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viernes, 05 de julio de 2019cermi.es semanal Nº 353

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Opinión

En la buena dirección

La soledad mata

José Manuel González Huesa, director cermi.es semanal y director general de Servimedia

05/07/2019

José Manuel González Huesa, director cermi.es semanal y director general de ServimediaEsta columna me ha costado mucho escribirla. He dudado si publicarla o no. Al final, me he animado. Creo que el asunto merece ser tratado en los medios de comunicación y provocar una reflexión en la sociedad. Es una cuestión de la que muy pocos quieren hablar. Se mira para otro lado. Según la Organización Mundial de la Salud, es una de las principales causas de fallecimiento en el mundo. El problema es que va a más. Este artículo quiere ser un homenaje a las personas mayores, a los casos como el de Manolita que intentó suicidarse y solo la suerte y su falta de atrevimiento hicieron que fuera un intento más, un dato apenas conocido y, por tanto, excluido de las estadísticas.
 
Todo ocurrió el domingo 9 de junio, el mismo día de la final de Rafael Nadal en Roland Garros, donde ganó su decimosegundo título parisino. El segundo set del partido de tenis estaba muy igualado y yo me iba poniendo nervioso, como si estuviera jugando, y eso que estaba en mi casa, en Madrid, viéndolo por televisión.
 
Abrí la ventana, corrí el visillo para que entrara un poco de aire y de repente, vi a una señora mayor, de unos 80 años, bien vestida y muy peinada. Me llamó la atención que la ventana le llegara por la rodilla. Parecía subida a un taburete. La sorpresa surgió cuando puso un pie en el alféizar e intentó lanzarse al patio desde un quinto piso. 
 
Los hechos sucedían a cámara lenta. Solo nos separaban unos diez metros, la distancia que podía haber entre su ventana y la mía. Los dos estábamos en diagonal. No dejaba de mirarme. Y, por medio, el patio, muchos metros más abajo. Nunca la había visto antes. Vive en el portal de al lado.
 
Me quedé perplejo y solo supe decir: “Señora, tranquila, de un paso atrás, cierre la ventana y métase en casa”. Pensé que era algo pasajero pero a los pocos segundos volvió a asomarse a la ventana, subirse al taburete y poner otra vez el pie en el alfeizar. Entonces, mi corazón aumentó sus pulsaciones. Volví a intentar calmarla, ella me miraba, parecía que le inspiraba respeto y dio un paso atrás pero volvió a acercarse a la ventana e intentó saltar de nuevo. En ese momento mi familia me ayudó. Mi hija marcó el 112 y yo les expliqué lo más sereno que pude la situación, lo que estaba pasando y mi mujer bajó corriendo a avisar al portero del portal de al lado. Ella me observaba. Yo no dejaba de hablarla. Fueron unos minutos angustiosos. Por suerte, en poco tiempo vino la Policía y un agente entró en la casa gracias a la llave que le dejó el portero y todo pasó a estar bajo control de las autoridades públicas.
 
Manolita salvó la vida ese día. El problema es que estaba sola y son cientos los ancianos sin compañía o abandonados a su suerte. En este caso ella no supo o no quiso comunicar a su familia lo que le estaban pasando. Ni los familiares ni los especialistas ni los vecinos pudieron detectar lo que ocurría. 
 
Esto es una llamada a la sociedad para que todos seamos conscientes del peligro que tenemos delante de nosotros sin muchas veces tener la capacidad o el valor de afrontarlo. Cada año hay más suicidios que muertes en la carretera. No puede ser. No más suicidios. La soledad mata.
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