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Opinión

La soledad no deseada y las personas con discapacidad mayores

Por Álvaro García Bilbao, presidente de la Comisión de Envejecimiento Activo del CERMI

12/10/2020

Álvaro García Bilbao, presidente de la Comisión de Envejecimiento Activo del CERMILa “soledad no deseada” (SND) se puede definir como un sentimiento subjetivo diferente para cada persona. Por regla general no existen signos o síntomas observables que indiquen si una persona se siente o no se siente sola, por ello su diagnóstico ha de estar basado en la información ofrecida por la propia persona sobre sus experiencias internas y a partir de ahí intentar diagnosticarla. La soledad es de difícil medición cuantitativa pues aún no existe un acuerdo común sobre cómo medirla, pero se vive con profundo malestar pudiendo derivar, en mayor o menor medida, en problemas de ansiedad, depresión, problemas de frustración, autoestima, miedo a enfrentarse a situaciones sociales, etc. 
 
Es importante distinguir entre soledad impuesta y soledad elegida. Existen diferencias evidentes entre “sentirse solo” y “estar solo”. Mientras la experiencia de “sentirse solo” siempre está asociada con algo no deseado, “estar solo” puede ser una experiencia derivada de una decisión personal con el objetivo de incentivar un aprendizaje, la creatividad, la reflexión o la concentración, es decir, cuando el aislamiento social es algo voluntario no se manifiesta el sentimiento de soledad. 
 
También conviene no olvidar la cuestión de género que hace de la soledad una vivencia diferente en las mujeres que en los hombres.
 
En general no parece que haya una situación objetiva que dé lugar a la soledad durante el envejecimiento, más bien serían una serie de experiencias vitales como la muerte del cónyuge, ruptura del matrimonio, ausencia de hijos, pérdidas de movilidad en el propio sujeto o en su pareja, factores de personalidad, etc., las que vividas de manera personal y subjetiva pueden, progresivamente, dar lugar a una situación de SND. 
 
Por otra parte, existe un prejuicio social asociado a la soledad que puede interferir en su evaluación ya que a menudo es definida como una debilidad que el individuo debería ser capaz de superarla; hasta el cine la representa así, como una carga o un fracaso.
 
Para la OMS la soledad no deseada en uno de los mayores riesgos para el deterioro de la salud, y un factor determinante que favorece la entrada de estas personas en situaciones de dependencia.
 
El deterioro de la salud y tener alguna discapacidad o situación de dependencia es un factor que contribuye a disminuir las oportunidades de integración social de las personas mayores y consecuentemente las ponen en mayor riesgo de sentir más soledad.
 
Aunque parece no haber demasiados estudios que incorporen a las personas con discapacidad mayores como colectivo diana en la SND, ahora se trataría de particularizar la soledad en este grupo de personas para lo cual intentaré caracterizarlo de forma aproximada con aquello que lo distingue de los demás, es decir, trataré de establecer sus particularidades en el ámbito de la soledad.
 
Inicialmente deseo destacar que constituyen un sector de población con unas características específicas que lo diferencian de otros colectivos. Creo, desde un punto de vista metodológico, que existen ciertas diferencias entre las personas que llegan a mayores siendo portadoras de una discapacidad, que denomino personas con discapacidad mayores (PDM), de aquellas que una vez han pasado la barrera subjetiva de los 65 años y que las denomino personas mayores con discapacidad (PMD), la adquieren como consecuencia de un accidente o del deterioro natural de sus procesos vitales, pero en definitiva, todas ellas son personas mayores hacia las que van encaminadas a dar respuestas las líneas presentes.
 
Una de las fortalezas de las PDM reside en que, a lo largo del tiempo han debido encontrar y dar una respuesta vital al hecho de convivir con la discapacidad lo cual, llegada la tercera edad, constituye una experiencia de enorme valor tanto personal como de sus entornos cercanos, que poder dar a conocer y enseñar a vivirla a otros colectivos que, en el caso de las personas mayores a las que les sobreviene una vez han llegado a los 65 años o más y que he denominado PMD, no disponen y suele constituir, tanto para ellas como para sus entornos un enorme tensionamiento de su red social, familiar y personal ya que generalmente se ven abocadas a dar respuestas inmediatas a situaciones para las que es habitual carezcan de suficientes medios, conocimientos y experiencia y que pueden abocar a un estado de SND.
 
La sociedad actual, según la describe el filósofo polaco Zygmunt Bauman como una realidad o modernidad líquida que se basa en el individualismo, se ha convertido en algo temporal e inestable que carece de aspectos sólidos, influye y configura la vida diaria, el sentir y las experiencias de todas las personas y en el caso de las PDM, cuya capacidad de comprensión y adaptación es probable vaya menguando, puede propiciar la aparición del sentimiento de soledad.  
 
En el pasado la vida estaba diseñada específicamente para cada persona, la cual debía seguir los patrones establecidos a la hora de tomar decisiones en su vida. Sin embargo, en la realidad líquida la ruptura con las instituciones y las estructuras fijadas hace que cada persona esté obligada a crear su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida lo que constituye un factor que hace más complejo el establecer y mantener relaciones sociales. 
 
Aunque cabría esperar que las PDM pudieran ser capaces de un mayor grado de resiliencia, entendiendo como tal la capacidad de sobreponerse ante la adversidad dado que, como decía, en la mayoría de las ocasiones han vivido con ella largos períodos de su vida y a la que han debido encontrar y darle una respuesta vital, la sensación de no disponer de apoyos o alguien con quien contar pudiera ser otro factor de malestar psicológico coadyuvante en la aparición de la SND. 
 
En ocasiones la discapacidad invalida los modelos de envejecer que tenemos cercanos y que nos ayudan a comprender y aceptarla, al ser diferentes las necesidades y evolución del deterioro en las PDM lo cual conlleva un mayor grado de personalización en su atención, comprensión y, consecuentemente, en los apoyos especializados, por parte de las personas de sus entornos cercanos lo cual puede llegar a asustar y distanciar a las personas que no la comprenden, les da miedo o inseguridad sobre cómo comportarse con ella y desconocen cómo deben abordar a las personas que la tienen.
 
Todo ello plantea la necesidad urgente de una amplia labor social de información y pedagogía que contribuya a eliminar los prejuicios y estereotipos existentes en la sociedad, particularmente en los medios de comunicación, que como el edadismo o la gerontofobia manifiestan comportamientos inadecuados y prejuiciosos hacia las personas vinculado a su edad avanzada o miedo y rechazo hacia ellas.
 
Paso ahora a comentar algunos factores que podrían caracterizar la inmersión en el proceso de SND por parte de las PDM en la medida que mitiguen o contribuyan a evitar su aparición. Estos elementos serían las tecnologías, productos y servicios que conocemos bajo el apelativo de NNTT.
 
La covid-19 nos ha enseñado que las NNTT se prevé darán un salto cualitativo considerable y pasarán a tener un papel nuevo, preponderante y transversal en la vida diaria de todas las personas, incluidas las PDM. Se hace necesario, por lo tanto, un trabajo de reflexión, con el apoyo de expertos, sobre la accesibilidad, facilidades y nuevos escenarios que generarán.
 
Al hablar de NNTT con influencia en el quehacer cotidiano de las PM me refiero a aquellas como la inteligencia artificial, videoconferencia, nuevas herramientas para teletrabajo, telemedicina, ingeniería genética, epigenética que establece la relación entre las influencias genéticas y ambientales y que es aplicada en la clínica de los mayores, nuevas apps, etc. 
 
A continuación, destacaré las que a mi juicio tienen un mayor potencial de intervención favorable en el fenómeno de la SND de las PDM. Conviene no olvidar la necesidad de hacer las NNTT previamente asequibles tanto económica como personalmente lo cual lleva la vista hacia el papel que pueden y deben realizar las diferentes administraciones en cuanto a las subvenciones y la formación, principalmente con aquellos colectivos más desfavorecidos.
 
La videoconferencia proporciona contacto personal, tanto visual como auditivo, en situaciones de crisis. En los internamientos durante la situación de aislamiento prolongado en UCI habidos durante la época más dura de la covid-19, ha sido utilizada de forma espontánea por los profesionales sanitarios con prometedores resultados sobre los estados anímicos de estos pacientes, en muchas ocasiones personas mayores con problemas cognitivos, demencias u otros tipos de discapacidades. Convendría seguir estudiando y profundizando en las facilidades que pueda proveer esta tecnología en el medio plazo e incluso, llegar a recogerla de forma reglada como un derecho del paciente en determinadas situaciones, como sería el caso de un aislamiento prolongado.
 
Una aplicación concreta de la videoconferencia, la telemedicina, brinda posibilidades de contacto humano y atención personal en un ámbito tan esencial y vital para la PDM como es el de su salud, al ser capaz de sortear las restricciones de movilidad tanto consecuencia de los confinamientos como la debida a problemas de accesibilidad o necesidad de personas de apoyo, proporcionando una cercanía necesaria que puede contrarrestar la sensación de aislamiento e indefensión y hacer más cercanos los procesos de atención sanitaria evitando la desafección a los mismos.
 
El voluntariado, en épocas de aislamiento, podría configurar nuevos planes de contactos en torno a la lectura de libros, charlas, ver y recordar fotos familiares a distancia u otras nuevas, que podrían ser actividades de apoyo innovadoras basadas en la tecnología de la videoconferencia.
 
La red, los móviles y determinadas aplicaciones pueden ofrecer también nuevas facilidades de contacto, apoyo y servicios a distancia (servicios sociales, rehabilitación, etc.) a una parte de PDM que podrían usarlas desde sus domicilios y residencias. 
 
¿Cómo influyen las redes sociales en el sentimiento de soledad? Pese a que pueden influir de forma positiva ya que permiten mantener o crear relaciones, lo cierto es que las redes también lo hacen de manera negativa en la medida que pueden transmitir la sensación de que todos estamos rodeados de muchos amigos con los que se podría llegar a salir pero que llegada la ocasión no se materializa lo cual puede llevar a incrementar la sensación de aislamiento y soledad. Las redes sociales pueden llegar a ser un factor de frustración al pensar que nos unen y evitan la soledad y no caer en la cuenta de que también suelen ser generadoras de relaciones superficiales y no siempre sinceras y claras.
 
Bien elegidas y enfocadas las NNTT contribuirán al desarrollo y mantenimiento del itinerario vital que deseen las PDM en la medida que contribuyan a facilitar sus actividades de la vida diaria, a la mejora y mantenimiento de su autonomía personal facilitando su vida independiente, seguridad dentro y fuera del hogar, preservación de sus relaciones sociales y desarrollo personal.
 
Existen otras iniciativas también tendentes a evitar o mitigar la SND de las PDM que resultarían de interés poner sobre la mesa. Estas iniciativas las constituyen proyectos sociales que intentan convencer, hacer atractivo y apoyar a las PDM para salir de sus hogares e integrarse, en la medida de sus posibilidades, a la vida de su barrio contribuyendo de esta manera a no sentirse solas y aisladas y, al mismo tiempo, haciendo que los integrantes del barrio, vecinos, comerciantes, etc., los conozcan, acepten y se incremente la capacidad de convivencia y socialización.
 
Hoy, el empoderamiento ciudadano en las urbes contemporáneas puede venir de la mano de nuevos modelos habitacionales como el iniciado en Dinamarca en los años 60-70, pasando posteriormente a otros países del norte de Europa y a Estados Unidos donde se formaliza con el nombre genérico de cohousing. Esta forma de organización del modo de vida y de la vivienda puede facilitar la socialización, el contacto personal, la cercanía y evitar la sensación de aislamiento. El cohusing está constituido por viviendas privadas y una dotación importante de servicios comunes siendo planeado y gestionado por sus residentes según el modelo que ellos mismos deciden, lo que les permite definir el proyecto según sus necesidades específicas reales.
 
Finalizo resaltando cómo la SND pone de actualidad el derecho al bienestar de las personas, mujeres u hombres, que encontrándose inmersas en la misma nos interpelan como personas individuales y como actores sociales, a actuar de inmediato. Organizaciones sociales como el CERMI aceptan el reto y trabajan haciendo propuestas, pero son las diferentes administraciones las que tienen un ineludible compromiso ético y político como motor en la creación y desarrollo de políticas encaminadas a afrontar la SND, particularmente en un colectivo socialmente desfavorecido como es el de las PDM. No debemos olvidar que cualquiera que llegue a mayor puede verse inmerso en ella y exigirá contar con recursos sociales disponibles para poder abordarla.
 
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