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viernes, 23 de marzo de 2018cermi.es semanal Nº 295

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Los raros

De Hoyos y Vinent, el marqués anarquista

Por Esther Peñas

23/03/2018

Sus libros, la mayoría navegables en la corriente sicalíptica de la época (tan al gusto de autores como Pedro Mata, Felipe Trigo o López de Haro, por citar de memoria), fueron prologados por maestros (y amigos suyos) como Pardo Bazán, Blasco Ibáñez, Unamuno o Benavente. Tiene un extraño espacio poético, en el que lo místico convoca lo social y golpea la aldaba del terror, con una fragancia siempre decadentista.

Antonio de Hoyos y Vinent (apellidos para una marca de absenta), sordo de nacimiento, esteta impenitente, nazareno de la aristocracia, a la que pertenecía por título y derecho, devoto de los efebos de la clase obrera (al modo en que Fassbinder admiraba esos torsos de marineros enaltecidos en su cine).
 
Antonio de Hoyos y Vinent, escritorAntonio de Hoyos y Vinent, madrileño (1884-1940), marqués de Vinent, discípulo de los mejores colegios de Viena, Oxford y Madrid, con fisonomía de púgil semipesado y monóculo en ristre, canotier exacto, pajarita escueta, traje de raya diplomática y formas contenidas. Un dandi. Un figurín sin contorno apolíneo. Un gran escritor. De casi todo: novela, teatro, relato, artículos periodísticos, poesía. Un personaje silenciado por los manuales canónicos del saber franquista, que aparece sin embargo reseñado en las páginas de Cansinos-Assens, González Ruano o Gil Albert. 
 
Su madre le retiró la palabra por considerar una provocación inaceptable que colgase en el salón su colección fetichista de jóvenes boxeadores bregando sobre la lona. Lo echó de casa. Él tuvo otras en las que siempre fue bien recibido, la de la bailarina Tórtola Valencia (que introdujo el sentido de la antropología en el baile, aficionada al ocultismo); la del dibujante José Zamora (famosísimos fueron sus figurines de damas refinadamente vestidas, en España y en París); la de su tía la condesa Gloria Laguna (de ingenio castizo y militancia lésbica, conocida como ‘la Benavente femenina’) o la del marqués de Villalobar (diplomático y humanista, misterioso, admirado por los belgas por su labor de mediación y humanitaria, que nació con muchas deformidades físicas que tuvo que contrarrestar con un arnés metálico que se sujetaba a su cuerpo y le sujetaba los brazos y piernas con un sistema de prótesis articuladas).Antonio de Hoyos y Vinent, escritor
 
Antonio de Hoyos y Vinent, homosexual por cuestión de disidencia, convencido anarquista. Antes de estallar la Guerra Civil, fue encarcelado por su participación activa en la Federación Anarquista Ibérica. Preso en la prisión de Porlier, murió casi ciego, casi paralítico, del todo abandonado por propios y ajenos. 
 
“El pecado y la noche es el leitmotiv de mis libros. Hay tres cosas en la literatura que me han obsesionado: el misterio, la lujuria y el misticismo. Dicen que mis libros son inmorales. ¡Pero si en ellos no hay voluptuosidad ninguna, en mis libros el amor es una cosa horrenda y escalofriante!”, aseguró en una entrevista.  
 
Firmó alrededor de ciento cuarenta títulos. Le influyeron, sobre todo, postsimbolistas y decadentes como Lorrain, Huysmann, Mirbau, pero también Verlaine, Villiers de L’Isle-Adam, Flaubert o Poe. Los expertos en su obra distinguen tres periodos nítidos: un primer ciclo de tono costumbrista, en la órbita de la propuesta del jesuita Padre Coloma –autor del Ratoncito Pérez-, y que se sitúa entre 1903 y 1909, con obras como ‘Cuestión de ambiente’; un segundo ciclo presidido por lo erótico, y en el que se publican sus grandes libros, como ‘El oscuro dominio’ o ‘El horror de morir’, y una última etapa, de naturaleza ideológica, con textos cargados de contenido político y social, como ‘El secreto de la vida y la muerte’.
 
Antonio de Hoyos y Vinent, escritorDestaca, de entre ellas, ‘El monstruo’, perteneciente a su segundo periodo, una narración perversa, un viaje al interior de lo oscuro, una travesía al corazón mismo de cuanto queda al otro lado de la decencia: lujuria, casinos, plazas de toros, estraperlo, arterias empedradas por lo corrupto, golfería, lo canalla con flor de jacinto en la solapa, los exabruptos, lo rudo que exige subsistir, el cortejo homoerótico, las miasmas de la enfermedad y la “caricia húmeda y pegajosa” de la muerte. Título rescatado hoy por la editorial ‘Pepitas de calabaza’, con un estudio introductorio de Julio Monteverde.
 
Más allá de la voluntad excéntrica, de Hoyos y Vinent construía con las palabras un territorio donde explorarse, a menudo a través del monstruo, como en otros de sus grandes títulos, ‘La vejez de Heliogábalo’, una narración excesiva, dionisiaca, donde el monstruo es la propia novela y quien la escribe, pero que interpela a quien la asiste en lectura.
 
Sus registros se balancean entre lo exquisito del modernismo tardío, moroso en descripciones y exuberante en vocabulario (acaso alambicado) y lo torcaz del coloquio que propician los bajos fondos, con un manejo del mismo ágil y desenfadado. Su alter ego en algunas de sus historias, Julito Calabrés, hace uso (no siempre correcto) de expresiones en otros idiomas, lo que tizna a las historia de un aire cosmopolita y culto.
 
De Antonio de Hoyos y Vinent resta decir que es un personaje raro. Raro a la manera que explicó Rubén Darío: “El común de los lectores acostumbrados a los azucarados jarabes de los poetitas sentimentales o solamente de gusto austero y que no aprecian sino la leche y el vino vigoroso de los autores clásicos vale más que no acerquen los labios a las ánforas curiosamente arabescas y pomposamente gemadas de los cantos ya amorosos, ya místicos, ya desesperados de este poeta, ya que en ellos está contenido un violento licor que quema y disgusta a quien no está hecho a las fuertes drogas de cierta refinada y excepcional literatura modernísima. Se trata, pues, de un raro”.
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