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viernes, 10 de junio de 2016cermi.es semanal Nº 216

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Entrevista

Ro Vitale, cantante

“No hay que subestimar la fortaleza de los vulnerables”

Por Esther Peñas

10/06/2016

A los cuatro años ya hacía coros en el grupo de su padre, ‘Los bárbaros’. Desde entonces no ha abandonado el mundo de la música. Romina Vitale (Buenos Aires, 1982), cantante y compositora, es toda una referencia en Latinoamérica. Premios como el ‘Clarín’ o el ‘Gardel’ la avalan.

Pero estas semanas es noticia por haber hecho público su combate contra el trastorno obsesivo compulsivo, que la situó al pie del abismo. El resultado, ‘TOCada’ (Editorial del Nuevo Extremo), que cuenta el proceso, estigma y aislamiento, también la pelea y la victoria, la recuperación. La luz. Sin miramientos, Vitale narra en su libro un trastorno poco conocido más allá de los estereotipos.
Ro Vitale, cantante¿Qué le animó a escribir un libro tan descarnado? ¿Cómo se vence el pudor a contar la historia de uno, sin máscaras?
 
Al tratarse de un relato urgente, escrito al paso de la experiencia y en tiempo real, no existió estrategia o anticipación. ‘TOCada’ se fue haciendo libro en el camino. Aun cuando ya se había editado, recuerdo preocuparme si algún ejemplar quedaba desatendido sobre la mesa de un bar por miedo a que alguien lo pudiera ver y descubrir mi intimidad. Luego me reía pensando en que cualquier persona podía acceder a él en las bateas de las librerías. Al principio, escribía sentada en el borde de la bañera de mi antigua casa (único asiento admitido por el TOC, que me convencía de que cualquier otro sitio de la casa estaba “contaminado” o era “malvado”). Escribía intentando darme firmeza  ante cosas como: “Acabo de subir las escaleras con este vaso. El vaso no ha tocado la pared contaminada. ¿O sí? No, no lo ha tocado. Puedes quedarte tranquila.” No era más que una acumulación lírica de compulsiones. Luego, cuando comencé mi primer tratamiento específico y mi mente comenzaba a admitir lugar para alguna otra cosa que no fueran los síntomas, escribía desde la frustración: “¿Cómo es que aun sabiendo que estos terrores no tienen sentido, el TOC ha sojuzgado mi vida y me ha hecho perder tanto?”. Por último, tras mi segundo tratamiento (realizado en los Estados Unidos) y habiendo recuperado gran parte de mi funcionalidad, ‘TOCada’ se convirtió en el texto dinámico y ágil de quien comienza a recuperar potestad sobre su vida después de una gran adversidad: el retorno al amor, al trabajo, a las amistades y al mundo exterior comandaron los párrafos de la segunda mitad del libro. Pocas veces en la vida he sentido pudor a la hora de contar mi historia. ‘TOCada’ no ha sido la excepción, aunque el nivel de intimidad expuesto es descarnado, con lo cual -sin dudas- ha sido un desafío para mí compartirlo con el público.
 
Cuando recibió el diagnóstico, ¿hubo alivio o despertó más miedos?
 
Sin duda que hubo alivio. Tanto mi entorno como yo estábamos muy sorprendidos por la espectacularidad masiva de esos síntomas. Saber que se trataba de un trastorno específico y que, además, existía un tratamiento con buenas estadísticas de éxito, fue un antes y un después en nuestras vidas. Había que ponerse manos a la obra y emprender la recuperación.
 
¿Cómo se convive con un trastorno obsesivo compulsivo? ¿Se llega a conciliar de un modo más o menos afable?
 
Antes que nada, es importante destacar que el TOC no es plural. No hay un Toc y otro TOC. Se trata de una enfermedad que se puede manifestar con distintos subtipos sintomáticos, y muchas veces es incluso multisintomática. Aún así, lo cierto es que existen grados de severidad, pero, en un enorme número de casos, el paciente con TOC pierde funcionalidad y -a pesar de sus intentos de enmascarar u ocultar los síntomas-, los efectos del trastorno no pasan inadvertidos. Quienes tienen TOC, deben tratarse. 
 
Usted habla de la “virtud de una diacronía de franca transformación”. ¿Ha encontrado el lado luminoso al TOC?
 
El TOC no comporta lado luminoso alguno. No tiene bondades. Sin embargo, es la acentuación del instinto de supervivencia y la voluntad como premisa las que sorprenden por su fortaleza como recursos en todo proceso de recuperación. Quiero decir, quien vive semejante pesadilla y aun así es capaz de apelar a su fuerza vital para salir adelante, es digna o digno de admiración. Siempre digo que no hay que subestimar la fortaleza de los vulnerables. Porque son ellos quienes dan cuenta del poder de lo vital de cada sujeto. La diacronía de franca transformación de la que hablo en el libro tiene que ver con el intenso proceso de recuperación que incluyó dos tratamientos muy duros pero esperanzadores, y -fundamentalmente- mi determinación de recuperar la sonrisa y el bienestar.
 
Ro Vitale, cantanteAfirma que “el peligro del chiste” la preocupa. ¿En qué momento se hace necesario un poco de humor para sobrellevar ciertas situaciones y cuándo ese humor agrede?
 
El humor puede ser una gran herramienta terapéutica, siempre y cuando se entienda que ésa es la función que cumple. Quiero decir: podemos reírnos de cualquier enfermedad o adversidad, en la medida en que sepamos que debajo del chiste existe una situación dolorosa y grave, que requiere atención. El problema con el uso liviano del término TOC es que la mayoría de la gente no tiene idea de que se trata de un trastorno complejo y muy incapacitante. La sigla se usa para describir otra cosa, algo nimio, pequeños rituales de la vida cotidiana, no patológicos. Pero eso no es TOC. Semejante confusión aleja a los verdaderos afectados del diagnóstico y el tratamiento. Este es uno de los puntos centrales de mi trabajo como concienciadora. Educar a la población para que aprendamos a llamar a las cosas por su nombre.
 
El TOC es una enfermedad que, sobre todo en el cine, se asocia a personas neuróticas, como si ellas hubieran elegido este trastorno. ¿Había tenido algún tipo de contacto con la enfermedad antes de padecerla?
 
Este punto es muy importante, sobre todo en las comunidades demasiado “psicoanalizadas” en las que la tentación de dotar de intencionalidad a toda conducta es moneda corriente. El TOC es un trastorno egodistónico. No se corresponde con un rasgo de personalidad y de ningún modo es una elección del afectado. Esto es muy fácil de comprobar por el sencillo dato que ofrece la estereotipia sintomática: los pensamientos intrusivos y compulsiones se suelen repetir de manera casi idéntica en individuos de etnias, geografías, edades y antecedentes muy diferentes. Por supuesto que el contexto puede condicionar el modo en que se despliegan los síntomas, o el paciente tomar los elementos disponibles para manifestar la enfermedad, lo cual no desmiente (más bien confirma) la naturaleza rígida e impersonal de los textos de este trastorno. Respecto a la segunda parte de la pregunta, había oído nombrar al trastorno y, de hecho, ya había sospechas de que podía estar padeciéndolo. Varios años antes de la explosión de mi cuadro severo, un psiquiatra me diagnosticó TOC pero no quise hacerle demasiado caso. La palabra circulaba como posibilidad, sin embargo la espectacularidad de los síntomas al momento de su manifestación más fuerte nos dejó atónitos y sin respuesta clara respecto a qué estaba ocurriendo. No fue sino un tiempo después que -bajo la sospecha de que pudiera tratarse de TOC- me acerqué a un centro especializado y obtuve por fin el diagnóstico que encaminó el inicio de mi primer tratamiento.
 
¿Cómo de TOCada ha quedado después de estos cinco años? ¿Qué le han enseñado?
 
Ro Vitale, cantanteEl TOC no me ha enseñado nada. Pero mi camino de recuperación ha estado repleto de maestras y maestros. Haber conocido a otra gente que padece la misma enfermedad fue conmovedor y muy esperanzador. Ya no estaba sola; haber podido transformar el dolor en contribución convirtiéndome en vocera de la International OCD Foundation fue sanador y revelador; haber escrito un libro que me permitió conectar con centenares de afectados y sus familiares y quizás aportar mi grano de arena para que se orienten hacia el tratamiento adecuado es una experiencia cotidiana que me hace feliz. Siempre digo lo mismo: el TOC no es mi identidad, pero ‘TOCada’ sí lo es. Porque se trata de la integración de mi lucha personal para vencer a esta enfermedad, la recuperación de mis proyectos y de mi propio espejo, mi aferramiento a la creatividad, la escritura y mi música para remendar mis heridas psíquicas, y el encuentro con tantas otras personas que nutren mi vida emocional todos los días. ‘TOCada’ es síntesis honesta. Soy yo, en el punto dinámico en el que convergen todas mis historias.
 
Asegura que el deseo confiere propiedades curativas respecto del TOC. ¿De qué modo puede convocarse la intensidad del deseo hasta el punto de mantener alejado el TOC?
 
Es difícil sistematizar esa convocatoria, puesto que cada individuo porta textos deseantes muy diferentes. Pero, sin duda, la intensidad del deseo es capaz de postergar, aletargar e incluso hasta suprimir los síntomas, de modo tal de procurar la funcionalidad necesaria para acercarse a lo deseado. Ahí está la clave. En nuestras pulsiones vitales, en las pruebas que nuestro psiquismo realiza de vez en cuando para retomar libertad y respirar profundo nuevamente, tomando el impulso aparece el deseo como motor. Estoy trabajando en el desarrollo de un dispositivo terapéutico que ubique al deseo como herramienta auxiliar terapéutica. Estoy segura de sus efectos benéficos en el tratamiento de muchas patologías.
 
¿Qué diferencias encontró entre la terapia de grupo y la individual?
 
Fueron dos instancias fundamentales. La técnica específica para tratar el TOC se llama EPR (Exposición y Prevención de la Respuesta) y básicamente consiste en el acercamiento progresivo a los objetos, pensamientos y situaciones temidas, con la guía, supervisión y estímulo de un profesional entrenado. Mis terapeutas acudían a mi casa y trabajaban cuerpo a cuerpo con mis intrusiones. La terapia grupal me permitió resonar empáticamente con las historias de otras personas que padecen TOC, lo cual significó un enorme estímulo y desafío. 
 
¿De qué modo ha afectado a la creación artística, el TOC?
 
Esta respuesta tiene una doble vía. Por un lado, en épocas de sintomatología muy severa, los espacios para crear y ejecutar música se vieron amenazados. Pero también, y gracias a la potencia del deseo, también pudieron ser salvaguardados. El escenario jamás “se manchó”. Los síntomas desaparecían casi por completo en la urgencia de la entrega artística, allí cuando mi identidad se veía compelida a desplegarse en defensa de mi vocación y mi creatividad. Aun cuando mis allegados tuvieran que llevarme tapada y custodiada hasta las tablas, sin poder tener contacto con mis fans, una vez comenzaba a sonar la música y mi mano (a veces con guante) tomaba el micrófono, el TOC se hacía a un lado. La identidad creativa es una herramienta poderosa. No hay que perderla de vista.
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