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viernes, 06 de octubre de 2017cermi.es semanal Nº 273

"3,8 millones de personas con discapacidad, más de 7.000 asociaciones luchando por sus derechos"

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Opinión

En la buena dirección

Los caminos de Europa

06/10/2017

Por José Manuel González Huesa, director de “cermi.es semanal” y director general de Servimedia

José Manuel González Huesa, director de “cermi.es semanal” y director general de ServimediaCostó mucho poder crear la Comunidad Económica y Europea. La idea surgió tras la Segunda Guerra Mundial y en 1950 empezaron las negociaciones sobre una unión federal. Finalmente, en 1967 se firmó hace 60 años el Tratado de Roma con los seis países fundadores: Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos y Alemania Occidental. Se pusieron tantas ganas que los dirigentes de los países sólo firmaron la primer página (entonces no eran tan rápidos en las traducciones de los tratados).
 
Hoy la Unión Europea está conformada por 28 países hasta que se produzca la salida definitiva (si no hay marcha atrás) del Reino Unido. Hay incluso lista de espera de otros países. España firmó el tratado de adhesión en 1985 aunque no se incorporaría de manera efectiva hasta 1986. Más de 30 años dentro de la Comunidad Económica Europea y ahora de la Unión Europea.
 
Durante muchos años se veía a Bruselas como un hada buena, que además de nutrirnos de fondos con grandes recursos económicos permitió gestionar una enorme inversión pública y generó una credibilidad en los mercados financieros con un capital a bajo coste y sin riesgo de devaluación. 
 
Después de la crisis económica de 2007, hoy la juventud ve a la Unión Europea como una malvada madrastra de la disciplina presupuestaria que incluso nos obligó a modificar la Constitución para rubricar la disciplina presupuestaria impuesto por Alemania, con una Angela Merkel que tenía entonces a José Luis Rodríguez Zapatero como un alumno disciplinado. Alguno se sigue planteando que se podría haber seguido el ejemplo de Finlandia que no quiso admitir la modificación de su Constitución.
 
Alemania siempre tuvo claro el apoyo a una Europa fuerte que pasaba por la unificación de su país, incluso en el prólogo de su ley fundamental de 1948 ya mencionaba a la Unión aunque faltara su hermano de la Alemania Oriental.
 
Hoy, la mitad de las normas del Parlamento español son una trasposición del derecho comunitario y forman parte de nuestro Derecho nacional. La importancia de Bruselas es determinante en nuestra vida diaria. En el escenario actual del Brexit el papel de España puede adquirir un mayor protagonismo al ser la cuarta potencia europea junto con Alemania, Francia e Italia. Nuestros intereses pueden coincidir o no con el eje de Emmanuel Macron y Angela Merkel. No es seguro que lo que convenga a Francia y a Alemania nos convenga a nosotros.
 
Debemos tener una participación más activa en la Unión Europea, ya que somos un país más importante de lo que nos creemos para ocupar el lugar que nos corresponde, como de hecho ocurre en el G20, donde se oye nuestra voz sin ser realmente un socio de este poderoso grupo.
 
Los derechos de los ciudadanos europeos, especialmente los derechos sociales que persigan la eliminación de discriminaciones de una manera transversal, con el objetivo de la integración de todos debe ser uno de los objetivos fundamentales del pilar social europeo y ahí España tiene un gran papel. Hay una debilidad en esta estructura europea ya que la pata social no es una competencia de la Unión Europea, sino que se decidió que era una decisión de cada país. Tras la unión económica y bancaria y de la moneda común falta un pacto social para evitar discriminaciones. 
 
Y aquí tiene su papel la sociedad civil organizada para ejercer su presión en Bruselas. Los políticos tienen que oír estas necesidades para defender los pilares de futuro de Europa. Si no se hace, el sistema sufrirá continuos movimientos sísmicos sociales. Para recuperarse de la crisis que hemos padecido durante los últimos años, hay que hacer un esfuerzo importante de cohesión social y territorial para una Europa más fuerte y para todas las personas.
 
Hace 60 años nadie pensaba que se podría construir una Europa con una única voz. Entonces las personas con discapacidad ocupaban un lugar escondido en la sociedad. Hoy, los 80 millones de ciudadanos europeos con discapacidad más sus familias pueden disfrutar de un destino con una mayor proyección, pero a este camino de la inclusión le quedan muchas etapas. Un largo viaje para todos.
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