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viernes, 04 de marzo de 2016cermi.es semanal Nº 203

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Cuarto de invitados

Paloma Paso Jardiel, actriz

“La intelectualidad de hoy desdeña a los dramaturgos cómicos”

Por Esther Peñas

04/03/2016

Lo suyo es puro teatro, sin metáfora –pero también desde ella-. Nació entre las bambalinas de una familia escénica. Su abuelo, Enrique Jardiel Poncela. Su padre, Alfonso Paso. Aunque al primero no lo conoció y al segundo lo disfrutó de manera intermitente, sus gestos, su manera de hablar, sus ocurrencias y la expresión de su rostro escarban sonrisas, cuando no carcajadas.

Herencia de sangre y de letra subversiva. Paloma Paso Jardiel (Madrid, 1953) acaba de estrenar ‘Huevos con amor’, un texto escrito... por su hijo, Ramón Paso, por aquello de no interrumpir la saga.
 
Paloma Paso Jardiel, actriz¿A qué saben los huevos con amor?
 
A nada... el título tiene que ver con cosas que pasan dentro del espectáculo pero que no te puedo contar, aunque tiene su razón de ser... 
 
Mejor con puntilla, en cualquier caso...
 
Por supuesto, si no es con puntilla no me los como.
 
¿Es más duro ser un ama de casa como usted en la obra o dedicarse toda una vida a la profesión de actor, como usted en la vida real?
 
Lo más duro, sin duda, es dedicarse toda la vida a la profesión de actor y, encima, tener que ser ama de casa. Eso sí que es duro... he criado dos hijos viviendo de esta profesión, llevándomelos por los camerinos de España cuando salíamos de gira... ser actriz es difícil. Hombre, digo yo que las superestrellas no tendrán estos problemas, claro, yo soy una trabajadora del teatro, no una actriz famosa, ni una estrella, aunque tengo muy a gala vivir desde siempre de esta profesión. A los actores ricos, a los protagonistas, no les sucede esto, ellos se dedican a su profesión y el servicio que contratan, de sus hijos y de la casa. A mí no me quedó otra que compaginar ser actriz con ser madre y ama de casa. Eso me limitó laboralmente, pero no me arrepiento, aquí estoy. Resumiendo, he sido siempre, básicamente, una persona pobre...
 
¿Y qué es más complejo, tener un mal día y tener que subirse al escenario para hacer reír a los demás o tener un éxito apabullante y bajarse del escenario y poner los pies en la tierra?
 
No sé... he tenido las dos experiencias... me parece más duro tener un mal día, que el público no te responda, que no se ría, lo otro no es duro...tienes un superéxito, estás encantada de la vida, y pones los pies en la tierra, si es que la tierra era eso cuando has estado ahí. No, eso no es duro, es un caramelo. Pero cuando el público no tiene el día... recuerdo hace dos años, representando con Pepe Viyuela una obra de Jardiel...
 
... me acuerdo, ‘Los habitantes de la casa deshabitada’...
 
Eso es, que es un texto de risa continua, disparatado por completo, fantástico... bueno, pues había días que no, que decidía el público no reírse, así, en bloque. Y pensábamos, ¿pero es que se ponen de acuerdo? ¿Cómo es posible que haya noches en las que no se ría nadie? Pues pasa. Pues sucede, sí hija. Lo que ocurre es que, estando con la compañía, lo sobrellevas de otro modo, comentas fuera de escena (“estos están pintados”), y se lleva mejor, pero tú sola te sientes talmente como una payasa, si a la gente le da por no reírse.  Bueno no, como una payasa no, que es algo magnífico. Tú sola te sientes ridícula. 
 
Dígame un par de papeles... 
 
Oye, trátame de tú, que me estás volviendo loca...
 
... un par de papeles por lo que haya merecido la pena esta profesión que has escogido.
 
Uno de ellos, ‘La Rodriga’ de ‘Los habitantes de la casa deshabitada’, es un papel de los que más me ha gustado hacer en mi vida; también el personaje que interpreté en la obra ‘La secretaria’, de Natalia Ginzburg, no creo que haya hecho en mi vida personaje más bonito. Después hay personajes que no me va a dar tiempo a hacer, aunque me gustaría, porque me estoy haciendo vieja, la Blanche DuBois de ‘Un tranvía llamado deseo’, ‘La señorita de Trevelez’... perdedoras, que es lo que me va a mí, como esta que estoy haciendo ahora, una auténtica perdedora, pobrecita.
 
¿Qué tiene que pasar en la vida para que uno se plantee el suicidio como vía de escape?
 
Lo del suicidio, que lo conozco bastante de cerca, creo que tiene que ser cosa de una enajenación. Desde luego, como se ve en la obra, todos estos que amenazan, que avisan, no lo hacen, lo que hacen es aburrir de tanto anunciarlo en vano. Los personajes que tengo a mi alrededor en esta obra no son suicidas sino montapollos.
 
¿Es, el suicidio, un acto de valentía o su contrario?
 
Alfonso PasoNo lo sé, a mí me parece... me lo pongo en mí misma, que he tenido una vida dura, una vida difícil... nunca se me ha pasado por la cabeza suicidarme, no me parece que sea un acto de cobardía, hay que tener mucho coraje... además no sabes si realmente te vas a morir, o te va a doler la tripa hasta el infinito... desde luego yo no sería capaz, hay que estar enajenado, porque por muchas desgracias que tengas....¡Ay, qué miedo, quita, quita!
 
Esto de tener un marido que va para cocinero convertido en delincuente, desconcierte mucho, supongo...
 
Es un desgraciado, todo le sale mal, al pobre marido mío... es un pobre diablo, todo lo que emprende le sale al revés, en todo piensa que va a triunfar muchísimo... quiere ser cocinero, pero como todo le sale mal... luego se plantea escribir un libro y convertirse en autor de éxito, pero es analfabeto... ya sabes, mil cosas, pero acaba atracando un banco, y tampoco, porque se queda dormido y no llega a tiempo... como ves, la obra que ha escrito mi hijo es de un humor negro y está muy volcada en los perdedores...
 
La situación actual de España, ¿es más un sainete, una astracanada, un esperpento...
 
Es... como una obra de teatro de intriga, en este momento, al menos... sabe a Agatha Christie...
 
Interpretar textos de tu padre y de tu abuelo, ¿impone o facilita las cosas?
 
Me es igual, ni impone ni facilita, genera, eso sí, un estado de emoción interna, de cariño... he interpretado a muchos autores, a Calderón, a Mihura –que me encanta-... a Jardiel lo entiendo muy bien, será porque toda la familia hablamos ajardielado.
 
¿Cómo es hablar ajardielado?
 
Hablar un poco de forma distinta, con un toque cómico... y eso que decían que mi abuelo era más serio que nada, pero se reía de todo. Cuando he hecho textos de mi padre, me ha encantado, cuando trabajo con textos de Jardiel, lo mismo... pero interpretar un texto que ha escrito tu hijo eso es lo que más me ha emocionado como actriz. Mientras preparaba el papel pensaba en cuando nació, cuando venía por los camerinos de España conmigo... ¡quién me iba a decir que interpretaría un monólogo de mi hijo, un texto intenso, además, como este! 
 
Que a uno –a Jardiel- le sigan llevando a la tumba tazas del Gijón, paquetes de café, barajas de cartas... debe de reconfortar...
 
¿En serio? Quiero ir, no he ido nunca.
 
¿De veras?
 
Anda, claro, no te voy a mentir. Estas cosas que lo vas dejando, lo vas dejando... hombre, mi madre me llevó, pero cuando era tan joven que no te enteras de lo que ves y no le das el valor a las cosas. Y ahora, como soy una maruja-actriz, no saco tiempo para pasearme por las tumbas, ya sabes...
 
¿Cuándo un comportamiento excéntrico es algo gracioso, socialmente aceptado, y cuando comienza a ser algo preocupante?
 
Es gracioso cuando tu desquicie no hace daño a los demás, ese es el límite. 
 
¿Hay cosas lo suficientemente serias como para no poder ser miradas con humor?
 
... el drama de los refugiados, por ejemplo, mira que yo me río de todo, pero se me hace difícil imaginar una broma sobre eso... tampoco puedo reírme con todo lo relacionado con el maltrato animal, y en eso los españoles somos bastantes salvajes, porque para cada fiesta tenemos un animal que maltratar... del mismo modo, con el sufrimiento de los niños es imposible hacer humor. De lo demás, de casi todo.
 
¿El humor es un mecanismo de defensa o una manera de estar en el mundo?
 
Creo que un mecanismo, al menos yo lo uso así, como cuando vas al dentista muerta de miedo y te entra la risa floja y te lías a decir cosas cómicas, chica, qué quieres...
 
Para ser actor, ¿qué se necesita?
 
No lo sé, ahora por lo visto se necesitan muchas cosas. Cuando empecé en este oficio, salí por primera vez a un escenario con 14 años a decir una frase (“el señor subsecretario le espera en la sala”) y la dije fatal... ¿qué se necesita? No lo sé... para ser actor cómico, desde luego la ‘madera’ no te la pueden enseñar. Esto es ser Pavarotti, te podrán enseñar mil cosas, cómo colocar la voz, cómo respirar, pero la materia prima la necesitas de fábrica. El actor tiene que tener un talento innato, luego aprenderá... Cuando he ido a la escuela de arte dramático de la Resad a ver un espectáculo, en seguida sabes, cuando ves a los actores, quién tiene ese talento y quién no... de todos modos, es distinto trabajar en televisión que en teatro; he estado en una serie en la que cualquiera podía interpretar un papel... dices una frase y cortan, una y otra vez... el teatro es otra cosa. La mía, como la anterior, es una generación que no hemos sido de escuela, que nos iniciamos con el meritoriaje, que consistía en que no te pagaban un duro e ibas aprendiendo, fijándote en los que sabían, puliendo, tú mismo, ese talento. 
 
¿Es injusta su profesión?
 
Yo qué sé... sí, hay gente muy buena que no llega, también gente que a mí me parece que no tiene valor y llega, pero a dónde... para mí ser una superestrella de alfombra roja de los Goya no tiene ningún interés; no cambio el poder salir a la calle sin prensa que te persiga por un éxito, quiero ser libre, seguir siendo libre y vivir de mi profesión. Por supuesto que me gusta el prestigio que tengo entre mis compañeros, pero que no trascienda más... además, no he sido guapa, nunca me ha besado un novio apuesto en una obra de teatro, he hecho siempre destrozonas, criadas, putas tontas, perdedoras, ya te lo he dicho... y me gustan.
 
Son más reales.
 
Sin duda. Y llevan un trabajo más bonito.
 
¿Hay relevo generacional a la altura de los predecesores, Isbert, Bódalo…?
 
Supongo que sí, aunque no te sé decir ningún nombre...
 
Y esos que han hecho el relevo, ¿vocalizan?
 
Enrique Jardiel PoncelaAy, chica, yo es que tampoco los entiendo cuando hablan, me dejas más tranquila... quizás es una forma de trabajar ahora y a los que se nos entiende somos los antiguos, no sé, no sé qué le ha pasado en la boca a estos jóvenes... Ah, hay un actor que me hace mucha gracia, Fernando Tejero... pero alguien que se pueda comparar con Bódalo, ya te digo que no hay... Bódalo era un actor que, tanto en drama como en comedia, era el mejor, el mejor, el más grande, para mí. 
 
Siendo nieta de Jardiel Poncela e hija de Alfonso Paso, ¿te queda espacio para ser tú mismo?
 
Anda, claro, mi vida ha sido tan distinta a las suyas... yo no he sido nunca una triunfadora, esto de ser hija y nieta lo llevo como si hubiera nacido rubia y con ojos azules. De pequeña te da igual, luego comprendes que eran unos genios y se sientes muy orgullosa, pero no es algo que me pese o me vuelva loca, es algo natural para mí... lo notaba más siendo más joven, porque cada vez que tenía que enseñar el carné de identidad todo el mundo me lo recordaba; según me voy haciendo mayor, esos nombres son menos conocidos entre la gente joven.
 
¿España es muy madrastra con sus genios?
 
Bastante. Pienso en mi abuelo, prohibido en la República, prohibido en el Franquismo... Y mi padre, que fue uno de los más importantes dramaturgos, ahora casi ni le conoce...
 
¿Cuál es la obra que más te hace reír?
 
De mi abuelo, ‘Eloísa está debajo de un almendro’, me parece sublime. También ‘El amor solo dura dos mil metros’.
 
¡En esa sale, como personaje, la Garbo!
 
Sí, sí, me fascina... de mi padre me gusta mucho la primera época: ‘Los pobrecitos’, ‘El canto de la cigarra’... son obras sociales, luego cambió su forma de escribir, cuando se separó de mi madre... También me encanta Mihura, ‘La tetera’, ‘Maribel y la extraña familia’...
 
¿Llopis?
 
¡A mi padre le encantaba, decía que era el mejor! Sí, y Ruíz Iriarte... con los Quintero que me he reído que me he matado, ¿y qué me dices de Arniches? ‘La venganza de la Petra’, ¡pero qué divertida, por favor! Esa forma de hablar... Son autores que la intelectualidad de hoy minusvalora, se agarran a Lorca y parece que no ha habido nada más en este país... y qué quieres que te diga, para mí Miguel Hernández nada tiene que envidiar a Lorca, de repente aquí, en España, nos da la neura, nos ponemos estupendos con algo y ¡hala!, ya se acabó. No soporto... yo soy más de la pata la llana...
 
¿El humor debería de ir de la mano de lo poético?
 
Sin duda, ese es –al menos a mi juicio, sin tener mucho de esto- el humor por autonomasia... ¡anda, mira qué palabra nueva me acabo de inventar! Autonomasia, como si fuera Belén Esteban... pero anota que he sabido que lo que quería decir era antonomasia, no vaya la gente a creer que ha sido un melenismo... venga, ¡vámonos a comer que no paramos de hablar!
 
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