no quiere decir que no tenga público interesado en ella. Ten en cuenta que vivimos en un mundo acelerado en el que se consume mucho en poco tiempo, lo que se consume poco a largo tiempo no interesa porque no es rentable inmediatamente. Sin embargo, una música de calidad pervivirá en el tiempo. 
 
En las escuelas se nos enseña quién es Goya, Velázquez, Calderón, Quevedo, pero se nos escamotea el Cancionero del Duque de Calabria, el de Upsala, el de Palacio, no conocemos quién fue Tomás Luis de Victoria… la música, aun siendo identitaria de todo país, en el nuestro ha perdido la batalla.
 
Es un problema de ignorancia. En el mundo, incluso en el de la cultura, la música se ha considerado un aspecto popular, de entretenimiento, no un arte mayor. Hace años, comiendo en Nueva York con un ministro de Cultura, con Solana, cuando le comenté el patrimonio musical que teníamos en España se quedó asombrado, no sabía de su alcance, desconocía que hemos tenido los mejores polifonistas del Renacimiento, por ejemplo, y cuando no sabes una cosa, ¿cómo puedes valorarla? Además, tenemos una política cultural que da la espalda sistemáticamente a nuestro patrimonio de hace siglos.
 
¿Por eso renunció al Premio Nacional de Música en 2014?
 
Sí. Es muy simple lo que nos pasa a España: somos un país culturalmente colonizado por la imagen del romanticismo alemán, centroeuropeo; cualquier ciudad que se precie tiene que tener una buena orquesta sinfónica y un buen teatro de ópera. Eso piensan los centroeuropeos. Pero claro, ellos tienen a Mozart, Brahms, Schubert, Hyden, Shuman, Mahler… los más grandes compositores de música sinfónica, tiene un sentido que necesiten grandes espacios donde programar esas obras, pero nosotros no tenemos casi ningún autor de mínima envergadura. Y nuestros gobiernos, en especial este último, dejan de lado un patrimonio que tenía que ser accesible a todo el mundo.
 
¿Qué sucede con los pueblos que echan en el abandono a las músicas que los han sustentado a lo largo de su historia?
 
Pierden su alma. La música es el alma del pueblo, si quieres conocer cómo es un pueblo, escucha su música; si quieres saber cómo son los portugueses, escucha los fados, esto te explicará mucho más sobre ellos que cualquier otra cosa. En un mundo como el nuestro, globalizado, es muy importante conservar la memoria de la cultura, y digo cultura no sólo pensando en la cultura que se ejerce desde el poder, porque siempre hablamos de la Iglesia, de la Corte, etc., me refiero a la cultura que se conforma desde el pueblo, que supone un patrimonio fabuloso, documentado y que, por desgracia, se está perdiendo. Por suerte, hay tradiciones muy arraigadas en Castilla, País Vasco o Andalucía que persisten, quizás gracias a la barrera de los Pirineos, que permitió conservar ciertas tradiciones de nuestra raíces populares, pero cada vez los hijos van aprendiendo menos canciones de los padres, y los ipad, los iphone, las nuevas tecnologías no ayudan mucho porque no interesa aquello que no pase por el poder. 
 
Jordi Savall, músicoPienso en su último trabajo, ‘La lira D’Esperiaa II’’, que incluye algunas cantigas, estos sucesos musicales extraordinarios por su belleza. ¿El arte sobrepasa el culto, lo espiritual, o lo religioso ensancha lo artístico?
 
No solo lo ensancha sino que está por encima. Una misa en sí bemol de Bach es una maravilla, con independencia que sea luterana o católica; la mezquita de Córdoba tiene un valor artístico y espiritual por encima de quién la construyó. A veces se nos olvida. O tratan de hacernos creer que eso importa. 
 
El carácter repetitivo, casi como una letanía, que incorporan muchas composiciones antiguas, termina provocando casi un efecto hipnótico, no sé si lisérgico...
 
Depende de la música, pero las espirituales están compuestas para meditar, para propiciar que quien las escucha pueda sumergirse dentro de una atmósfera de contemplación, similar a lo que ocurre con las danzas, que también son repetitivas. Una de las fuerzas de la música, precisamente, es su repetición, lo que no quiere decir que no haya riqueza en ellas, variedad, sino que apuntan al éxtasis, al momento culminante; el lenguaje de la música sirve para que el cuerpo se libere de sus límites, y permite sacar todo lo malo que hay en ti, y anularlo, y todo lo bueno que hay en ti, y compartirlo. Es necesario ese trance porque te permite sentirte tú mismo, a ti mismo.
 
¿La música sana?
 
Desde luego. Esto lo vivo cada día. Esta semana he dado cinco conciertos seguidos, en Torino, Francia y Rumanía, he dormido cuatro horas, he soportado los desfases horarios pero, después del concierto, me siento recuperado, porque la música me produce una energía enorme. Cuando interpretas en buenas condiciones, con buenos músicos, buenos instrumentos, una acústica buena y un público que con su escucha te agradece, se produce una experiencia vital indescriptible, hay que vivirla, es difícil de explicar. Estamos acostumbrados a oír música en los ascensores, en taxis, en los aeropuertos, oímos un flujo de notas que van pasando y de las que ni te enteras, pero cuando escuchas buena música, cuando te pones en ella, cuando la prestas atención entonces puede, incluso, cambiarte la vida.
 
Pienso en lo bien que empastan música de Juan del Encina con los jarochos, por ejemplo, o las jácaras. ¿La música es mestiza por naturaleza?
 
Jordi Savall, músicoEsa es su razón de ser. No entiende de fronteras, idiomas, religiones… es un mismo lenguaje a través del cual puede entenderse la historia de la humanidad.
 
Así como hay directores de teatro que adaptan textos clásicos al lenguaje moderno, ¿cabría interpretar estas composiciones de música antigua con clarinetes o saxos?
 
Uno de los más bellos conciertos a los que he asistido fue el de un grupo de música antigua que interpreta música de Morales, al que acompañaba un saxofonista  y clarinetista noruego, Frode Gjertaad. Fue increíble. Creo que siempre que uno se acerque con respeto a las composiciones, todo es válido. Importa el respeto. Es bueno intentar averiguar cómo sonaba la música que compuso un determinado autor, hacerse a la idea de cómo podría haber sonado en su época, e interpretarlo así; pero también es interesante ver cómo suena esa música en nuestra época, con otros instrumentos. No entran en contradicción sino que provocan una ampliación de las posibilidades de esa música.
 
A usted, ¿le produce urticaria escuchar las radio-fórmulas?
 
No, me provoca curiosidad, intento entender qué es lo que pasa con esas músicas tan populares. Sé que si nosotros escuchamos una determinada música es porque encontramos vida en ella, porque nos da vida. También creo que si esa música de las radio-fórmulas no tuvieran la amplificación y proyección que tienen no tendrían impacto alguno. Pero hay música que nos invade, aunque no queramos, la escuchamos por todos los sitios. Aun así creo que hay cantantes maravillosos en todos los estilos, que perduran y dan sentido a cada uno de los géneros, se trate de ‘The Beatles’, Madonna, Ella Fitzgerald... Es importante que nos toque la emoción, que nos sirva, nos ayude, da igual qué tipo de música sea, el ser humano ha sobrevivido a sus tragedias gracias a la música. Los armenios, los sefarditas, los irlandeses… y por eso las continúan tocando.
 
En los últimos años ha trabajado bastante con el repertorio céltico, y es curioso porque  ofrece esa atmósfera tan épica, pero a la vez tan cotidiana...
 
Esas son las características de las músicas tradicionales, que vienen del pueblo y que, a través de músicos con talento que crean ritmos, son músicas funcionales que sirven para pasarlo bien, para bailar, para recordar al amigo que se ha ido… están pensadas para que la gente pueda ser feliz y para que, en determinados momentos, puedan recobrar sus esperanzas, por eso nos suenan tan cercanas.
 
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