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viernes, 06 de septiembre de 2019cermi.es semanal Nº 357

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"3,8 millones de personas con discapacidad,
más de 8.000 asociaciones luchando por sus derechos"

Entrevista

Consuelo del Moral, Arquitecta urbanista, profesora e investigadora de la Universidad de Granada

“La lucha por la accesibilidad universal estará más pronto que tarde en manos de la ciudadanía, y los políticos tendrán que cambiar el chip”

06/09/2019

Beatriz Sancho

Aunque muchos hayan olvidado la Responsabilidad Social de los arquitectos, Consuelo del Moral la lleva por montera. Su objetivo son las personas, y de ahí que defienda que si la docencia y la investigación están en la Universidad, y la transferencia del conocimiento en las empresas privadas, en la accesibilidad hace falta, “y mucho”, que las organizaciones de personas con discapacidad se sumen, ya que sin ellas “no podemos hacer nada”. Precisamente, está empecinada, como testadura y luchadora que es, en lograr publicar artículos en revistas de impacto para transmitir a los arquitectos las necesidades de las personas con discapacidad, y así poder solucionar “satisfactoriamente" todas las reformas.

Consuelo del Moral, arquitecta urbanista, profesora e investigadora de la Universidad de Granada  ¿Por qué decides hacerte arquitecta urbanista?
 
Desde siempre tuve claro lo de ser arquitecta, y lo de urbanista, quizás se debe a la asignatura de urbanismo, la que más tractiva me resultó de la carrera, porque ese ámbito del conocimiento, de cara a la Responsabilidad Social, que es la esencia de la arquitectura, me permitiría materializarla mucho mejor.
 
Para la bueno y para lo malo los arquitectos diseñamos todos los espacios, desde la casa hasta la ciudad, y hacemos posible que se construya, de ahí que nuestro objetivo sean siempre las personas. Sin embargo, esto de la Responsabilidad Social no sé si lo tenemos claro como sociedad. Yo entonces lo tenía, y por supuesto lo sigo teniendo muy claro, pero no sé si todos los compañeros de profesión lo contemplan.
 
¿Te refieres a la Responsabilidad Social en la arquitectura? Parece haber una crítica velada entre tu primer contacto con el término y su materialización por parte de los profesionales…
 
Sí. De hecho, un profesor de la Escuela de Arquitectura de Barcelona me dijo en una ocasión que era la primera que había escuchado a alguien rememorar lo de la Responsabilidad Social en la arquitectura. Es un término que, prácticamente, no utilizamos ni en las clases, ni en investigación, ni en ningún lugar. Obviar la Responsabilidad Social significa no desempeñar bien la profesión. 
 
¿Cómo y por qué terminas de directora del Área de Accesibilidad Universal, perteneciente al Secretariado para la Inclusión y la Diversidad del Vicerrectorado de Responsabilidad Social, Igualdad e Inclusión de la Universidad de Granada (UGR)?
 
El Área de Accesibilidad Universal ha dejado de existir por ahora, porque están cambiando el vicerrectorado, aunque la rectora sigue siendo doña Pilar Aranda. Lo llamarán de un modo diferente, e imagino que para el inicio del curso quedará decidido. 
 
Llegué a esta área de accesibilidad a través de la profesora e investigadora doña Esperanza Alcaín, bien conocida en CERMI, una de las mejores expertas en discapacidad no solo en España sino fuera de nuestras fronteras. Habíamos coincidido en distintos eventos, y me llamó para el cargo.
 
La experiencia de cuatro años compartida ha sido muy enriquecedora para ambas y ha influido incluso en las líneas de investigación en las que estoy inmersa actualmente. A ese cargo llegué gracias a toda la trayectoria de años en materia de accesibilidad universal.
 
Consuelo del Moral, arquitecta urbanista, profesora e investigadora de la Universidad de Granada  ¿Quieres bosquejar alguna de las líneas de investigación en las que estás sumergida actualmente que tengan que ver con accesibilidad universal?
 
Trabajo fundamentalmente en dos ámbitos. Uno es propio del diseño y construcción de la ciudad, puramente técnico, en el que estamos realizando una herramienta tecnológica para vivienda accesible, que hemos ampliado con otra para edificios de concurrencia pública, y que presentaremos en breve. Es un trabajo para edificios existentes, pero también puede aplicarse para obra nueva.
 
En vivienda accesible la herramienta informática permite diagnosticar problemas de las viviendas, ya sean unifamiliares, plurifamiliares, públicas o privadas, y en función a una base de datos, dar la solución más adecuada para cada problema.
 
En el caso de los edificios de concurrencia pública, con una metodología diferente porque no tienen que ver con los edificios residenciales, tratamos algo similar para obtener datos en relación a la accesibilidad, pero también para poder proponer las actuaciones más adecuadas.
 
¿Y el otro ámbito de trabajo al que también te dedicas?
 
El de la discapacidad. Mi objetivo, durante estos últimos cuatro años “de gloria” en Accesibilidad Universal de la UGR, ha sido que el diseño para todas las personas quede integrado en todas las titulaciones tanto de grado, como de postgrado. Me centro en las técnicas de mi ámbito, pero no abandono el resto, y estamos realizando guías docentes, así como planes de estudio realmente implementados porque, ahora mismo, carecemos de ellos.
 
¿Cómo se logra materializar esta aspiración, este más que justo objetivo y que es un derecho aún no respetado de las personas con discapacidad?
 
En realidad, solo se trata de cumplir la norma. Todos los títulos de grado y postgrado están reglados bajo la normativa española, así que lo que hay que hacer es ir al contenido global y trabajar fundamentalmente en competencias para el alumnado, todo el tema de evaluación del alumnado y, en cada caso, determinados contenidos.
 
La gestión la habíamos comenzado en algunas universidades públicas y privadas. No podemos dejar ninguna de las áreas de conocimiento de ninguna titulación sin trabajar esto porque hemos comprobado, mediante un estudio, que se puede hacer. Se puede intervenir en contenidos, en competencias y en las evaluaciones del alumnado dando instrucciones de cómo podríamos mejorar la docencia. Tiene que aparecer el diseño para todas las personas en todas las titulaciones, y ahora mismo esto no ocurre.  
 
Consuelo del Moral, arquitecta urbanista, profesora e investigadora de la Universidad de Granada  La última publicación de la Fundación ONCE al respecto lo dice claramente: poquísimos grados y postgrados lo contemplan, a pesar de que la Ley de igualdad de oportunidades, no discriminación y accesibilidad universal de las personas con discapacidad, de 2003, dice que ya lo teníamos que haberlo hecho. Debe de darles un poco de miedo hacerlo.
 
¿De dónde o de quiénes surge este anhelo?
 
Era un empeño personal y fuerte de Esperanza Alcaín, y como las dos lo teníamos muy claro lo de diseño para todos, pero de verdad, en todas las titulaciones, lo realizamos en la Universidad de Granada, con sus logros y menos logros. Al profesorado, en general, le encantó. No hemos podido realizarlo del todo por meros problemas burocráticos, pero espero que en este mandato sí que lo consigamos.
 
Lo que hicimos fue trabajar en cómo se montaron tanto los grados como los postgrados con la llegada de Bolonia que, curiosamente, tiene mucho que ver con esta idea de trabajar tanto en las competencias transversales, como en las específicas para cada una de las ramas que tenemos ahora mismo en España.
 
¿Cómo fue el camino para que ese diseño para todos, en un futuro próximo, aparezca en todas las titulaciones?
 
Estuvimos trabajando en Granada con todo el profesorado que quiso adherirse a una formación que llamamos: “Seminario de inclusión para todas las personas en las titulaciones de grado”. Solo lo hicimos con grado, pero la metodología sería la misma para postgrado. 
 
Realizamos una formación básica en discapacidad, otra sobre la legislación que nos obliga como docentes de la Universidad a introducir el diseño para todos, hasta llegar a las propias guías docentes de las asignaturas de aquellos que quisieron participar en el seminario.
 
De la teoría bajamos a la práctica, y conseguimos un consenso por parte del profesorado de que, efectivamente, no es tan difícil y de que, simplemente, se trataba de un desconocimiento total porque los docentes no sabían ni qué era un alumno con discapacidad exactamente, ni sus necesidades, sin lo cual no sabían darles una solución a los problemas de accesibilidad.
 
Fue gratificante. El profesorado estuvo totalmente entregado y el fallo, insisto, estuvo en la burocracia, en cómo montar los nuevos planes, cómo reajustarlos. Fue un poco complicado para el ministerio, que es, en definitiva, quien tiene que dar el último visto bueno. Pero es posible, y esa es la conclusión. Aquí en Granada lo comprobamos. 
 
Ese desconocimiento es una de las claves para los técnicos que diseñamos y permitimos la construcción de los espacios. Si no sabemos las necesidades de todas las personas, difícilmente podremos satisfacerlas convenientemente. 
 
Esto es lo que pasa ahora. Hacemos obras, cuestan mucho dinero y si las comparas con la normativa tienen fallos importantes que no se ajustan a la normativa técnica pura y dura. Y eso está resuelto en la Universidad o debería resolverse. 
 
Consuelo del Moral, arquitecta urbanista, profesora e investigadora de la Universidad de Granada  Luego vuestro trabajo, aunque estéis en la Universidad de Granada, tiene la mira puesta a nivel estatal…
 
Sí, incluso internacional porque también trabajamos con otras personas que están realizando experiencias similares en otros países, y analizamos resultados. Si no llegamos a la Universidad, la investigación no existirá, y la transferencia de conocimientos menos. Esto estaría muy mal.
 
¿Por qué es necesario comulgar, comunicar, compartir el conocimiento entre países para que todo el mundo avancemos en accesibilidad e inclusión plena de las personas con discapacidad, de todos, dado que la accesibilidad es para todos?
 
Es muy necesario, y para lograrlo tenemos esa herramienta del Congreso Internacional "Universidad y Discapacidad", así como los artículos de impacto, algo más complicado para los arquitectos que nos dedicamos más a lo social que a lo puramente técnico, porque sufrimos un maltrato por estar en la “línea roja”. Estamos en tierra de nadie porque está todo categorizado en ramas y tipos, y nuestra especialidad está en medio.
 
En relación a la herramienta de viviendas accesibles, mi compañero Luis Delgado y yo intentamos publicar revistas propias de arquitectura con los avances que habíamos obtenido, pero no fue posible, y acabamos haciéndolo en una revista de economía muy bien posicionada y con éxito, pero es algo raro porque esa revista está especializada en análisis multicriterio. 
 
Es importante publicar artículos en revistas de impacto en los que podamos transmitir la necesidad de las personas con discapacidad y cómo en manos de los técnicos está el solucionar las reformas satisfactorias, no de cualquier forma.
 
¿De qué modo estás vinculada al Congreso Internacional "Universidad y Discapacidad" organizado por la Fundación ONCE cuya V edición celebraremos en 2020? ¿Y por qué la Universidad es el "marco idóneo", como dijo el Gobierno en la IV edición, donde poder corregir cualquier tipo de desigualdad y aprovechar el talento de todas las personas? 
 
Estoy en el comité científico desde el que abordamos desde el título del nuevo congreso, hasta los temas más relevantes en función de la realidad y donde analizamos las ponencias, las comunicaciones, etc. 
 
Respecto a la segunda cuestión, todavía falta. En la teoría vamos bien, pero en la práctica: ahí están los datos de las personas con discapacidad que acceden a la Universidad. 
 
Ese es nuestro gran problema, en parte derivado de que la Educación, en etapas anteriores, no contemplara o no estuviera ajustada a la realidad porque suponía mucho esfuerzo humano, económico y de infraestructura –lo decís vosotros en CERMI ahora con la directiva europea- y, por otro lado, a que una parte del profesorado y los gestores de la Universidad tienen reticencias y les da bastante miedo. Temen a lo desconocido, y como no se sabe cómo saldrá, se quedan quietos. 
 
¿De qué tienen miedo, de salir de su zona de confort?
 
Sí. De la experiencia que hemos obtenido estos años, se observa que como los profesores tienen protocolos muy claros de cómo enseñar y, además, se los han aprendido, innovar en la docencia, para enseñar de otra forma, les provoca dudas “razonables” y esgrimen que no quieren evaluar de forma distinta a unos alumnos y a otros. 
 
Hay una parte del profesorado que piensa que dar más tiempo en un examen a una persona porque le cuesta escribir es darle facilidades. Si además tenemos la mala suerte de que esos docentes están en puestos de gestión, el cambio se ralentiza.
 
Consuelo del Moral, arquitecta urbanista, profesora e investigadora de la Universidad de Granada  Esto es como decir que algunos, por si sale mal, proponen o intentan que lo hagan otros bajo su mandato, posteriormente, y mientras las personas con discapacidad que esperen... 
 
Sí.
 
En una serie de ficción (Scandal) se narraba el supuesto de que el congreso de los EEUU aprobara por ley la gratuidad de la Universidad. El partido conservador se llevaba las manos a la cabeza pensando en que minorías como hispanos, personas de color, con pocos recursos económicos y otras características minoritarias, terminaran con una carrera y, por tanto, con la posibilidad de dirigir el país o grandes empresas o fortunas en el futuro. ¿Podría extrapolarse este ejemplo a las personas con discapacidad en nuestro país? ¿Existen personas influyentes en nuestra sociedad ignorantes y/o con prejuicios que no quieran contemplar que una persona con discapacidad esté en estos lugares estratégicos para la economía, el conocimiento, la innovación?
 
Sí. Efectivamente, por miedo a lo desconocido, pero incluso porque piensan que no se lo merecen. Algunos podrían estar pensando en este momento que realizar tanto esfuerzo en múltiples ámbitos no tiene mucho sentido para el número de personas que se ven afectadas. Es otra trampa del pensamiento. 
 
Al final se perpetúa el mismo tipo de personas en un eterno juego de tronos casi nominativos… 
 
Exacto. 
 
Sin embargo, se supone que “la educación superior y la Universidad son motores de cambio para la inclusión”. Así se dijo al menos en el IV Congreso Internacional ‘Universidad y Discapacidad’… Impedir que todos accedan a estos estudios es una manera sibilina de gobernar el mundo…
 
Está claro. ¡Pongo una línea que algunos no podrán traspasar!.
 
Así perdemos una cantidad tremenda de talento por el camino… 
 
Sí, y el tema es complejo. Por poner un ejemplo concreto, respecto una alumna con esquizofrenia de nuestra Universidad. Se cuestionó que cómo la íbamos a dejar acabar su titulación, si luego no iba a poder trabajar.
 
Pero, ¿quién lo ha dicho? Lo que no saben estos docentes o gestores universitarios, ni nadie, es cuántas personas con esquizofrenia u otras enfermedades mentales actualmente están desempeñando sus profesiones y optan por no decirlo, precisamente, para evitar ese tipo de prejuicios, ignorancia sideral y la exclusión social y laboral…
 
Sí, surge el miedo, pero la cuestión es cumplir la norma, que para eso está. Algunos trabajamos en esa línea investigando cómo hacerlo mejor para que se dé esa realidad en la Universidad, y todos esperamos que más pronto que tarde se realice esta accesibilidad. 
 
Dentro de tu bagaje cómo docente en el extranjero, ¿cuál es la experiencia más enriquecedora desde el punto de vista de la accesibilidad y por qué? 
 
El Programa Europeo Leonardo da Vinci, 2008-2010, colaborando en la docencia y en el asesoramiento para la Comunidad Autónoma de Andalucía del proyecto “Design for All” de la Red ENSA. Fue una especie de red que funcionó hasta 2012. Se realizó con varias escuelas de arquitectura y urbanismo Francia, Bélgica y Suecia, y finalizó con un concurso para intervenir una zona urbana de las afueras de París que tenía múltiples problemas.
 
De entre todos los contratos y proyectos de investigación en el ámbito nacional e internacional en los que has colaborado, ¿cuál señalarías como más suculento, enriquecedor o benefactores para las personas con discapacidad? 
 
El de las viviendas accesibles que comentaba al principio, que fue doblemente premiado: por una parte, por la Junta de Andalucía, y por otra, por la Bienal de Arquitectura y Urbanismo
 
Consuelo del Moral, arquitecta urbanista, profesora e investigadora de la Universidad de Granada  Además de preparar la herramienta de diagnóstico y propuesta de soluciones para cualquier tipo de vivienda, fue importante por el dinero que nos dieron, que era mucho; porque por primera vez la vivienda accesible formaba parte de las subvenciones de vivienda de la Junta para múltiples proyectos de investigación; porque contamos con antiguos alumnos, una pasarela de la profesión, y por el propio resultado en sí, ya que tras muchas discusiones con la Junta de Andalucía, logramos que aceptara que las viviendas unifamiliares estuvieran también ahí. La mitad de la población vive en viviendas unifamiliares, y esas personas se merecían también que solucionáramos sus problemas.
 
¿Hacia dónde debe caminar la accesibilidad universal y hacia dónde la accesibilidad en la Universidad? ¿Estaría hilado el camino de esta última con la innovación en la docencia?
 
Sí que está hilado. La accesibilidad universal, y esto es un deseo, lucho por eso, debería ser una disciplina dentro del conocimiento como tal, porque lo es y porque merece que esté ahí. Quiero pensar que vamos en la buena dirección porque la ciudadanía, y las organizaciones, en este momento, están mucho mejor informados, formados y, por supuesto, son más luchadores. 
 
Igual soy ilusa, pero la lucha por la accesibilidad universal estará más pronto que tarde en manos de la ciudadanía, y los políticos tendrán que cambiar el chip.
 
Enlazando con esto, el ámbito del conocimiento está en la Universidad, claro. Sin Universidad no hay docencia, no hay investigación y no hay transferencia de conocimiento, con lo cual tendremos que luchar desde dentro, desde fuera, colateralmente, para que esto sea una realidad.
 
La innovación la metemos en todo: en docencia, en investigación y en transferencia, porque si no innovamos en docencia, a su vez, iremos mal en investigación. La investigación nos sirve para innovar en la docencia. Se retroalimenta. 
 
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