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sábado, 18 de noviembre de 2017cermi.es semanal Nº 279

"3,8 millones de personas con discapacidad, más de 7.000 asociaciones luchando por sus derechos"

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Premios cermi.es

Maite Lasala, Premio cermi.es a la Trayectoria Asociativa

El regalo de su vida

18/11/2017

Blanca Abella - Imágenes: Jorge Villa

María es un regalo para Maite Lasala, su madre. “Es la mejor experiencia de mi vida, a pesar de lo difícil y de momentos de mucho dolor”. Su hija adquirió una parálisis cerebral al poco tiempo de nacer y convirtió la vida de Maite en una absoluta entrega, un trabajo constante dedicado a María y a la discapacidad, a todo ese movimiento al que sigue apoyando y con el que quiere mantener una vinculación permanente. Su trayectoria en Aspace y en el CERMI fue reconocida recientemente con un Premio cermi.es que recibirá en pocos días y que, casi, casi, le hizo dar saltos de alegría.

Maite espera nuestra llamada a partir de las tres de la tarde, cuando ya ha comido y descansa en casa. Por las mañanas no podemos hablar con ella porque asiste a las clases de la universidad. Está en el tercer curso de la carrera de Ciencias Humanas, de la Universidad para mayores de Vizcaya. “Empecé casi por necesidad, en una época en la que las cosas estaban complicadas y ahora estoy muy contenta, me ha hecho mucho bien”, asegura.
 
Así aprovecha las mañanas, mientras su hija María acude al centro de día de Aspace, donde permanece hasta las cinco de la tarde. “Cuando María llega a casa nosotros estamos esperándola con el tablero de comunicación (utiliza un sistema alternativo que se basa en símbolos) y charlamos durante una hora o más, nos cuenta lo que ha hecho y nos pregunta qué hemos hecho nosotros”. 
 
Maite Lasala, Premio cermi.es a la Trayectoria AsociativaSu hija María, que cumplió 35 años hace unos días, nació sin problemas, pero a los pocos días sufrió una serie de complicaciones que derivaron en una parada cardíaca y finalmente en parálisis cerebral. Después de pasar los primeros tres meses de vida en el hospital por fin pudieron irse a casa, pero ese momento fue muy duro. “Para mí fue un desamparo horroroso, horroroso”, recuerda Maite.
 
Sin embargo, gracias a la indicación en el hospital, en poco tiempo entró en contacto con la asociaciones de parálisis cerebral de Vizcaya y “me salvó la vida porque encontré mi sitio, lo recuerdo como algo enormemente importante, la respuesta a nuestras necesidades, aunque la atención temprana no tenía tanta presencia como ahora, pero me salvó la vida, es mi casa”, afirma con cariño. 
 

Aspace, su casa

 
Ella encontró su sitio, pero Aspace encontró también su persona, o al menos una de ellas. En tan solo un año, Maite entró en la junta directiva de la asociación y en dos años ya era la presidenta. Después asumió también la responsabilidad de la federación y finalmente de la confederación Aspace. Ha dedicado muchos años de vida y de esfuerzo, de cariño a todas estas entidades, también al CERMI. “Al CERMI le tengo un cariño inmenso y puede contar conmigo para lo que quiera, SIEMPRE”, afirma con rotundidad.
 
Actualmente no ostenta ningún cargo pero representa a la comunidad autónoma vasca en la Confederación Aspace, “así lo consideraron los responsables supongo que por mi experiencia y conocimientos y por mis ganas de pelear”. Y a ella le gusta, “es mi vida”, asegura una vez más, y explica que quedan muchas batallas por delante y hay que ganarlas: “Al mundo asociativo siempre le parece que nunca hay suficiente y mantenemos la ilusión de seguir peleando”. 
 
Pero reconoce que se ha avanzado mucho y recuerda aquellos tiempos en los que “era muy difícil salir a la calle, la visibilidad era complicadísima, sobre todo por las barreras arquitectónicas, además de las sociales, pero es que si tienes barreras arquitectónicas no puedes llegar a derribar las sociales. Parece muy prosaico pero hacer un rebaje en una acera es fundamental”, relata con énfasis. “Pero sí se ha avanzado mucho, hemos conseguido muchas cosas. Quizá lo que más me disgusta es la gran diferencia que hay entre las comunidades y me parece una pena tremenda porque tenemos ejemplos tan grandes de ‘antisolidaridad’ absoluta, y esa es de las cosas más dolorosas, aunque aquí tenemos una comunidad que funciona bastante mejor que otras”.
 
De aquellos tiempos conserva muy buenos recuerdos, a pesar de todo: “Visto desde aquí y ahora, nos tocó una época de bonanza económica en el país que posibilitó el crecimiento de las organizaciones y que se conformaran de manera importante”. Y dedica con especial cariño grandes alabanzas al CERMI: “Fue un grandísimo descubrimiento y dio cobijo a todas las personas con discapacidad de una forma absolutamente maravillosa, enseñándonos a anteponer los intereses de todos sobre los propios. Y fue una época feliz, conseguimos muchas cosas y entendimos que la unidad hace la fuerza”. Maite Lasala, Premio cermi.es a la Trayectoria Asociativa, junto a algunos de los fundadores del CERMI
 
Entonces habla de los activistas, de tantas personas, “la gente tan extraordinaria que hay en el CERMI, todavía recuerdo a Luis Cayo y a Rafael de Lorenzo, ¡qué manera de trabajar, qué capacidad!, fuimos una vez a Bruselas y cuando volvíamos, ellos seguían trabajando en el avión...”, exclama con admiración. Pero a la hora de hablar de ella como activista, de su tesón y energía asegura que no tiene mérito, que todo se lo da María, su hija, se lo debe a ella. 
 
La Ley de Autonomía Personal y la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad son para ella las grandes conquistas de todos estos años. “La aprobación dela Convención de la ONU la recuerdo como uno de los momentos felices de mi vida”. Y la Ley de Autonomía Personal la valora de manera muy positiva, “a pesar de no ser perfecta”. 
 

Futuro

 
No lo ha pensado mucho, pero el futuro para ella es trabajo, “quedan cosas por conseguir”. Pero también momentos de placer: “El otro día con una compañera de la universidad nos preguntábamos qué haríamos al terminar la carrera”. Y apuntó su amiga: “Tenemos la Uned…”.
 
Para su hija María el gran deseo es “que vivamos muchos años juntos”. Y tras pensar unos instantes, afirma: “A ella no se le va a curar lo que tiene así que solo puedo trabajar para que las personas que estén cerca de ella sean buena gente, que entiendan lo que pasa, que estén con ella por vocación y aunque no le dediquen el mismo trato que su madre, que sea un buen trato y cariñoso”.
 
Y en el camino para alcanzar ese gran deseo, cree que hay acciones muy valiosas como la reciente campaña de Aspace, que retaba a la sociedad así: “Atrévete a conocerme”. Para Maite el mensaje principal es muy importante y desea que “a nadie le detenga el hecho de ver a una persona en una silla de ruedas hacer movimientos disparatados, porque detrás de todo eso hay un ser humano que siente y tiene necesidades, necesidad de ser aceptado. Es una campaña muy buena”, asegura.
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