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CERMI.ES semanal el periódico de la discapacidad.

viernes, 07 de abril de 2017cermi.es semanal Nº 253

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"3,8 millones de personas con discapacidad,
más de 8.000 asociaciones luchando por sus derechos"

Entrevista

Francisco Vañó, exdiputado del PP, distinguido como "Amigo de la Discapacidad” por el CERMI

"Para que nuestra discapacidad salga de nuestra cabeza y de la de los demás, la tecla que hay que tocar es la de la presencia, estar presentes"

07/04/2017

Beatriz Sancho

"Todo el mundo tiene un precio. Hay quien se vende por poder, por dinero, por la mescolanza de varias causas, y yo lo hago por vanidad", confiesa Francisco Vañó. Paco, como prefiere ser nombrado, lo expresa con una honestidad entrañable y con tanta naturalidad, al abismo casi de la carcajada que tanto frecuenta su semblante, que la connotación peyorativa de ese sustantivo, cae en gracia repentinamente, además de hacer gracia. Es tarea imposible hablar en serio con él, aunque cuando se consigue una entiende esa densidad a la que apela Paco: la magnitud que expresa la relación entre su guasa inherente y la esencialidad activista que le han erigido en, se me permita, "diputado de la discapacidad", además de "amigo".

Francisco Vaño recibiendo la distinción de "Amigo de la Discapacidad" concedida por el CERMITus compañeros y compañeras del movimiento asociativo de la discapacidad reconocen como "amigo", "mejor amigo" llegó a incidir su presidente, Luis Cayo Pérez Bueno, "de la discapacidad". Apelando a su sentido de la amistad personal, introspectivamente, desde su Yo más íntimo, ¿qué hace a Paco Vañó un auténtico "amigo de la discapacidad"?
 
Quizás que lo que más me mueva, me conmueva en la vida sea el propio ser humano. El ser humano me divierte y me interesa muchísimo. No tengo sensibilidad para la pintura, ni para una puesta de sol, ni para las flores que están ahí y en las que no sé repara. No me llegan estas cosas, no me provocan, no me excitan, pero lo que sí me apasiona, lo que sí me entretiene es el ser humano. ¿Todos?, preguntarás, pues el que me gusta porque me gusta y lo disfruto, y el que no, porque me hace cuestionarme su propia habilidad para que me caiga mal, y me impulsa a buscar en mi interior cómo ganármelo. 
 
De ahí quizás parte eso del "amigo de la discapacidad", como lo que más me divierte es el ser humano, a él me dedico constantemente, a hacer amigos. Y me jacto, y me lo creo de veras, aunque haya diez mil millones de personas que digan lo mismo que yo, de tener una de las mejores colecciones de amigos en el mundo, en muchos lugares, y me vanaglorio de que en ella mis amigos y mis amigas no se sustituyen o se reemplazan entre sí. Los acumulo.
 
Hay espacio para todos...
 
Eso es. Me satisface el saber y poder ir acumulando amigos, me divierte, me hace mucho bien. De hecho, gracias al Facebook, me acabo de reencontrar con una amiga que hacía más de 40 años que no veía. ¡Qué satisfacción, qué alegría! He ido a EEUU a verla y ella ha venido aquí.
 
Lo que te hace amigo de las personas, y más de las personas con discapacidad, podría ser tu manera exclusiva entonces de "saber incluir", algo tan demandado socialmente, la inclusión, desde el movimiento asociativo de la discapacidad. Quizás porque tú puedes mostrar, demostrar cómo incluir, a través de la amistad, con una personal ejecución podría ser didáctico para todos y todas.
 
Sí, claro, claro. Por mi discapacidad, me vinculo más a las personas con discapacidad, y es lógico que tenga más amigos con discapacidad, pero porque me gusta hacer amigos en general, ese es mi secreto. La forma en la que me desenvuelvo y mi propia discapacidad ha permitido que tenga más probabilidades de hacerme amigos con discapacidad, y hacerme más amigo de la discapacidad que otra persona sin ella. Pero aunque acumule amigos y amigas, también es verdad que una hace escalas por afinidades, y que además de enriquecerte con la variedad, hace que los lazos se estrechen con quienes son más afines.
 
Ahora trata de ponerte en la piel del CERMI y bajara tus actitudes particulares, qué tipo de compromisos has adquirido a lo largo del tiempo, y qué talante y voluntad activistas crees poseer para que la entidad te haya concedido la distinción de "Amigo de la Discapacidad".
 
Mucho tiene que ver con mi trayectoria dentro del mundo del movimiento asociativo de la discapacidad. Cuando me quedé parapléjico, hace 45 años, me incorporé bastante bien a la vida y, de hecho, me puse a trabajar en una empresa familiar, me casé, tuve hijos... es decir, me reincorporé a la vida. Un día me planteé estar al tanto de si había alguna asociación, de forma egoísta, por si salía alguna novedad, algún avance para mí como una silla más ligera, más cómoda de plegar... Comencé a estar en contacto con los demás y no olvidemos que la unión hace la fuerza. Se acababa de crear la Asociación Nacional de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos (Aspaym), pero yo me vinculé al mundo de la discapacidad, en principio, para estar al día de lo que pasaba en mi discapacidad, ya que, entonces, mi vida se desarrollaba independiente al mundo del asociacionismo.
Francisco Vañó, distinguido como "Amigo de la Discapacidad" concedida por el CERMI"Tengo mucho, muchísimo que agradecer al movimiento asociativo de la discapacidad porque, si bien es cierto le dediqué mucho tiempo, mucha energía, le saqué mucho provecho y me proyecté"
El caso es que me incorporé, con tan buena o mala suerte, para mí buena porque soy un poco vanidoso y me gusta figurar, que al poco tiempo de entrar me nombraron presidente de la entidad. También fui presidente después de otras entidades como Predif, y he vivido también distensiones que ocurren dentro del movimiento asociativo y, aunque me gustaba la historia de dentro, lo que no me gustó era el procedimiento del desarrollo de esa historia. Sin embargo, tengo mucho, muchísimo que agradecer al movimiento asociativo de la discapacidad porque, si bien es cierto le dediqué mucho tiempo, mucha energía, le saqué mucho provecho y me proyecté.
 
En el movimiento he hecho amigos estupendos, verdaderos, gente que merece la pena realmente, y también he encontrado personas a quienes no les caigo en gracia. Pese a todo, tengo que reconocer que soy un afortunado por haber tenido una lesión medular. En el congreso, durante el homenaje que estamos comentando, dije que casi estoy agradecido por haberme quedado paralítico, aunque extrañe a mucho. Y creo que esa distinción se me hace porque me he quedado en una silla de ruedas, pero, sobre todo, porque algunas personas han sabido ver que he evolucionado bien, que me he relacionado bien. 
 
Al convertirme en persona con discapacidad mucha gente me ha valorado, me ha reconocido. Pero no ha sido mérito mío, hay una cosa que me es congénita, el carácter con el que he nacido, y con él no tengo que hacer fuerza para ser mejor. He tenido la suerte de hacer cosas dentro del movimiento que he han lucido y me sentía en deuda, obligado a transmitir que debería devolver algo porque a mí me había ido bien. Eso me estimuló a hacer cosas, y como de hacerlas, me devolvían un reconocimiento, este me estimulaba aún más a seguir haciendo más. Además soy adicto a la gente, necesito a las personas.
Francisco Vañó, distinguido como "Amigo de la Discapacidad" concedida por el CERMI"Soy adicto a la gente, necesito a las personas"
¿Crees que todavía, desde el lugar y el momento en el que te sientas ahora, puedes ser aún más amigo, si cabe, de la discapacidad? ¿Cómo? ¿Qué propósitos o nuevos retos te planteas para seguir contribuyendo a enriquecer esta amistad?
 
Esta mención, sin querer, me obliga a ser más, mejor amigo aún de la discapacidad. Después de este reconocimiento, ya no puedo negar un favor a la discapacidad. Lo ha hecho muy bien Luis Cayo, primero me paga, y luego si me pide que vaya a gatas a San Sebastián voy, porque ya me lo ha pagado. A mí con la palmada en el hombro o el caramelo es como me compran siempre. Me lo das y ya me has comprado. 
 
De hecho, ahora que le mencionas, Luis Cayo en el acto que organizó en el Congreso aludió una posible virtud transformadora, en lo personal, de esta distinción. Concretamente dijo que este reconocimiento también podría ser "un motivo para, legítimamente, perfeccionarse, hacer de espaldarazo para que el reconocido -tú- tenga ese acicate o espoleamiento para mejorar, no para complacerse y acomodarse". 
 
Sí, sí... que me ha comprado. Lo que me pida Luis, lo tiene (ríe), me ha pillado el tranquillo, y cuando digo Luis digo el sector de la discapacidad.
"Esta mención, sin querer, me obliga a ser más, mejor amigo aún de la discapacidad"
Te tomas la discapacidad en serio, pero al mismo tiempo con humor. Prueba de ello es el título del libro que escribiste: 'Perdonen que no me levante', frase de Groucho Marx, pero con la que tú, personalmente, desdramatizas absolutamente su situación, y de la que te sirves. 
 
Me valgo de esa frase para romper el hielo con las personas con las que me relaciono, especialmente por primera vez, porque no quiero que estén pendientes de la silla de ruedas, sino que me vean a mí, que hablen conmigo. Sobre todo con las damas, por hacer la gracia. Como lo normal es levantarse y darles dos besos, les digo: "perdonen que no me levante". 
 
Cada vez menos, pero es que las personas, muchas, aún se quedan bloqueadas cuando hablan con alguien en silla de ruedas. La gente no sabe cómo actuar, no sabe si preguntar si necesito algo o no se atreve a pedirme lo que quiere. Pues que pregunten, y ya. Es muy sencillo.
 
De ahí me surgen preguntas. Entiendo que sobreactúas para que tu silla no sea el foco de atención en lugar de tu persona y las personas no permanezcan incómodas cerca de ti porque, vuelve a ser un acto egoísta, lo que te molesta es que no te traten a ti, que no te vean a ti por estar pendientes de la silla.
 
Justo, que no me traten a mí, y sí traten a mi silla o solo vean la silla.  
 
Francisco Vañó, distinguido como "Amigo de la Discapacidad" concedida por el CERMIPrecisamente. En 'Perdonen que no me levante' dices que eres una persona como cualquier otra, pero quizás "más sentada". Eso tiene gracia. ¿Me pregunto si también eres una persona más asentada? 
 
Claro, se trata de otra broma. Pero una broma que tiene su sentido. Es decir, personalmente sé muy bien donde estoy: sentado, pero detrás de esas bromas, soy una persona muy efectivamente sensata, y tras los chistes, quiero que no se me tome solo por un hombre simpático. Simpático puedo serlo, pero tengo una densidad dentro. La gente interpreta que uno que está siempre con la broma, no es serio. Y, personalmente, me sirvo de las broma porque me doy cuenta de que muchas otras personas marcan distancia con su seriedad. Al contrario a este estilo, el mío es tratar de crear acercamiento con la sonrisa, la broma, la amabilidad. 
 
Y recurriendo nuevamente a la imagen de la silla, desde la broma también, pero con más profundidad, ¿se sienta Paco Vañó, no física, sino metafóricamente, a observar lo que siente, lo que vive, lo que es importante fuera y dentro de él? ¿O estar en una silla no implica una invitación, una mayor probabilidad o disposición a sentarse a reflexionar en el propio ser, a autobservarse con mayor detenimiento? 
 
Es muy difícil la pregunta que haces. Sí que es cierto que tengo cierta densidad en mí, pero tampoco soy un filósofo (sonríe). Soy un ser humano con pensamientos, reflexiones y filosofías particulares como cualquier otro. Y tengo mis circunstancias, asumidas completamente, tal y como reflejé en una frase cuando trabajaba en el Hospital de Parapléjicos de Toledo y que hizo fortuna: "he tenido la suerte de sacar la silla de la cabeza y ponerla debajo del culo". 
 
La silla es otra característica más de mí y me he ido adaptando a ella porque mejoro si me "siento", como ser humano, en mis circunstancias, las siento y las acepto. A partir de ahí sí puedo filosofar, desde mis circunstancias. Sigo pensando y meditando, buscando respuestas como todo el mundo, cada día, y muchas de esas dudas no tienen que ver con mi silla, las busco como ser humano. Me busco constantemente, busco qué es lo que necesito.
 
Has conseguido en muchas personas, lo mencionas en su libro como una intención personal que late en tu humanidad, "un cambio mental, una modificación de esquemas, una desinfección de prejuicios" hacia la discapacidad. Pero, aunque hemos avanzado, no veas solo tu discapacidad, sino todas por favor, queda mucho para lograr en toda la ciudadanía. ¿Qué tecla, como diría Borja Fanjul, habrá que tocar, imagina conmigo, para que sea real ese justo, de justicia, anhelo y todos y todas logremos que nuestra discapacidad salga de nuestra cabeza y de la cabeza de los demás? 
 
Lo tengo claro. Tengo claro el diagnóstico, no el tratamiento porque son muchos años viviéndolo, muchos años pretendiéndolo, y muchos años queriendo y requiriendo ser igual que cualquier persona sin discapacidad. Cada cual tiene que quitarse de su cabeza su discapacidad, y personalmente me sirvo de la frase: "nadie vale para todo, y todos valemos para algo". Si alguien cree que por estar de pie vale más que yo, o más que Borja, o que cualquier usuario de silla de ruedas, por poner de ejemplo mi discapacidad, es mentira. Para algunas cosas alguien valdrás más que yo, y para otras yo más que él o ella. 
 
En el fondo cada persona con discapacidad tiene que saber que tiene sus limitaciones en determinados ámbitos. Lo que ocurre es que mi discapacidad es muy evidente y muy invalidante de cara al público. Hay quien piensa que por ir sentado mi coeficiente intelectual es más bajo que el suyo o que mis capacidades resolutivas son menores, y lo peor es que he comprobado que esto es muy humano y que lo entiendo.
Francisco Vañó, distinguido como "Amigo de la Discapacidad" concedida por el CERMI"Haber estado en el Congreso doce años vendiendo la discapacidad ha liberado a muchas personas, no a todas, pero sí a muchas"
La forma de solucionarlo, la tecla a la que aludías es vivir mucho, en primera persona y en muchos ámbitos. El hecho de, en mi caso, haber estado desenvolviéndome en el Congreso doce años, haber conseguido vender mi discapacidad, mis posibilidades, mis capacidades, pero no las mías propias, sino las de un sector poblacional al que represento, el de la discapacidad, no te puedes imaginar cuánto ha liberado a muchas personas, no a todas, pero sí a muchas. 
 
He conseguido que me hablen de mí, que me miren a los ojos, no a la silla, y sin compasión. Logré ser parte del medio ambiente, los diputados no hacían un silencio cuando tenía que intervenir en la mesita que ahora le ponen a Nacho Tremiño, todo el mundo tenía asumida mi discapacidad. La tecla es la presencia. Para que nuestra discapacidad salga de nuestra cabeza y de la de los demás la tecla que tenemos que tocar es la de la presencia, la de estar presentes. Si nos tocan tangencialmente no se enterarán de nuestra discapacidad. Si conviven con nosotros y nosotras, verán nuestras posibilidades.
"Si nos tocan tangencialmente no se enterarán de nuestra discapacidad. Si conviven con nosotros y nosotras, verán nuestras posibilidades"
Luego visibilizar la discapacidad, vivirla en primera persona y demostrar nuestras capacidades mediante nuestra presencia en todo ámbito sería una vía para que la sociedad normalice la discapacidad, deje de verla como algo externo y la vea como una parte de sí, incluida en ella.
 
Eso es. En todo ámbito en el que me he involucrado, mi entorno se ha familiarizado con la discapacidad. Es cuestión de conocerlo. No pretendo que conozcan la discapacidad para que la amen, no pretendo tanto. Pero conocer la discapacidad es conocer su dimensión y darte cuenta de que existe. Tenemos nuestras limitaciones, pero los que no tienen reconocida una discapacidad también las tienen. Lo que pasa es que las de la mayoría de las personas con discapacidad son muy evidentes respecto a las del resto.
"Conocer la discapacidad es conocer su dimensión y darte cuenta de que existe"
¿Y cuando la discapacidad es invisible, como es el caso de la enfermedad mental y, sin embargo, justo por el enorme estigma que conlleva, la persona que tiene esta discapacidad, al contrario de reivindicar la presencia de esta, elude compartirla, hacerla presente, evidente a los otros ojos para poder esquivar los dolorosos, dolorosísimos prejuicios y la hostilidad imperantes, con tanta presencia, en el entorno?
 
Ignorancia, ignorancia, ignorancia. Hay que hacer por visibilizarla. ¿Y cómo se hace? ¡Mecanismos hay!. Por ejemplo: qué buena campaña, desde hace años, llevan haciendo Down España para las personas con síndrome de Down. Todo el mundo tiene asumidas a las personas con síndrome de Down como normal y natural. La enfermedad mental no.

No existe una buena campaña para normalizar a las personas con problemas de salud mental. Hay que visibilizarla, decirle a la ciudadanía no les tenga miedo, no les coja manía, que no tengan prejuicios y que las personas con problemas de salud mental son personas mentales, y que si lo comprueban, aunque en momentos puntuales puedan tener una crisis, son perfectamente para capaces hacer este trabajo y este otro, e infinidad de cosas en todo ámbito, como todo el mundo. Luego hay que advertir que estas personas tienen que tener un cuidado persona en tal y cual aspecto, como el estrés, informar que tienen un tratamiento, etc. 
 
Hay que tener en cuenta que hace 50 años a los usuarios y las usuarias de silla de ruedas nos escondían. Era una maldición de Dios. Nos escondían porque la gente pensaba que algo habríamos hecho para estar así. Y nos tenían en casa porque nuestros propios progenitores pensaban que dentro del hogar ellos podían cuidar mejor de nosotros que fuera y darnos el cariño y el amor que no íbamos a encontrar fuera, creían que la sociedad, si salíamos, nos iba a tratar mal.
"No existe una buena campaña para normalizar a las personas con problemas de salud mental"
La sobreprotección, tan mentada actualmente en el movimiento asociativo de la discapacidad como un tipo de violencia, ¿no te parece?
 
Sí. En la enfermedad mental el problema es que los propios interesados, los padres, prefieren no hablar de la discapacidad de sus hijos para que las demás personas no les pongan barreras o evitar que no se les acepte, y lo que quieren es que se les trate como si no les pasara nada. No, perdona, hay que decir: a mi hijo le pasa esto, no tiene más que este riesgo con el estrés, tiene que cuidarse de esto y aquello, y ya está. Hay que normalizarla los problemas de salud mental con naturalidad.
 
Compartir conocimiento...
 
En la medida que me ha conocido la gente, me han aceptado mejor, lo cual no significa que les caiga bien o que me quieran. Siempre he sido un demandante de mejora de empleo y les decía a quienes me hacían la entrevista en ese momento que me probaran, que no se casaran conmigo, pero sí que me dieran la oportunidad, y que si les gustaba, me contrataran, y que si no, sin pena, no lo hicieran. Ahora, tras haber sido diputado, que viste tanto, me encuentro con personas a las que pedí empleo de joven y me preguntan: "pero, ¿cómo no te contraté, Paco?". Pues porque no me quisiste probar, les digo. No hay que pretender que nos quieran, pero sí que nos traten y que nos den una oportunidad de demostrar nuestras capacidades.
 

Francisco Vañó, distinguido como "Amigo de la Discapacidad" concedida por el CERMIY encima logras que se desprejuicien ellos...

 
Luego es mérito nuestro si lo hacemos.
 
Claro, porque si al probarnos se logra que quien nos prueba disuelva sus propios prejuicios, el acto de caridad repercute en el que ha logrado ver lo que no veía, disolver sus miedos, y no a la inversa.
 
No lo había pensado así. Pero me viene a la cabeza que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.
 
Luego habrá que amarse a uno mismo, por y con amor igual al prójimo,  para estar presentes y lograr demoler esas barreras mentales y físicas existentes en acto de caridad hacia las personas sin discapacidad...
 
Sí, es imprescindible amarse a uno mismo. Si tú no te quieres, ¿cómo quieres que te quiera yo? Si yo no me acepto como soy, si yo no me quiero, ¿cómo pretendo que otra persona sí me quiera? Esa persona no es tonta. Si uno aprecia su persona, es consciente de sus encantos, lo mismo convence a alguien, entra al trapo, y le enamora. Pero si uno no se quiere a sí mismo, no puede pretender que otro se quede con él o ella, que le quieran.
 
Cuéntanos un poco, dada tu trayectoria, y especialmente por haber sido diputado vinculado a la sociedad, de esos que llegan a ejercer su función de parlamentarios promoviendo el propio compromiso con la sociedad, en tu caso, defendiendo la causa de la discapacidad, el camino atravesado para pasar una España-páramo, en materia de derechos para las personas con discapacidad e inaccesibilidad, a una España algo menos desangelada.
 
Esto enlaza con lo decía antes. Pensé que si me metía en este ámbito podría vender a alguien la imagen para venderles algo, que entren en mi tienda es fundamental y lo consigo mediante un escaparate atractivo. Y lo que he pretendido siempre es que las personas compraran la discapacidad, no la mía, la discapacidad en general. 
 
En el fondo, me he sentido responsable de la ciudadanía con discapacidad, más que del PP de Toledo, porque me he visto como su representante y creía que las personas con discapacidad pensarían que según lo hiciera yo, podrían ellos y ellas más tarde hacer más o menos. Sentía una gran responsabilidad porque si metía la pata, la metía para muchas personas con discapacidad, somos muchas personas. 
"En el fondo, como diputado me he sentido responsable de la ciudadanía con discapacidad, más que del PP de Toledo, porque me he visto como su representante"
Así que tenía que reivindicar, pero no de forma impetuosa, sino buscando un punto de equilibrio y, por mi forma de ser, conseguí algunas cosas. De hecho, tenía fama de pastelero, que en política es quien se lleva bien con todos, y utilicé la silla para sacar algún provecho. Ya que la tenía, la tengo, me permití a través de ella, sin ponerla en el centro de mi vida, sacar la parte tierna de las personas. Procuré que se llegase a acuerdos, que unos cedieran un poco y los otro también.

En el tema de la discapacidad debemos estar todos unidos porque se le debe tanto para que nos pongan en la misma línea de salida que el resto de la ciudadanía... No quiero que me den más, pero sí la opción a que, por ejemplo, me entrevisten y si no me entrevistan jamás saldré en un medio, ni se dará visibilidad a la discapacidad. 
 
En el Congreso, en un primer momento, hicimos fuerza para que se quedara la Comisión de Discapacidad. La Comisión de la Discapacidad no existía y se quedó una Comisión no permanente y no legislativa durante la primera legislatura que fui diputado, que fue la de 2004. En la siguiente, se convirtió en permanente y no legislativa, y así estuvo dos legislativas. Y en esta última, sí que se ha conseguido que sea también legislativa.
 
Luego desde que empiezas en política, en el año 2000, crees que hemos mejorado algo en cuanto a derechos...
 
La discapacidad ciertamente ha evolucionado, el CERMI ha tenido mucho, muchísimo que ver. También Fundación ONCE ha hecho una gran labor de proyección social de la discapacidad. Pero el CERMI con Luis al frente, que es una máquina, está haciendo mucho. Lo bueno del presidente de la entidad estatal es que te propone una algo y, junto a la propuesta, varias soluciones diferentes. Ante esto no te puedes negar.
 
Honestamente, tu paso por la política, ¿ha sido una expansión de ese deseo juvenil, común a tantos, de mejorar "la sociedad, lo colectivo, lo que pertenece a todos"? 
 
Estuve haciendo política de "segundo nivel" durante años en el asociacionismo; Aspaym, CERMI, Predif... Eso es también política, y porque me considero afortunado considero que debo devolver algo, pero no me requiere un esfuerzo, sale del alma. 
 
En la política, ya que estaba allí y mi vanidad es mi gran defecto, pero me funciona, quería hacer algo que tuviera valor. Hay personas con discapacidad que me dicen: nos has favorecido mucho. Pero, honestamente, el más favorecido he sido yo.
"Hay personas con discapacidad que me dicen: nos has favorecido mucho. Pero, honestamente, el más favorecido he sido yo"
¿Qué crítica íntima o infección o contagio personal de haber estado en el mundo de la política te llevas? 
 
Tampoco soy yo un político apasionado, yo sintonizo con el PP porque comulgo en muchas cosas, pero no en todo. Lo único que lamento en lo más íntimo de mi ser, en lo más íntimo, porque estoy contento y muy satisfecho de haber estado en política, y ha significado un orgullo, un honor para mí, pero que no parezca que respiro por ninguna herida, es que en diciembre del año pasado pusieron a la presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, de número 1 de la lista. 
 
Esto provocó que me quedara fuera, pero es mi jefa, y es una manera elegante de ir hacia atrás en la lista. Supe que no saldría y lo acepté. Pero después, tras despedirme mediante una carta a todo el mundo, agradecido, en las siguientes elecciones de junio, el número 3, que iba delante de mí, el secretario de Estado de Defensa, Agustín Conde, se retiró, y me dijeron que volvía al ser el número 3.
 
Ya me habían dado el caramelito, ya estaba tan contento, tan ilusionado nuevamente y, poco después, me dijeron que iba otra persona en ese lugar, que no tiene culpa alguna, como cuando me metieron a mí, imagino, pero con lo vanidoso que yo soy... 
 
Lo cuento porque es mi manera de llorar, una anécdota, pero ojo, lo que realmente me pesa por mi paso en la política porque no lo he podido concluir, lograr del todo, aunque haya logrado que mucha más gente vea con otros ojos a las personas con discapacidad y que nos vea más, es que lo hagan poniéndonos al mismo nivel que consideran que están ellos y ellas. 
 
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